El país que busca levantarse de las ruinas

Las bandas armadas son la mayor amenaza, después de que el gobierno haitiano declaró que no buscará más sobrevivientes entre los escombros. También las enfermedades: un hospital de campaña usó en tres días las medicinas de seis meses.
Al final de la pista de aterrizaje del aeropuerto de Puerto Príncipe se encuentra la base de Logística de la fuerza multinacional desplegada bajo la bandera de Naciones Unidas. Allí, en uno de los extremos, las Fuerzas Armadas Argentinas tienen montado su campamento, que consta de algunos contenedores especialmente preparados para hacer de oficinas y de dormitorios.

Desde ese lugar se coordina la participación de los "cascos azules" argentinos en el marco de la misión de la ONU para la estabilización de Haití, que llegó en 2004 con el objetivo de imponer la paz en el empobrecido país caribeño y fortalecer la estructura de gobierno comandada por el presidente René Préval.

Argentina tiene montado un hospital de campaña en Puerto Príncipe, una unidad aérea y, sobre todo, un batallón conjunto de 420 hombres que tiene a su cargo la seguridad de Gonaives, una de las provincias más grandes de Haití, que cubre 5 mil kilómetros cuadrados de la isla.

Sin embargo, el terremoto del martes 12 dejó el país patas para arriba y habrá que esperar para ver de qué manera la nueva coyuntura que emerja del caos afecta el desarrollo de la misión.

El capitán de navío de la Infantería de Marina Rubén Gallussi está a cargo de la comitiva. El terremoto lo sorprendió mientras trotaba. "Sentí como el ruido de un trueno que venía en aumento, como un escape de gas. Sentí gritos detrás mío y cuando me di vuelta vi que las casas se movían. Parecían de papel.

Las calles se sacudían en ondas, como una ola. Cuando llegó donde yo estaba, caí de rodillas. Te desestabiliza. Uno queda como atontado. Se escuchaban las explosiones de las casas cayendo y el polvo lo cubrió todo. Durante un buen rato no se vio nada, sólo se escuchaban gritos", relata Gallussi.

Según el militar, en principio nada cambia demasiado para la misión argentina. "En Gonaives, donde tenemos nuestro mayor trabajo, el terremoto no produjo demasiados daños. La situación que enfrentamos ahora tiene que ver con el incremento de la violencia, que estaba controlada".

El problema que más temen los cascos azules argentinos tiene que ver con la fuga de presos.

En Puerto Príncipe, el colapso de la cárcel permitió la fuga de un hombre al que habían tardado mucho tiempo en capturar junto a la policía haitiana y que, en Gonaives, organizaba grupos de gente que se armaba para resistir el gobierno de Préval, apuntalado por la ONU.

"Se llama Tiwill y es el hombre más peligroso de Haití. Suponemos que regresó a Gonaives para reorganizarse. Tenemos que esperar a ver qué pasa con esta situación", analiza Gallussi.

En cambio, los profesionales argentinos destinados en Puerto Príncipe han girado su radio de acción hacia la ayuda humanitaria bajo el mando de la ONU.

El hospital comenzó a trabajar sin parar y el gobierno argentino envió doctores desde Buenos Aires con medicamentos, ya que en tres días el hospital agotó las existencias para seis meses.

En las primeras 72 horas realizaron más de 85 intervenciones complejas. Por su parte, la unidad aérea coopera con el traslado de heridos graves hacia Santo Domingo. Una compañía se desplazó desde Gonaives para colaborar con la custodia en las entregas de alimentos en una de las zonas más pobres y castigadas de Puerto Príncipe, Cité Soleil.

"Los problemas que enfrenta Haití en materia de seguridad son graves y las epidemias, en un país tan pobre y sin ningún tipo de estructura ni sanitaria ni de protección civil, pueden causar tantas muertes como el mismo terremoto", culmina Gallussi. No los esperan días tranquilos.

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