Las palabras - Punto

Por Hugo Caligaris

"Punto por punto, tránsito más seguro para todos. A partir del 1° de enero, cada conductor tendrá 20 puntos iniciales, los cuales se irán descontando de acuerdo con las infracciones que cometa."

(Aviso oficial del gobierno porteño.)

Cada vez se nota más el enfrentamiento entre Macri y los Kirchner. Mientras que, por un lado, Cristina anuncia planes de cuotas baratas para comprar autos, por el otro la intendencia persigue a los automovilistas como si fueran una plaga.

El plan Punto por Punto no es más que la cereza del postre, pero igual es notable por lo asimétrico. En primer lugar, los buenos conductores sólo pueden perder: no está contemplado que ganen puntos cuando frenan para dejar que cruce una anciana. En segundo lugar, los buenos conductores son sometidos a una evaluación cotidiana que los puede privar del registro y, por su parte, sólo pueden evaluar a sus evaluadores una vez cada cuatro años, cuando llegan las elecciones.

A este paso, en la ciudad de Buenos Aires cuatro años y la eternidad parecen más o menos lo mismo. Sobre todo, si uno va en auto, un día de calor, con el sol recalentándole las neuronas y a merced del implacable plan de refacciones callejeras puesto a rodar conforme a la consigna de "La ciudad trabaja". Nadie se explica por qué todas las calles están en reparación al mismo tiempo. A veces uno ve cuadrillas rompiendo el pavimento sano y trata de explicarse qué es lo que están haciendo. Hay una explicación: se trata de desalentar a cualquier precio el uso de automóviles particulares, y aun de taxímetros y colectivos. En general, se trata de desalentar el tránsito urbano en su vertiente motorizada, mediante insinuaciones alegóricas que incitan al ciudadano común a abrazar la bandera del jogging o el ciclismo.

Muchos automovilistas actuaron, en su hora, como banca del jefe de gobierno porteño, pero ahora son puntos. Lejos de desalentar la labor interruptora de nuestros incontables minigrupos piqueteros, las fuerzas municipales se suman con entusiasmo a ellos. No titubean en cortar la 9 de Julio para correr una picada que no descuenta puntos, ni tampoco en ponerle sillones a las aceras de Corrientes con la excusa de que hay que leer libros. La realidad es clara. Estamos en guerra contra el auto. El final todavía es incierto.

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