No sólo pasa por volver a los buenos resultados, sino también por tomar decisiones y asumir actitudes que convenzan a la gente y a los dirigentes que es el plan “A” para continuar.
Más allá de esto, Pablo Morant —quien se está “jugando” la posibilidad de seguir— es el primero que tiene que entender que esto es fútbol, que los resultados mandan pero que hay decisiones y actitudes propias que pueden inclinar la balanza a favor o en contra.
¿Qué es lo que Morant tiene para que esa balanza le resulte favorable?, más allá de ser un hombre de la casa —por más que la crianza la hizo en La Plata—, sacó al equipo del terrible pozo futbolístico y de resultados, cosechó el 54 por ciento de los puntos hasta el momento y hasta dejó esbozar algunas de las características de su propio proyecto, cuando señaló que sólo pide la oportunidad de armar el plantel, traer tres o cuatro refuerzos y subir seis o siete chicos de la exitosa reserva sabalera que marcha en la cima del torneo.
¿Cuál es el peso que sufre Morant para que la balanza se le corra al otro lado?, haber querido cambiar el estilo después de cinco partidos jugando de una determinada manera y dejar que se le cayera el rendimiento y el acople de la única línea del equipo que jamás estuvo en discusión: la dupla ofensiva que integraba Curuchet tirado por derecha y Gigliotti como centrodelantero. A Curuchet lo cambió de posición (no en el último partido, donde se tiró por izquierda en algunas jugadas bajo su exclusiva decisión) y a Gigliotti lo terminó sacando.
Colón no dijo nada en forma oficial, más allá de un aspecto contractual que es concreto: Morant tiene vínculo con el club hasta el 31 de diciembre. El Flaco está en carrera y algo hizo como para merecer respaldo. También responde a las características que el propio presidente mencionó en cuanto a los lineamientos del proyecto, cuando señaló que el club no sólo tiene que sacar jugadores, sino también formar entrenadores.
Morant tiene que saber que él y sólo él es el artífice de su destino. Si consigue encarrilar otra vez al equipo —y ni hablar si eso le permite sacar un buen resultado en el clásico—, las voces que hoy son de desaliento y reticencia a su continuidad, volverán a cambiar por ese apoyo importante que tuvo, de parte de la gente, cuando se lo mencionó como una alternativa para reemplazar a Sensini.
En cambio, si los resultados y las decisiones que tome Morant se perfilan en el mismo sentido de los últimos tres partidos, el descreimiento irá creciendo y probablemente se traslade a la dirigencia, que es la encargada y responsable de la toma de decisiones.
Este es el momento en el que el proyecto, la apuesta y los resultados se mezclan. Es verdad que la convicción se demuestra cuando las cosas no funcionan momentáneamente pero se tiene la seguridad de que el camino elegido es el correcto y la marcha continúa en ese sentido a pesar de los contratiempos. En este aspecto, Morant tiene que quedarse tranquilo por lo que puedan hacer los dirigentes. Pero también sería bueno que él se convenza que a esa decisión y a esa convicción, que será de otros, es el propio Morant quien tiene la posibilidad de afirmar o desvanecer.
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