El país de la emergencia permanente

Por Walter Brown

Cuando lo excepcional se prolonga en el tiempo, se transforma en norma. La Argentina de hoy, sin duda, no es la misma que la de 2002, cuando el Congreso aprobó la Ley de Emergencia Económica y dejó en manos del Gobierno las facultades para encontrar una salida a la crisis, pese a la férrea oposición de la por entonces senadora Cristina Kirchner, quien advertía en aquellos tiempos que colocar en manos de un funcionario los intereses que los legisladores debían representar, significaba erosionar la legitimidad de las instituciones

La economía creció desde entonces, el desempleo se achicó y el sistema financiero volvió a funcionar. Sin embargo, la emergencia se prorrogó una y otra vez a lo largo de la administración de Néstor Kirchner. Y ayer el Parlamento también resolvió extenderla hasta el final del mandato de Cristina. Como si el país siguiera en el averno económico, pese a que el propio ex presidente se encargó, pocas horas después de la sanción legislativa, de remarcar los números positivos que muestra la gestión K. Reservas en alza, superávit fiscal primario, recuperación de la competitividad fueron solo algunas de las bondades del actual modelo que enumeró el futuro diputado. Lejos del infierno en el que, solía repetir, se encontraba el país cuando asumió la Presidencia. Pero aún así, con la misma ley de Emergencia que lesiona a las instituciones.

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