Los padres, los hijos y los tutores de la crisis

Frente a la incertidumbre, el Gobierno habla de un presupuesto “de supervivencia”. Los jóvenes son la variable de ajuste en un mercado dispuesto a reducir costos laborales.

Gustavo tiene 26 años. Poco entiende, hasta ahora, sobre las razones que desataron la crisis financiera internacional. La Bolsa, las acciones, los bonos o el riesgo país forman parte para él de un lenguaje poco usual. Su juventud sólo le permite el dominio del idioma de internet. Facebook, spyce, wi fi, Hi5, metroflog, fotolog o 3G le suenan más familiares. Sin embargo, por efecto de la cobertura empresarial (reducción de costos laborales), Gustavo se convirtió en un desempleado más, un desesperanzado, un “hijo” de la crisis.

Con todas las ilusiones del primer trabajo en blanco había ingresado en una reconocida cadena comercial. Primero a prueba y luego -por efecto de su productividad- pasó a la planta permanente. Cuando los números no cierran, los jóvenes se convierten en la primera variable de ajuste, en los hijos de la crisis. Ajuste, esa mala palabra para los gobernantes de la bonanza, volvió a mencionarse en todos los ámbitos de la economía.

La industria textil está aplicando cirugía mayor (suspensiones o despidos de personal, o reducción de la carga horaria, en el mejor de los casos). La construcción vive, tal vez, la mayor etapa de incertidumbre. Las empresas del sector son cada vez más conservadoras en sus decisiones.

La inversión se paralizó; en otros casos, avanza porque se cruzó la mitad del río y no hay más remedio que llegar a la orilla, con la ilusión de salvar al menos el dinero que se usó.

No hay en el mercado reglas de juego que permitan invertir. Luego de la decisión presidencial de estatizar por completo el sistema previsional, muchos bancos que participaban en el sistema de capitalización manejarán la posibilidad de cerrar el grifo del crédito. La inseguridad jurídica está en boca de banqueros, inversores y ahorristas. Muchos de ellos señalan que el Gobierno hipotecó el futuro de sus hijos; que, con el paso de los años se irán del poder con la certeza de que, en aquel futuro, habrá borrón y cuenta nueva y, mientras tanto aprovecharán los fondos para seguir con el festival del gasto público en la Argentina. La historia se encargará, en definitiva, de establecer si la decisión de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner fue acertada o no; oportuna u oportunista.

Acompaña hasta la puerta

En Tucumán, el Gobierno está decidido a acompañar (hasta la puerta) al Ejecutivo nacional. El gobernador dijo que la eliminación de las AFJP fue un paso importante para preservar a los jubilados. Pero recién se dio cuenta ayer, no antes, pese a que su argumento sostiene que los resúmenes que recibían los afiliados a esas administradoras eran mentirosos. Ir detrás de las decisiones de la Casa Rosada tiene su costo político. Pero está de moda alabar los anuncios oficiales.

No obstante, el Ejecutivo tucumano no le cree a la Nación. Por caso, el propio Alperovich admitió que demorará el envío del proyecto de Presupuesto 2009 a la Legislatura, a la espera de que la situación se aclare. Paralelamente, dijo que su gestión gastará no menos de $ 6.125 millones el año que viene. No ofrecen pautas claras desde la Nación, reconocen en el Ejecutivo.

Ni subestimados ni realistas. Los presupuestos de la actualidad son sólo de supervivencia. La mejor manera de recortar gastos es cortarlos antes de que se generen, dice un encumbrado funcionario de la Casa de Gobierno. Ministros del Ejecutivo y titulares de organismos autárquicos se ven en figurillas para cumplir con los compromisos asumidos. Muchos proveedores confiaron en la palabra de los conductores de las distintas áreas y adelantaron bienes, insumos o servicios a cuenta. Se cortó el fiado. Por caso, hubo áreas que se endeudaron por esa vía en nos $ 50 millones y sólo recibirán $ 20 millones para cubrir ese hueco financiero. Gastar a cuenta tiene sus riesgos, como en la economía hogareña. Con el paso del tiempo el costo del dinero se encarece y, en algunos casos, tendrán que abonar elevadas tasas de interés para ponerse al día, e incluso hasta deberán usar partidas del próximo ejercicio.

Como en toda crisis, es altamente improbable que los “padres” de esta den la cara. En la economía, como en la política, las victorias tienen rostros visibles, pero las derrotas siempre son anónimas. En el mejor de los casos, puede hablarse de la existencia de “tutores”, que, a través de sus decisiones, tratan de encarrilar el rumbo de las cosas. Pero en la economía, alguien debe perder. Lo perjudicial es que entre esos perdidosos casi siempre aparecen los más jóvenes, como Gustavo, que deben resignarse a caminar por las calles para encontrar una nueva oportunidad laboral, algo que le permita confiar en el mercado a pesar de que sigue sin entender las razones del crac financiero internacional.

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