Las palabras y las cosas

A muy pocos días de una catarata de acusaciones cruzadas que rozó el insulto, el gobernador Hermes Binner se manifestó proclive a que Carlos Reutemann se siente a una mesa del diálogo "a la santafesina", como impulsó el gobierno nacional.
Durante la campaña se escribió que los mandobles podrían provocar severos trastornos en la relación PJ-Frente Progresista teniendo en cuenta cómo está compuesta la Legislatura, con mayoría oficialista en Diputados y abrumadora supremacía peronista en el Senado.

   La tensa relación provocó cimbronazos hasta fines del 2008 cuando se reunieron por última vez las Cámaras, más allá de que unos y otros digan que en las cuestiones fundamentales no se pusieron trabas.

   El PJ impidió que la Casa Gris pudiera imponer una reforma tributaria que se convertiría (de haberse aprobado) en ingresos contantes y sonantes, pero que desde la vereda de enfrente se consideró confiscatoria hacia los ciudadanos.

   Se sabe que cualquier acuerdo debe pasar por la aquiescencia de los dos máximos referentes partidarios del socialismo y el peronismo, esto es Binner y Reutemann.

   Las palabras en política, a veces, son tan volátiles como una pluma ante la brisa. Pero hubo declaraciones demasiado pesadas como para contemplar un abrazo efusivo ante los flashes del gobernador y el senador nacional.

   Binner acusó al Lole de haber dado "la orden" que provocó la represión policial que dejó siete muertos en diciembre de 2001 y también de no haber cumplido con la obra que pudo haber evitado la inundación de la ciudad de Santa Fe.

   Reutemann dijo que el gobernador tiene "cara de ángel pero es un verdadero demonio" y le adjudicó un aparato que se lo diseñó (Joseph) Goebbels (ministro de Propaganda nazi) hace muchos años. "Cada día que pasa estoy más convencido de que es así". Esto último, incluso, luego de la victoria del 28 de junio ante Rubén Giustiniani.

   Ambos dirigentes perdieron la compostura en esa campaña, y rompieron el estilo austero a la hora de las palabras, moderación que los llevó al sitial de privilegio que aún conservan.

   Pero, la necesidad siempre tiene cara de hereje. Binner salió con todo en la campaña porque no podía permitir que el Frente Progresista perdiera por 20 puntos, de acuerdo a lo que decían las primeras encuestas, más que nada por el grado de desconocimiento que tenía el senador Giustiniani, algo que fue reconocido el lunes en un programa televisivo por el diputado provincial Raúl Lamberto.

   Sin embargo, cualquiera haya sido la motivación, Reutemann pareció dejar un intersticio: "Si el gobernador quiere charlar sobre temas de la provincia de Santa Fe estoy dispuesto, yo me levanto temprano".

   Hace 72 horas, el gobernador olvidó las declaraciones hirientes y pareció encaminarse hacia una reunión cumbre, pese a que los diputados y senadores justicialistas se quejan porque desde la Casa Gris no se los invitó "a tomar ni un café".

   La necesidad de diálogo es clara. La provincia no nada en la abundancia y sus autoridades temen que con la candidatura presidencial del Lole se ingrese en un "statu quo" durante largo tiempo.

   Se sabrá en lo inmediato si los dos hombres fuertes de la provincia ponen cada uno la otra mejilla y abren las compuertas para un temario legislativo, lo que demostraría que en campaña las palabras son apenas un borrador que se modifica. O se aferran a los dichos privilegiando una argumentación que hablará del "bien de los santafesinos".

   La segunda opción es políticamente la más correcta, aunque no deje de fundamentar que las palabras proselitistas son lo que se dijo: livianitas como una pluma. l

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