Pacquiao, el ídolo que quedó en cuarentena.

En Filipinas le solicitaron que retrase su vuelta a casa por temor a contagios del virus de la gripe porcina.
El feroz poder de sus puños no conoce rendiciones. La imbatibilidad es un privilegio revalidado cada vez que sube al ring. Parecen no existir barreras para el arrollador Manny Pacquiao, un monarca que no sabe de someterse a imposiciones. Pero esta vez el mejor boxeador del planeta se quedó sin recursos. El sábado pasado, en el MGM de Las Vegas, el rey universal de los superplumas demolió en poco menos de dos rounds al inglés Ricky Hatton y es su presencia en los Estados Unidos lo que lo dejó contra las cuerdas.

La vida de Manila está pautada por los movimientos de su ídolo; cada aparición en un cuadrilátero o vuelta a casa provoca una incontrolable manifestación, es la auténtica "fiesta del pueblo". Semejante revolución, devenida en hábito, provocó la alerta en el gobierno filipino. Francisco Duque III, secretario de Salud de la Nación, reveló que le acercaron al campeón mundial la "recomendación" de que permanezca cinco días más en Los Angeles, en una especie de cuarentena voluntaria -junto con todo su séquito-, para evitar una eventual propagación del virus de la gripe porcina, de creciente presencia en esa región. Esa semana de margen es el período mínimo para la expresión de algunos de los síntomas de la influenza. "Convenceremos a Manny y a su gente de que demoren su regreso -iba a concretarse hoy-, porque habiendo pasado por California, donde el virus se expandió, es mejor ser prudentes", expresó Duque III.

Hasta el momento, en Filipinas no se registró ningún caso de esa gripe, pese a que hay pacientes en observación. En territorio norteamericano, en tanto, el brote infeccioso afectó a unas 120 personas, y las zonas más damnificadas son Nueva York, Texas, California, Carolina del Sur y Delaware.

La inmunidad de la que goza por su proclamación como héroe nacional ha dejado sin privilegios a Pacquiao -30 años-, que también fomenta pretensiones de llegar a la presidencia de su país y su meta son las elecciones de 2010. "La fiesta de bienvenida puede aplazarse para el martes próximo", sugirió Duque III, aunque el boxeador no decidió qué hará, según reconoció Eduardo Armita, secretario ejecutivo y el hombre más veterano en el gabinete.

No hay certezas de qué ocurrirá en esta ocasión con la caravana de honores a Pacman , como lo bautizaron por su estilo de peleador voraz. La prudencia de los políticos buscó aplacar la fiebre de un pueblo ávido de estímulos. Pacquiao conmueve con su avasallante categoría, pero ninguna de sus virtudes atléticas ni atributos jerárquicos alcanza para que deje de ser "igual a todos los demás".

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