Países ricos y pobres chocan por el costo de reducir la contaminación

Fue porque circuló en la cumbre un texto con propuestas inaceptables. La cifra del fondo de reconversión industrial para los países pobres es irrisoria: U$S 10 mil millones. Y se les permite liberar la mitad de gases contaminantes que a los ricos.
La decepción es tan grande entre los delegados de los países menos desarrollados que en los pasillos de esta cumbre de cambio climático ya se habla del "Carbono-colonialismo del siglo XXI". Acusan directamente a las potencias de estar intentando un acuerdo que mantenga las enormes desigualdades que existen hoy en el mundo.

Y todo se debe a un borrador de lo que podría ser el documento final de este encuentro elaborado por el gobierno anfitrión de Dinamarca. El presidente del Grupo de los 77, al que pertenece Argentina, el sudanés Lumumba Stanislaus Di-Aping, dijo que lo que quieren los que escribieron el documento es "asegurarles el 60% de la atmósfera global al 20% más rico". Y el negociador brasileño Sergio Serra dijo que el documento "no incluye la posición del 90% del mundo".

En la versión a la que tuvo acceso Clarín, a primera vista se observa que el documento le quita un papel importante como árbitro a las Naciones Unidas y habla de un fondo de apenas 10.000 millones de dólares al año destinado a financiar la reconversión industrial en los países más necesitados.

Brasil, China e India dicen que se necesitarán al menos 300.000 millones. Pero lo que más molesta es que todo el dinero sería manejado por el Banco Mundial quitándole autonomía a los países.

El sudanés Lumumba Di-Aping, que se convirtió en el portavoz de los 135 países en desarrollo, dijo al diario local Politiken que "si éste es el mayor riesgo que enfrenta la humanidad, ¿cómo pueden explicarse entonces que se hable apenas de 10.000 millones? Esos 10.000 millones no servirían siquiera para comprar ataúdes suficientes para los ciudadanos de los países en desarrollo".

El otro punto controvertido es que el documento especifica que no se permitiría a los países periféricos emitir más que 1,44 toneladas de dióxido de carbono por habitante para el año 2050, cuando los países más industrializados podrían llegar a tener una cuota muy superior de 2,67 toneladas per cápita."Esta es una nueva imposición colonialista. Están locos si creen que pueden sacar un comunicado como ése con nuestro aval", decía anoche a Clarín un delegado de un país sudamericano que no quiso que se publicara su nombre.

La explicación de los daneses es que se trata de "apenas un borrador" y que "es una base de trabajo, nada definitivo".

Pero se sabe que fue presentado en una reunión de "notables" en la que había también delegados de Gran Bretaña y Estados Unidos.

El veterano diplomático y ex ministro de Medio Ambiente de Colombia, Manuel Rodríguez Becerra, que ahora integra la Plataforma Climática Latinoamericana, me explicó que "éste es un típico borrador de los que siempre elabora el país anfitrión para presentar a último momento si no hay ningún avance en las negociaciones y para no mostrar un fracaso. Pero nunca debió haber tomado estado público".

El sudanés Di-Aping fue más lejos y acusó directamente al primer ministro danés, Lars Lokke Rasmussen, de "promover y proteger los intereses de un pequeño grupo de naciones poderosas".

El director de la organización ambientalista WWF (World Wildlife Fund), Kim Carstensen, dijo a Clarín en una charla mientras caminábamos por la inmensa sala de prensa, que la propuesta danesa es "débil, elitista y poco transparente". Y agregó que lo más peligroso del documento, según el primer análisis que habían hecho en la fundación, era que "divide a las naciones en desarrollo al crear una nueva categoría que denominan de 'países vulnerables'".

En las afueras del Bella Center, el enorme recinto de convenciones ubicado a 20 minutos del centro de Copenhague donde se realiza la cumbre, la polémica también se había encendido.

Un grupo de activistas australianos sostenían un cartel que decía "texto dinamarqués=colonialismo" y otro que pedía "el dinero para los más pobres".

Mientras tanto, otro grupo de chicos de una ONG sueca cantaban una marcha que hablaba de "salvar al planeta, no al capitalismo". Unas consignas que parecían ya estar fuera del vocabulario político internacional pero que seguramente se escucharán mucho más fuertes este fin de semana cuando lleguen a la capital danesa miles de manifestantes de toda Escandinavia.

Anoche, la policía danesa desalojó una casa tomada por unos 100 activistas anarquistas llegados para ese evento. El gobierno reforzó las medidas de seguridad por las manifestaciones que se esperan-

Y antes de tomar el tren en la estación de Orestad para regresar a la estación central de Kobenhavn, hablé con Antonio Hill, asesor de la organización Oxfam International, quien dice que "todo esto pasa cuando las potencias se juntan: los países más débiles quedan heridos".

Antes de marcar nuestros boletos en la máquina de acceso al metro, otro activista latinoamericano se suma a la conversación y apunta lo que todos queremos pensar en este momento crucial de las negociaciones: "Son las típicas marchas y contramarchas de estas cumbres; no hay que dar por este ahora famoso "texto danés" más de lo que vale. Siempre circulan borradores terribles. Por suerte, éste emergió en el momento preciso. Ahora saben Estados Unidos y Europa que no podrán avanzar demasiado por sobre el resto".

Algo de esto deben haber pensado los delegados de China, India y Brasil que anoche comenzaron a hacer circular un nuevo borrador que ya tiene el apoyo mayoritario de los 135 países en desarrollo.

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