"Una palabra que no figura en la ley"

La ley de obtención de ADN por métodos alternativos –extraído de cepillos de dientes o de ropa interior– para restablecer la identidad de hijos de desaparecidos "no sólo beneficia a las Abuelas, sino a los propios chicos: los libera de la mochila de tener que ser ellos quienes vayan a sacarse sangre, perjudicando a quienes los criaron", dice Estela de Carlotto.
Luego de que, el miércoles, el Senado convirtiera en ley el proyecto redactado por Abuelas de Plaza de Mayo, su titular habló de la necesidad de unificar los criterios judiciales en la búsqueda de sus nietos. Y defendió la ley de las críticas de Elisa Carrió, que lo había calificado como un "proyecto fascista", y de "una venganza" contra Ernestina Herrera de Noble. "La palabra ‘compulsiva’ no figura en la ley", aclara.

–¿Qué cambiará esta ley, en la práctica?

–Desde el año ’84 tenemos el Banco Nacional de Datos Genéticos, pero han pasado muchos años, nuestros nietos ya son adultos y algunos de ellos se resisten, cuando aparece la información de que podrían ser los nietos que buscamos, a sacarse sangre para un análisis de ADN. Se niegan por razones muy explicables, el miedo a saber, el temor de perjudicar a quienes los criaron... Frente a esto, muchos jueces ya estaban realizando allanamientos para obtener muestras de ADN por métodos alternativos, como del cepillo de dientes o de un peine con cabellos, o de la ropa, pero esto quedaba librado a la voluntad de cada uno. Es decir que lo hacían los jueces que querían y otros dormían el expediente. Ahora, la ley no deja dudas sobre cómo se debe proceder. Y esto no sólo favorece a Abuelas, sino también a los jóvenes, porque como contó (la diputada) Victoria Donda en el debate, es una modalidad que los alivia. Los chicos se sacan la pesada mochila de tener que ser ellos los que hagan este procedimiento de ir a sacarse sangre y perjudicar a quienes lo criaron.

–¿Son muchos los jóvenes que se niegan a realizarse los análisis?

–Son cifras muy cambiantes, porque hay juicios abiertos en todo el país y los tiempos son distintos para cada caso. Pueden pasar dos cosas: que vengan ellos, como Martín (Amarilla Molfino), el anteúltimo de los nietos que apareció, que se acercó por sus propias dudas, o puede pasar que, existiendo denuncias sobre una posible apropiación, ese o esa joven se niegue: es lógico, y hay que ayudarlos.

–¿En cuántos juicios ya se usó la toma de ADN con métodos alternativos?

–En unos veinte, y en nueve confirmamos que eran nuestros nietos.

–Los grandes medios hablaron de "la ley de extracción compulsiva de sangre". ¿Los jueces van a poder ordenar una extracción compulsiva cuando se busque a hijos de desaparecidos?

–No, no se habla de compulsividad en la extracción de sangre. Lo que se habilita es a buscar elementos alternativos, como los cepillos de dientes. Al final se habla de una pequeña muestra de sangre, pero la palabra "compulsiva" no figura en la ley.

–Cuando se presentó el proyecto de ley, Elisa Carrió aseguró que era una iniciativa "fascista" en "venganza" contra la directora de Clarín, Ernestina Herrera de Noble. ¿En qué cambiará la ley el juicio sobre la identidad de sus hijos adoptivos?

–Va a ser igual que en cualquier otro caso. Para nosotros, que sea Herrera de Noble es como si fuera Juana Pérez: no nos interesa el nombre de la persona, nos interesa si esos chicos son los nietos que estamos buscando. Así que con ella, como con todos los demás casos, va a ser cumplida la ley como corresponde.

–¿Le sorprendió que, en contra de la opinión de Carrió, los legisladores de la Coalición Cívica votaran a favor del proyecto?

–Carrió, cuando era parte del Congreso, en 2003, junto con su gente hizo una declaración de crítica muy fuerte a la Corte Suprema porque había impedido la extracción compulsiva de sangre en el caso de Evelyn (Bauer Pegoraro), apropiada por el marino (Policarpio) Vázquez. Muchos años después se hizo la visita a su domicilio para rescatar prendas y se pudo certificar que era hija del matrimonio Bauer Pegoraro. En aquel momento, Carrió estaba totalmente a favor de la compulsividad, ¿por qué ahora cambia? ¿Porque se trata de Vázquez y no de Herrera de Noble?

–Otro argumento en contra de la ley fue que si los jóvenes no querían conocer su identidad, había que respetarlos.

–Vimos con preocupación que dos personas que pertenecieron a la Justicia, como el ex fiscal (Julio César) Strassera y el ex camarista (Ricardo) Gil Lavedra tuvieron opiniones tan desacertadas. No puede decir Strassera "pobres chicos, si no quieren hay que dejarlos". Es un delito de acción pública, lo que significa que afecta no sólo a los jóvenes sino a las familias de los desaparecidos y a toda la sociedad. No puede un juez dejar de buscar una respuesta ante la sospecha de que puede estar ante una víctima de un delito cometido durante la dictadura. Lo mismo Gil Lavedra, que dijo que había que entender a las familias, cuando no se trata de familias sino de ladrones. Acá hay un delito grave.

–También se sancionó otra ley que dispuso el traspaso del Banco de Datos Genéticos al Estado nacional. Adolfo Pérez Esquivel advirtió que el Estado será querellante y al mismo tiempo el que hará los análisis.

–Es equivocado. Este es un Banco Nacional de Datos Genéticos, si es nacional, pertenece al Estado nacional, siempre perteneció al estado nacional. Y el Estado nacional no es querellante en las causas de chicos apropiados. No sé qué interés hubo en perturbar la aprobación de estas leyes, que por suerte primó el sentido común y fueron aprobadas, pero ¿por qué opinan de lo que no saben? Sólo lo atribuyo al desgaste, al desgaste de tantos años de lucha.

–¿Qué medidas del Estado quedan pendientes para facilitar la búsqueda de los chicos apropiados?

–Nos preocupa encontrar los archivos de la dictadura. Hasta ahora sólo se encontraron archivos dispersos en algunas comisarías y regimientos, que aportan datos pero no los suficientes. Y también habría que establecer una metodología para investigación a los miembros de las Fuerzas Armadas o los civiles cómplices que pueden tener a nuestros nietos.

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