Un País Vasco socialista

Patxi López se convirtió en el nuevo lehendakari (jefe de gobierno), en una ceremonia cargada de emoción, expectativas y broncas. El nuevo lehendakari prometió continuar la lucha contra el grupo terrorista ETA con el apoyo de sus socios del PP.
Por primera vez un gobierno socialista asumió el poder en el País Vasco. Patxi López rompió ayer tres décadas de reinado nacionalista y se convirtió en el nuevo lehendakari (jefe de gobierno), en una ceremonia cargada de emoción, expectativas y broncas. "La Euskadi (País Vasco) que quiero liderar es la que suma fuerzas políticas y sociales, la que suma sentimientos de identidad, mundos lingüísticos y culturales, tradiciones y sensibilidades distintas", prometió. El mensaje tenía dos lecturas. Por un lado, López tendió la mano al Partido Nacionalista Vasco (PNV) y al hombre que le entregaba el poder, Juan José Ibarretxe. Pero, por otro lado, le advertía que pondría fin a los reclamos de autodeterminación presentados por el último gobierno vasco. La respuesta de Ibarretxe fue más dura de lo esperada. "El gobierno de Patxi López, con el apoyo del Partido Popular, es una alternativa frentista, débil e inestable", pronosticó el dirigente, minutos antes de anunciar su retiro de la política.

Aunque los analistas locales coinciden en que el nuevo gobierno de coalición no estará exento de roces, ayer López adelantó los puntos mínimos acordados con su socio, el conservador Partido Popular: reforzar la lucha contra la organización independentista armada ETA, la libre utilización de la lengua española y la vasca y el mantenimiento de las competencias de la administración regional, demarcadas en el Estatuto de Gernika de 1979, en contraposición a los dos proyectos de autodeterminación presentados por Ibarretxe durante sus mandatos. Además, pronosticó que el gobierno tendrá que ajustarse el cinturón para naufragar la crisis. En dos semanas enfrentará su primera huelga general.

El traspaso de poder fue histórico para los vascos. Después de más de 40 años de la lucha armada dirigida por ETA y de 30 de gobiernos nacionalistas, el nuevo presidente del País Vasco será un dirigente socialista, de apellido castellano, que apenas conoce unas frases en euskera (idioma vasco). Durante su discurso de asunción, López prometió inaugurar una nueva sociedad plural, no determinada por la etnia de sus ciudadanos. "Yo defiendo un país que no clasifique a las personas por su procedencia, por sus apellidos, por la lengua en la que hablan, el partido en el que militan o la iglesia a la que acuden", señaló.

Los 30 legisladores nacionalistas del PNV, la primera mayoría de la Cámara, escucharon sin emitir sonido. El ataque era directamente hacia ellos. A su turno, el aún presidente del partido y ex lehendakari, Ibarretxe, contestó con advertencias. "Nos enfrentaremos a quien pretenda anular nuestras señas de identidad como pueblo y quien intente subordinar los intereses de Euskadi a los intereses de España", sentenció el dirigente nacionalista.

El veterano político recordó a los presentes que en las elecciones de marzo pasado la mayoría de los vascos volvieron a votar a los nacionalistas. Sin embargo, por primera vez desde la instauración del gobierno regional no consiguieron las bancas suficientes en el Congreso para formar gobierno. Quedaron a tres escaños, contando a sus aliados menores. Ante esa situación inédita, los socialistas, la primera minoría legislativa, se unieron a sus más férreos opositores a nivel nacional, el PP, y consiguieron superar los 38 escaños necesarios para quedarse con la presidencia regional.

A pesar de sus diferencias, por primera vez toda la Cámara coincidió en su rechazo total y sin miramientos a la lucha armada de ETA. A través de una nueva Ley Electoral, el gobierno nacional de José Luis Rodríguez Zapatero dejó fuera de la última elección regional a todas las organizaciones sospechadas de tener vínculos con ETA o con tendencias ideológicas cercanas. Toda la izquierda abertzale (nacionalista) quedó proscripta y sin ninguna representación política.

"En Euskadi no sobra nadie dispuesto a defender sus argumentos con las únicas armas de la política: la palabra y el voto. Pero no puede haber sitio para las bombas y las pistolas", aseguró López, ganándose la aprobación de todo el recinto. Para la asunción, el gobierno vasco desplegó a 800 policías, un operativo de seguridad varias veces mayor a los anteriores traspasos de mando.

La cautela no es gratuita. Hace tres semanas, la cúpula de la ETA anunció, a través de un comunicado, que el nuevo gobierno de López era un objetivo militar prioritario. Según informó a la noche la policía vasca, un grupo de agentes desarticularon un plan para hacer estallar un auto, en un lugar no identificado de la capital, durante la ceremonia de asunción. "Una sociedad democrática no puede tolerar que su gobierno legítimo sea chantajeado por una organización terrorista. Vamos a lograr la paz con generosidad, pero sin precio político", prometió.

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