Los otros muros de la discordia que aún no han caído

Conflictos políticos, sociales y religiosos han hecho levantar murallas en fronteras y ciudades
El muro que se alza en parte de la frontera entre México y Estados Unidos está plagado de cruces. Una por cada inmigrante que se quedó en el camino. En el desierto del Sahara, una interminable franja de arena y piedra separa el odio entre marroquíes y saharauis. En Cisjordania avanza contra viento y marea una muralla de hormigón para asfixiar un conflicto eterno. España se blinda ante la inmigración con alambre de púa en sus enclaves africanos de Ceuta y Melilla.

De Belfast a Cachemira, de Corea a Chipre, de Río de Janeiro a Kuwait, el hormigón, el acero y el alambre son los símbolos modernos de la intransigencia política, social y religiosa en pleno siglo XXI. El muro de Berlín cayó hace 20 años, pero otros muchos quedan todavía en pie.

En las calles de Tijuana nunca sonó la Tercera sinfonía de Beethoven, emblema musical de la caída del Muro de Berlín. Narcocorridos y canciones tex-mex conforman la banda sonora de esta tierra fronteriza, pero sus melodías no han logrado todavía echar abajo el llamado Muro de las Cruces, levantado en 1994 con planchas de hierro del ejército estadounidense utilizadas en la primera guerra del Golfo. A pesar de las protestas de los activistas de derechos humanos, Washington amplió el muro a partir de 2006 y comenzó a tapiar una tercera parte de los 3000 kilómetros de frontera que comparte con México. El objetivo era frenar la inmigración ilegal, pero más de 300.000 "espaldas mojadas" siguen cruzando a Estados Unidos cada año.

El estrecho de Gibraltar, cementerio marino desde hace años, no logró frenar el ímpetu migratorio de magrebíes y subsaharianos hacia Europa. Para mitigar el éxodo, el gobierno español comenzó a levantar a fines del siglo pasado en Ceuta y Melilla murallas de alambre de hasta 12 kilómetros de extensión, reforzadas con vallas tras las avalanchas humanas registradas en 2005. El "muro" español indigna a Mohamed VI. Al monarca alauí no le gusta que le sellen los pasos fronterizos con alambre de púa. Prefiere la arena, la piedra y las minas. Con esos materiales construyó su padre, Hassan II, el cinturón de más de 2700 kilómetros que puso coto a las demandas independentistas del Frente Polisario en el Sahara Occidental tras la espantada de España de la zona en 1975. Más de 120.000 soldados protegen esa interminable trinchera mientras 50.000 saharauis se agolpan en los campos de refugiados de Argelia.

Muros "religiosos"

En un gueto también pretende Israel que vivan los palestinos de Cisjordania. Desde 2002, los sucesivos gobiernos han hecho oídos sordos a los reclamos de la comunidad internacional para que suspenda una construcción que según el gobierno de Israel tiene por objeto proteger a sus ciudadanos contra los ataques suicidas de los palestinos. Pero el muro se ha construido casi en su totalidad en territorio palestino. Sólo una mínima parte se levantó siguiendo el trazado de la llamada "línea verde" que delimita la frontera histórica entre Israel y Cisjordania.

Los conflictos religiosos son campo abonado para la aparición de muros de la discordia. En Irlanda del Norte se los llamó sin sonrojo alguno "líneas de la paz". Aunque ya no hay "domingos sangrientos" en el Ulster, las tapias que separan los barrios católicos de los protestantes siguen en pie, como un amargo recuerdo para dos comunidades que todavía no han cicatrizado sus heridas.

A miles de kilómetros del Reino Unido, la India y Paquistán andan a la gresca desde que en 1947 los británicos decidieron partir en dos países su antigua colonia. Desde entonces, la región fronteriza de Cachemira, en territorio indio pero reclamada por Paquistán, es un polvorín. La respuesta india fue la construcción de varios cientos de kilómetros de muros y alambrados electrificados.

La caída del Muro de Berlín debió de servir de estímulo para derribar otros. Pero muy al contrario, las obras continúan. Kuwait erigió en 1991 un muro de cerca de 200 kilómetros para evitar nuevas invasiones de Saddam Hussein. Y en 2004, sin la amenaza ya de invasión, tapió su frontera norte.

Más lejos quedan aún los años de la Guerra Fría. Y, sin embargo, la zona de exclusión del paralelo 38 que separa a las dos Coreas es uno de los últimos símbolos de ese período de tensión bipolar.

Otras guerras, como las del narcotráfico y la pobreza, también se intentan ganar con la construcción de muros, como los que ordenó levantar el gobierno de Río de Janeiro a fines de 2008 bajo el argumento de que las favelas se estaban comiendo la vegetación de los cerros que dominan la ciudad. Pero las murallas de hormigón, con sus tres metros de altura, parecen diseñadas con otro objetivo: separar la opulencia de la marginalidad.

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