¿Las palabras crearán otra realidad en Oriente Medio?.

Por: Oscar Raúl Cardoso.

El discurso de Obama sobre la región fue histórico en todos los sentidos. Pero habrá que ver si logra abrir caminos efectivos para concesiones entre árabes, israelíes e iraníes.

La oratoria de Barack Obama resultó el jueves, una vez más, impecable en su discurso sobre Oriente Medio por lo que parece haber seducido la mayoría de los oídos, hayan sido estos árabes e israelíes. Para ambos tuvo cuidadosas palabras de reconocimiento y hasta una autocrítica de Estados Unidos por algunas de sus acciones -como el golpe de 1953 en Irán- históricas.

El diario Haaretz -habitualmente reacio a gastar elogios con las políticas de Washington- tituló ayer su principal comentario "Obama se probó en Cairo un amigo verdadero de Israel". Un cuadro de Hamas -según The New York Times- elogió el carácter "histórico" de la intervención del estadounidense, aunque aclaró que la organización no podía aceptar sus términos para el futuro. Aunque no lo mencionó, ese militante debe dar cierto crédito a Obama por ser el primer presidente estadounidense en hacer un reconocimiento explícito del padecimiento palestino y manifestarse taxativamente por la solución de los dos estados.

Hasta para audiencias alejadas geográfica y culturalmente del conflicto en esa zona del mundo, el mensaje de Obama tuvo ecos seductores porque no contuvo una sola vez las palabras terrorista y terrorismo. lo que representa una diferenciación clara con la retórica pesada de ocho años de George W. Bush. Hubo otros puntos del mismo mensaje que marcaron diferencias similares, pero ésta resultó la más transparente de su intención de dejar atrás aquella era.

Las preguntas válidas ahora son, entre otras: ¿Obama quiere dejar atrás la sustancia del período Bush o apenas ensayar un cambio de estilo? Y si piensa realmente en cambiar la sustancia, ¿cómo lo hará? Obama no hizo alusión concreta a una negociación que involucre a Estados Unidos.

En realidad este mensaje se encuadra en el mismo marco que la resolución que Estados Unidos terminó apoyando esta misma semana en el seno de la Organización de Estados Americanos que parece abrir las puertas a un regreso de Cuba al foro. Como Obama en El Cairo, su canciller, Hillary Clinton, llevó a Honduras el anuncio de un "futuro nuevo".

Pero lo cierto es que con ese mensaje grandilocuente logró impedir un voto que hubiese hecho de esa reinserción de Cuba una decisión de cumplimiento automático. En Egipto, Obama se quedó en la descripción -precisa y atractiva a la vez- de un futuro deseable que debiera ser y poco más. En alguna medida le creó un problema al primer ministro israelí Benjamín Netanyahu. quien ahora deberá escoger si seguir el llamado de Obama o enfrentar a los muchos halcones de su base política, el Likud. Es una decisión difícil: el propio Netanyahu no cree viable la propuesta de los dos estados y está decidido a corcovear cuanto sea necesario para resistir la invitación de Washington a levantar los asentamientos de israelíes en tierras palestinas.

Pero está claro que Israel no está en condiciones de prescindir de Washington que le provee un paraguas blindado a su seguridad, cuya vigencia Obama reiteró ayer. Sólo en ayuda militar Estados Unidos entrega a Israel 3.000 millones de dólares al año.

Pero quizá el punto más complejo que primero se presente sea el de los asentamientos que, potenciado, puede hasta acortar la vida del actual gobierno parlamentario israelí.

Para los países árabes la cuestión tampoco es sencilla. Aunque no empleó el término terrorista, Obama dejó implícito que esperaba que los países árabes se hicieran cargo de suprimir las operaciones de sus grupos más combativos. Después de la invasión al Líbano y de la sangrienta operación de 22 días en la Franja de Gaza este objetivo es difícil.

Uno tiene la sensación que el llamado de Obama a "olvidar el pasado" no será, al menos por sí mismo, suficiente.

Otro tema sensitivo es el de Irán y su plan nuclear, cuestión en la que Obama también redujo mucho los decibeles e incluso reconoció el derecho de ese país a producir energía atómica con exclusivos fines pacíficos. Antes de mediados de julio habrá elecciones nacionales en Irán, cuyo resultado dirá de modo contundente cómo queda el poder de la teocracia para aceptar o rechazar la apertura de Washington. A Netanyahu debe haber sido el pasaje iraní del discurso de Obama el que mayor decepción le causó, porque desde hace tiempo que aboga por un castigo militar preventivo contra Irán. Aunque Israel está en condiciones aptas para su propia defensa, no es seguro que pueda iniciar un conflicto en oposición a Estados Unidos.

¿Qué queda entonces? Hay varios caminos que se pueden recorrer y en algún caso volver a recorrer. Baste con recordar que, hasta antes de la operación en Gaza, Israel y Siria negociaban una interesante agenda que incluía el espíritu de la consigna tierra por paz toda vez que incluía la posibilidad de que Israel devolviera a Siria las alturas del Golán capturadas en la Guerra de los Seis Días de los años 60.

Claro que saltar de la visión brillante de Obama a una realidad mejor no es sencillo. Las palabras son, en última instancia, fáciles. Llevarlas a la práctica es "otro precio" abrumadoramente mayor.

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