El padrino

Fueron varios los dirigentes cordobeses que a Jaime pasaron a llamarlo "Ricardo". El último, el intendente de la ciudad de Córdoba, Daniel Giacomino.
En la intimidad, Giacomino solía repetir en los últimos días: "Le debo mucho a Ricardo. Conmigo se ha portado muy bien".

Jaime no sólo le consiguió al intendente subsidios y créditos para el transporte, el ferrourbano, la remodelación de la estación de Alta Córdoba y la promesa del subte, sino que le abrió las puertas de los principales despachos de la Casa Rosada.

Más allá de los estrategas locales, surgidos de centros de pensamiento de universidades públicas y privadas de Córdoba, el renunciante funcionario nacional fue el gran estratega del ajuste municipal, la ofensiva final de campaña que ejecutó Giacomino para debilitar a Luis Juez.

Jaime apadrinaba la gestión de Giacomino, como antes había tomado como ahijado a Héctor Campana, quien también lo llamaba con afecto "Ricardo". El ex basquetbolista lideraba la intención de voto para intendente de Córdoba cuando el funcionario que más denuncias acumuló en la era K lo adoptó. Terminó colgándose de última como candidato a vicegobernador de Juan Schiaretti.

Pero la incógnita ahora es qué será de Giacomino sin ese contacto clave en la Casa Rosada, con un Gobierno nacional debilitado, la amenaza de vendetta de su antecesor, una guerra declarada contra un sindicato repudiado por vastos sectores sociales pero de gran poder de desgaste y con una gestión que tiene escaso respaldo político.

Justamente, los cambios en el gabinete que hoy anunciará el intendente apuntan a lograr sustentabilidad política. En la Municipalidad hablaban ayer de ofrecimientos concretos a gente de Ramón Mestre y de Olga Riutort para que tengan despachos en el Palacio 6 de Julio. Desde la UCR negaron de plano que vayan a ocupar algún sitial.

Mientras, otros habían llamado antes con familiaridad "Ricardo" al funcionario kirchnerista que menos se cuidó de hacer ostentación de riqueza conseguida en poco tiempo. José Manuel de la Sota y Schiaretti están en esa lista.

Jaime fue el más férreo impulsor de que los K dieran prioridad a los acuerdos con el PJ cordobés cuando Néstor Kirchner jugaba a dos puntas en Córdoba entre el delasotismo y Luis Juez.

De la Sota lo había refugiado en la Secretaría de Educación en 1999, cuando Jaime tuvo algún entredicho con Kirchner en Santa Cruz, lo que lo obligó a la paradoja de un exilio en su tierra natal.

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