El país que dejó la 125

Por Diego Valenzuela

El voto "no positivo" del vicepresidente Julio Cobos y el debate en el Congreso de la resolución 125 ya tienen su lugar en los libros de Historia. Aquella sesión legislativa de hace un año cambió el curso de un gobierno y la dinámica política del país. Generó la unión de los representantes del ruralismo, de agrupaciones tan distantes en identidad, historia e ideología como la Sociedad Rural y la Federación Agraria.

Mostró que la disciplina partidaria podía quebrarse ante las demandas de actores sociales, productivos y políticos. Lo que no sucede habitualmente ocurrió: legisladores respondiendo más a sus intereses provinciales que a las presiones gubernamentales. Como si esto fuera poco, la 125 reavivó la llama del federalismo y parió un candidato presidencial.

Cobos venía meditando la dirección de su voto ante la posibilidad de un empate. Un rato antes de conducir la sesión, hizo una ronda de llamados a colaboradores cercanos avisando de su decisión y pidiendo opiniones. Habló varias veces con el entonces jefe de gabinete, Alberto Fernández, para hacerle saber su disposición de no acompañar al Gobierno. Propuso, para no llegar al extremo de tener que desempatar, que el bloque kirchnerista retirara el proyecto y llamara a un cuarto intermedio para buscar consensos. La respuesta fue negativa.

"Julio me llamó a eso de las 2 de la mañana y me comunicó su decisión -dice uno de los colaboradores que estuvieron cerca del vice aquella madrugada-. Pidió mi opinión y le dije que sería traumático si no acompañaba al Gobierno. Me dijo con todas las letras que no le convencía el proyecto, y que pensaba votar de acuerdo a sus convicciones". No había vuelta atrás. En medio de los nervios del momento, en lugar de decir que su voto era negativo, dijo el ya célebre "no positivo", un eufemismo que trataba de suavizar el duro golpe que le estaba dando a la propia administración que integraba.

El gobierno legítimo arriesgó su popularidad enfrentando la demanda legítima de un sector económico de peso en la economía argentina. Tuvo chances de salir a tiempo de la confrontación, pero decidió seguir dando la batalla. La presentó como una parada de vida o muerte, tensando la cuerda y generando profundas divisiones en la sociedad. Tuvo oportunidades para negociar en el Congreso y las rechazó al filo de la crucial votación. Luego, cuando renunció Martín Lousteau, el Ministerio de Economía, se abrió la posibilidad de revisar algo para no perder todo, pero de nuevo primó la ortodoxia kirchnerista. Desde entonces Cristina empezó a ser lo que los politólogos llaman "pato rengo". La elección del pasado 28 de junio confirmó el proceso de deterioro del poder K.

La estela de aquella decisión llega hasta hoy y seguramente impregnará los próximos años, condicionando las políticas productivas del gobierno presente y del que vendrá en 2011. En las actuales condiciones, es altamente probable que el próximo presidente sea pro-campo. Todos los presidenciables no kirchneristas lo son, aunque con matices, de Reutemann a Cobos, de Macri a Binner pasando por Solá o Carrió.

Con el gobierno encerrado en su dialéctica de amigo-enemigo, dos visiones aparecen en la coalición pro-campo: una más alineada con los ruralistas, que propone cambios drásticos en retenciones, incluyendo las que pesan sobre la soja, y una opción moderada que propone nuevos rumbos para lechería y ganadería, y reducciones parciales en las retenciones a algunos granos, pero excluyendo a la soja. Lo que sucede es que el clima político estimula un cambio drástico en los impuestos a la exportación de granos, pero la situación fiscal convoca a la precaución.

La política es impredecible. Una pregunta contrafáctica de difícil respuesta flota en el aire. ¿Hubiera sido más flexible Néstor Kirchner en el debate de la 125 si hubiera imaginado sus consecuencias durante el último año político argentino, incluida su derrota en la provincia de Buenos Aires y el brutal cambio de clima político que aquella decisión originó? La genética K no parece admitir flexibilidades.

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