Pagar para que te corten

Este verano desnudó que Córdoba no tiene ni luz ni agua. Más allá de razones externas, es una señal clara de falta de inversión. Roberto Battaglino.

¿Qué pensará un almacenero de algún barrio de la ciudad de Córdoba que hace años paga religiosamente su factura de electricidad, con cargos fijos para nuevas centrales incluidos, y que en estos días ve en riesgo sus exiguos ingresos diarios porque no puede conservar la mercadería perecedera?

Esa imagen de un pequeño comerciante cumpliendo a rajatabla con sus compromisos y recibiendo a cambio horas y horas de corte de electricidad, que ponen en riesgo su minúsculo capital, desnuda severas falencias para las prestaciones básicas en la provincia.

Este verano nos mostró, por caso, que Córdoba no tiene luz ni agua. Hay razones externas para explicar estas falencias. La naturaleza, los problemas técnicos, la relación con la Nación, las demoras de empresas privadas, los tironeos con las concesionarias pueden ser, en cada caso específico, razones atendibles. Pero hay un elemento difícil de negar: las inversiones en esas áreas estratégicas se hacen a un ritmo muchísimo más lento que las promesas oficiales.

En electricidad, en los últimos tres años, los cordobeses pusieron de su bolsillo en forma directa más de 100 millones de pesos –más las contribuciones indirectas– para que funcione la estación Arroyo Cabral. Está listo el transformador (es el que ahora llevarán a Malvinas para reemplazar el roto), pero nunca empezaron las obras civiles para que pueda funcionar la estación.

Así, Arroyo Cabral, como ha pasado con otras localidades, otros rubros y en otras gestiones, se transformó en otro monumento al cartel. Desde hace varios gobiernos, Córdoba le rinde culto al cartel. Es más fácil, parece, montar gran estructura de chapa pintada al lado de la ruta que hacer una obra que funcione.

Epec ha invertido en generación, pero –como el desperfecto de Malvinas ha desnudado– siempre está corriendo por detrás de la demanda. La central termoeléctrica de Pilar, también muy promocionada, viene acumulando retrasos en su plan original.

El agua es otro gran símbolo de desinversión. Córdoba hace un cuarto de siglo que no construye obras para embalsar agua. La población se multiplica y la capital provincial se provee de agua de un dique construido en el siglo XIX.

Mientras, la empresa concesionaria está apurando para cobrarles a los cordobeses un cargo fijo para instalar los medidores, con esta particular doctrina de primero pague, después espere a ver si el servicio se presta.

O sea, las obras son modelo siglo XIX, pero la contribución se paga mensualmente. ¿Será una forma de construir la Córdoba entre todos?

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