Un país de fantasía

Por: Ricardo Roa

El Gobierno cree que le encontró la manija a la pelota: si algo anda mal, lo oculta. Y si no le queda más remedio, lo dibuja. Como las estadísticas del INDEC. Hace tiempo ya que manipula los índices de precios y de pobreza. Y últimamente también los que miden la actividad económica para negar la recesión.

La inseguridad aparece en todas partes menos en las estadísticas oficiales: pasaron años sin dar ninguna. Y desde mediados del 2008 no publica datos agropecuarios. Obvio, porque ninguno da bien (ver Agricultura dejó de suministrar información clave sobre el campo).

En el reino del vale todo entra que Néstor Kirchner pueda decir que la pobreza anda por el 22 o el 23% ¿De dónde sacó esa cifra si la última del INDEC dice 15,3%? Y así el número del ex presidente no llegue al 30% o más que calculan estimaciones privadas confiables, significa que el país se arrima a los diez millones de pobres. Nada que el Gobierno quiera refrendar sino todo lo contrario: su propia esposa no disimuló el disgusto. Ahora encima quieren cambiar la fórmula para medir la pobreza.

Todo parecido a la patinada de De Vido con el impuestazo al gas y el tarifazo a la luz. El ministro denunció que las empresas lo indujeron a error, como si las resoluciones con los aumentos no hubiesen sido de su ministerio y de su propia responsabilidad. O más grave aún: según su argumento, las medidas que decide el Gobierno son hechas en despachos privados.

En semejante zafarrancho fue posible que mientras De Vido metía la marcha atrás y pretendía que la culpa era de otros, el secretario de Energía defendía las subas en el Congreso. Y no había tenido ni arte ni parte.

Hay algo si se quiere peor que ocultar o dibujar la realidad. Creerse las propias fantasías.

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