El "Pacto" y los "pactos"

Por Mariano Grondona

Los partidos de la oposición están sumando fuerzas en torno de dos núcleos principales. En la Capital Federal y la provincia de Buenos Aires, se proyecta el triángulo Macri- Narváez- Solá. En el orden nacional, continúa el acercamiento entre la Coalición Cívica, el radicalismo (con Cobos adentro) y el socialismo. Si el objetivo es derrotar a los Kirchner para quitarles la mayoría en el Congreso en octubre de este año y para desalojarlos del poder en las elecciones presidenciales de 2011, la doble convergencia opositora de la que estamos tomando nota es necesaria pero insuficiante.

Si se mantiene la relación actual según las encuestas que le dan al kirchnerismo un 30 por ciento de los votos contra un 70 por ciento de la oposición, el problema de este año va a ser que esta relación pueda ser leída por los argentinos el lunes siguiente al comicio de manera tal que no queden dudas de que los Kirchner han sido vencidos. Para que la lectura de las cifras sea evidente, hará falta no sólo que la suma de las oposiciones confirme aquella relación de 70 a 30, sino también que al menos una de las formaciones opositoras sobrepase individualmente al kirchnerismo para que éste no pueda alegar que, pese a su derrota global, continúa siendo la "primera minoría".

Si fuera sólo "global", si no incluyera además una primera minoría no kirchnerista, la victoria opositora de octubre podría ser, digamos, "psicológicamente" insuficiente. Pero hay una segunda insuficiencia contra la cual los opositores deben precaverse, a saber, que su conjunción no tendría que limitarse a una suma de pequeños "pactos" electorales sino que debiera apuntar además al gran "Pacto" fundacional de una nueva república, como fueron el Acuerdo de San Nicolás que siguió a la derrota de Rosas en Caseros, en 1852, y los Pactos de la Moncloa que se firmaron en España a dos años de la muerte de Franco, en 1977.

Es que, si la Argentina va cambiar de veras de 2011 en adelante, necesita un Pacto que reúna, en principio, dos condiciones. Primero, como los dos pactos mencionados, debe ser "unánime". Así como del Acuerdo de San Nicolás, una vez que se sumó Buenos Aires, nadie quedó afuera ni siquiera los rosistas salvo el círculo íntimo de Rosas, y así como en la Moncloa coincidieron todos los partidos españoles incluído el Comunista, el nuevo pacto de los argentinos tendría que abarcar hasta a los kirchneristas, salvo el círculo íntimo de los Kirchner.

La segunda condición es que el nuevo Pacto debiera contener lo principios esenciales de la nueva república democrática que los argentinos queremos fundar. Lograrlo exigirá una ardua tarea pero, si no la realizáramos, la misión histórica del poskirchnerismo quedaría incompleta.

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