Pactar con el diablo siempre tiene sus riesgos

Por Fernando Laborda

Mauricio Macri advirtió a tiempo que pactar con el diablo hubiera comprometido más su gestión en la ciudad de Buenos Aires que las propias urgencias financieras de su gobierno.

Tres días atrás, curiosamente poco antes de posar para los fotógrafos junto a la presidenta Cristina Kirchner en el Rosedal de Palermo, Macri había justificado un polémico convenio que se disponían a firmar la ciudad y Lotería Nacional a partir de la necesidad de "recaudar" y de que "la gente viva mejor".

Ayer, ante la prensa, rechazó finalmente ese acuerdo. Admitió que no se podía avalar "un negocio que goza de una enorme falta de transparencia tal como lo ha hecho el gobierno nacional" y concluyó con una frase propia de una campaña electoral: "Nuestra ciudad necesita reparar sus calles y edificios, pero también tenemos que reparar nuestros valores y recuperar la fe en las instituciones".

Obviamente, el jefe de gobierno porteño y aspirante natural a la presidencia de la Nación en 2011 midió los beneficios y los riesgos que le iba a traer la firma del convenio con el gobierno nacional. Las consecuencias iban a verse inmediatamente: el bloque macrista en la Legislatura iba a romperse y el convenio difícilmente iba a ser aprobado en ese cuerpo. Hubiera sido para Macri un golpe tan fuerte como el fracaso de la resolución 125 en el Senado para los Kirchner. Sólo quedaba por ver quiénes serían los Cobos de Macri. Después de todo, cada gobernante tiene el Cobos que se merece.

El pacto en cuestión contemplaba duplicar el canon que cobra la ciudad de Buenos Aires por la explotación de los casinos flotantes y de los tragamonedas en territorio porteño, a cambio de respetar la decisión del gobierno nacional de extender las concesiones a las empresas que hoy manejan el juego hasta el año 2032.

En momentos en que los medios de comunicación rebalsan de noticias asociadas a casos de corrupción, el gobierno de Macri hubiera recibido una suerte de abrazo del oso por parte del kirchnerismo y hubiera quedado más que mal parado en el de por sí complicado mapa de la oposición.

Tanto Elisa Carrió como el ex socio de Macri Ricardo López Murphy habían cuestionado con dureza el eventual acuerdo entre el gobernante porteño y los Kirchner.

Si bien la alternativa de una gran coalición electoral opositora al kirchnerismo para los próximos comicios legislativos nunca pareció muy probable, iba a ser mucho menos factible después de un pacto por el juego entre la ciudad y la Nación. El propio López Murphy, al enterarse de esa posibilidad, expresó en forma reservada que, si eso sucedía, el gobierno porteño iba a quedar asociado a gangsters .

Al menos esta vez, Macri exhibió, al rectificar una decisión, una flexibilidad que lo distingue del estilo intransigente de los Kirchner. Pero a punto estuvo de quedar señalado por el mismo mal con el cual se asocia al kirchnerismo: la vida por la caja.

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