Un país condenado a dar examen en forma permanente

Por Hernán de Goñi

El conflicto creado en torno a la alimentaria Kraft Foods consiguió atraer, una vez más, la atención de los inversores internacionales sobre la Argentina. Más allá del violento desalojo de la planta, en el mundo empresario el foco estuvo puesto en otro lado.

El estallido del caso dio la posibilidad de revisar el contexto en el que las que muchas compañías deben evaluar su política de inversión en el país, y lo que salta a la vista es lo que muchos industriales locales conocen y padecen: imprevisibilidad, falta de reglas claras, poco respeto por los contratos. En suma, una nueva muestra de la desconfianza que lacera el clima de negocios en la Argentina.

Un funcionario de la administración Obama, el subsecretario de Comercio Walter Bastian, aseguró ayer ante una calificada audiencia empresaria, que el mundo todavía le pide al país que "demuestre que puede ser un buen socio económico y comercial".

Esta demanda hacia el poder político demuestra que todo el sendero recorrido en estos años de espectacular crecimiento no fueron aprovechados para consolidar una institucionalidad que garantice una plataforma de inversiones. La Argentina, cada vez que crea un caso Kraft, no hace otra cosa que mostrarse como un repetidor que aún debe rendir examen.

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