Los países en desarrollo amenazan con abandonar la cumbre por el clima

Africa se negó a seguir. Buscan un mayor compromiso de los más poderosos.
El caos se apoderó ayer de la cumbre de cambio climático. Los delegados africanos se negaron a seguir participando en las negociaciones y se levantaron de las mesas de los diferentes foros paralelos que se desarrollan en el Bella Center de Copenhague. De inmediato, el Grupo de los 77, que representa a los 130 países en desarrollo y al que pertenece Argentina, decidió suspender el plenario de delegados "hasta que los países más desarrollados flexibilicen su posición". Todo esto, mientras más de cuatro mil personas pugnaban por entrar al centro de convenciones sin mayor éxito. La capacidad está colmada. Se suspendieron todas las acreditaciones. Hubo delegados oficiales que estuvieron hasta tres horas en las colas para entrar. Finalmente, a última hora de la tarde, los africanos decidieron volver a negociar y en el exterior del recinto ya se habían reducido las enormes filas porque la gente, frustrada, había comenzado a retirarse. Pero la sensación de que todo se puede ir de madre en cualquier momento quedó impresa en los ojos de los que estamos siguiendo de cerca esta crucial cumbre que puede cambiar el curso de la producción económica como nunca antes ocurrió desde la Revolución Industrial.

"África tiró del freno de emergencia para evitar que el tren se estrelle al final de la semana", fue la gran descripción que realizó Jeremy Hobbs, el director de la organización humanitaria internacional, Oxfam. Lo que percibían los delegados africanos es que la presidencia de la cumbre, que está en manos de la ministra danesa Connie Hedegaard, estaba dejando que los países desarrollados que no pudieron cumplir con el anterior Protocolo de Kyoto, como Japón y Australia, se olvidaran de ese marco regulatorio que los obliga a cumplir con cuotas específicas de emisión de gases contaminantes. "Hubo una coordinación del G-77, del que forma parte Argentina, y dejamos las reuniones por unas horas. Se aclararon algunas cosas y ya volvió todo a la normalidad. Pero esperamos que los países desarrollados flexibilicen sus posiciones y acepten que son ellos los que tienen que cargar con el mayor peso de la mitigación por su deuda histórica con los países más pobres", explicó Homero Bibiloni, el secretario de Ambiente argentino que se puso ayer al frente de la delegación nacional.

Mientras había silencio en las salas de las delegaciones, la atención de las cámaras estaba centrada en el ex vicepresidente estadounidense Al Gore, quien hizo una presentación si se quiere modesta comparada con la que viene realizando por todo el mundo con el documental "La verdad incómoda". Pero adelantó que, en una charla con científicos que acababan de llegar del Polo Norte, éstos le aseguraron que la capa de hielo de esa región comenzará a desaparecer en los veranos dentro de cinco o siete años por efecto del calentamiento global. También dijo que hay que controlar a ciertas industrias como la del transporte de contenedores por vía marítima que producen grandes cantidades de dióxido de carbono.

En otro rincón de este centro de convenciones de dimensiones extraordinarias se paseaba nerviosa Naomi Klein, la activista canadiense antiglobalización. Estaba por entrar a una reunión con los líderes del G-77 que le querían hacer algunas consultas. Poco antes, en la calle Stroget del centro de Copenhague, una especie de calle Florida porteña, Klein se manifestaba junto a un grupo de indígenas y líderes ambientalistas de su país. "Canadá tienen que cuidar mejor su medio ambiente y pagar lo que les debe a los países en desarrollo como la Argentina para que hagan su reconversión", dijo Klein moviendo sus ojos enormemente vivaces.

Al grupo que acompañaba a Klein y muchos otros activistas de las ONGs que participan de esta cumbre les fue imposible entrar al Bella Center. En este comienzo de la semana crucial de negociaciones llegó una cantidad de gente muy grande. Hay 34.000 acreditados y el recinto tiene capacidad para 15.000. Un cordón policial armado por agentes alemanes y suecos intentaba poner orden. Finalmente, los activistas que sólo querían protestar en las puertas del lugar fueron concentrados detrás de unas vallas armadas con alambres. "Si esto está así hoy, cuando venga Obama va a ser un caos enorme", especulaba un muchacho de la juventud de Greenpeace.

Cuando se reanudaron las negociaciones tras el impasse impuesto por los africanos, en las comisiones volvieron a surgir los temas que dividen las aguas. Primero está el porcentaje de recortes de gases de efecto invernadero. Los países desarrollados se comprometieron a un recorte de entre el 12% y el 16% de sus emisiones con respecto a 1990. Muy lejos del 30% o 40% que dicen los científicos que se necesitaría para mitigar los efectos del cambio. Y el segundo punto es la fuente de financiación y quien administrará los fondos. Los desarrollados hablan ahora de un "fondo verde" proveniente del sector privado, algo que es rechazado por el G-77.

Hay apenas tres días más para llegar a un acuerdo antes de que lleguen los 100 presidentes y jefes de Estado que prometieron estar acá para rubricar el acuerdo. El secretario general de la ONU, Ban Ki Moon, pidió anoche que se redoblen los esfuerzos porque "el tiempo se acaba".

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