El pacto: todos juntos, denunciados y denunciantes

Se sabe: la política es el arte de lo imposible. También de su manipulación para explicar lo inexplicable. Esta conceptuali- zación cae a la perfección para ilustrar lo que pasa por estas horas con las negociaciones para armar una lista de unidad en el PJ platense de cara a las internas del 30 de noviembre próximo.

No sólo asoma como insólito, sino incoherente, el virtual armado que tejen en la actualidad brueristas, ex alakistas y castagnetistas para darle el gusto al mandamás Néstor K, y anunciar la ficticia mancomunión justicialista en la capital bonaerense. O dicho en otras pa-

labras, el sinceramiento kirchne-

rista tras el peligroso festival de colectoras.

Para que el lector más desprevenido tenga una idea: es altamente probable que quienes urdieron una estrategia ante la Justicia con el objetivo de que Bruera fuera preso, hoy podrían alistarse en esa maquillada unidad detrás de Pablo. No sólo eso, no bien asumió el actual intendente comunal, éste denunció ante la Justicia a su antecesor por supuestas irregularidades en la gestión (peculado y malversación de fondos, entre otros delitos, con trámite actual en los tribunales bonaerenses).

El alakismo, en sus horas vi-

gorosas de poder, fogoneó la presentación de una presentación judicial por defraudación a la administración pública, ya que el entonces concejal Bruera habría “amasado ñoquis”. El año pasado fue sobreseído.

El 20 de octubre expira el plazo para presentar listas, y si bien ahora hay al menos tres corrientes que reservaron color y número, todo parece indicar que la unidad se consumará. Otro de los escena-

rios es que se presente una lista minoritaria con el sólo objetivo de legitimar en las urnas el triunfo del kirchnerismo.

Bruera será el próximo titular del PJ platense, acompañado por el ex alakismo y seguramente por el procesado funcionario nacional Carlos Castagneto, acusado de repartir electrodomésticos comprados con fondos públicos a cambio de votos. En términos futbolísticos, lo que se podría decir un equipazo.

Esta homogénea formación no sólo alistará al intendente, hoy un kirchnerista de pura cepa, sino también al diputado Raúl Pérez y hasta al jefe de gabinete de Scioli, Alberto Pérez. También adhieren Carlos Lorges y Liliana Di Leo, quienes hicieron campaña para Alak el año pasado. Lo que se dice, coherencia pura.

Si le faltaba algún ingrediente a este picante plato, en las últimas horas se encargó de adicionarlo Néstor, en medio del operativo Klamor para que él mismo sea candidato el año próximo. Pidió el ingreso de Alak. Y aunque a regañadientes, la genuflexión imperante en el nuevo PJ se hará otra vez carne. Julio César sería consejero provincial, junto a los dos Pérez.

En síntesis, Bruera y Alak en la misma lista de unidad. “No sé por qué se pelean por ser kirchneristas, cuando el kirchnerismo retrocede a pasos agigantados en la ciudad”, leyó en la semana un histórico dirigente del PJ, hoy en la vereda de enfrente al poder.

Hay un hecho objetivo que ilustra la debilidad en la consi-

deración pública de la presidenta Cristina en su ciudad. Durante su doble jornada de visita a la capital bonaerense, le pidió al intendente Bruera sacarse fotos hasta en su casa del barrio Meridiano V. ¿Por qué? “Porque es un intendente sin tanta imagen negativa como Cristina. Y puede ayudar a levantar la imagen de ésta en La Plata”, razonó otro asiduo habitante de los pasillos de calle 12.

Más allá del orgullo que sintió la familia Bruera, dicen que al bruerismo puro este gesto luego le generó algo de preocupación.

Duhalde realizará en los próximos días un acto en nuestra ciudad (el miércoles 22). Ahí podrá verse una foto de quienes son los hombres del PJ no kirchnerista que pelearán en la ciudad. “Cerca de Duhalde te quemás, pero muy lejos, te enfriás”, graficó un político con años en el justicialismo local.

El máximo referente en La Plata del duhaldismo es el diputado nacional Jorge Sarghini, quien avaló con diferentes gestos en los últimos tiempos la gestión como concejal de Oscar Vaudagna.

Quien ha profundizado su campaña de instalación en La Plata es Gonzalo Atanasof, que reforzó la presencia en la periferia con sus Centros Vecinales de Consulta. El año próximo a éstos dos últimos se les vence el mandato en el Concejo Deliberante.

El tema político de la semana en la ciudad fue, nuevamente, la inseguridad, con un dato central, el relevo del jefe de la Departamental, Juan Carlos Ghilino por Roberto Castronuovo, quien viene de cumplir funciones en Bahía Blanca.

Este cambio, decidido por Carlos Stornelli, se da mientras afloran los cuestionamientos, desde la misma fuerza, a la gestión del intendente Bruera por el dinero que no destina para mantener los patrulleros, pese a que lo cobra en concepto de tasa de seguridad.

Ghilino asistió a varias de las reuniones que realizan los vecinos autoconvocados por la ola de delitos que azota a la capital bonaerense. En esos encuentros, algunos acalorados, llueven las críticas a la inacción estatal. Se cree que aquí radica el detonante de la eyección de Ghilino de su si-

llón en la Departamental.

Hay una cosa concreta: el cambio de un hombre no resolverá un problema que lleva años, con un trasfondo social de compleja re-

solución.

La oposición política en La Plata, básicamente la Coalición Cívica, es la que más ha canalizado estos reclamos de los vecinos. Sus principales dirigentes han asistido a casi todas las asambleas vecinales y tendrán activa participación en la marcha del 27 de octubre, organizada por la Cacilp (Consejo Asesor Consultivo de las Instituciones de La Plata).

A nivel bonaerense, la fuerza de Lilita Carrió y Margarita Stolbizer no parece dispuesta a abrirle las puertas al radicalismo orgánico, sino más bien a algunos de sus dirigentes. Se cree que se podrían realizar acuerdos por ciudades o secciones, pero es bastante difícil que esto suceda en La Plata (Octava sección). La CC local ya lo anticipó. Pero el problema sigue siendo el mismo desde hace varios meses: la carencia de un candidato sólido, con capacidad para traccionar votos por sí mismo.

Además, leen dirigentes de la Coalición: si el candidato en 2009 se impone al justicialismo, ¿quién le bajará luego las ambiciones para sacarlo de la grande en 2011? La elección puede resultar un arma de doble filo para quienes hoy conducen a la principal fuerza de oposición en la ca-

pital bonaerense; donde el pacto kirchnerista parece haberse consumado.

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