Otro tiempo

La trifulca política por los costos del alumbrado público extraordinario –a extraordinario costo para el contribuyente- lleva inexorablemente a la memoria a transitar por aquel escándalo del estacionamiento medido en el que tanto tuviera que ver el actual intendente Gustavo Arnaldo Pulti.
En estos días, dos concejales, Eduardo Abud (UCR) y Carlos Katz (CL), han desnudado las situaciones que surgen poco claras de la ejecución del programa de repotenciación del alumbrado público extraordinario en la ciudad. Según ha admitido el vecinalista Juan Junakovic, socio de de la empresa Suramero y contratista de Mantelectric -que oportunamente se alzó con la licitación-, la obra "es cara". Tal vez repasar la íntima historia del vergonzoso capítulo del estacionamiento medido permita entender mejor por qué la obra cuestionada es tan cara.

Robar al ciudadano/contribuyente ha sido y es parte de una historia común y aceptada. A poco de asumir la intendencia, Mario Roberto Russak imponía como uno de los ejes centrales de su gestión la privatización del sistema de estacionamiento medido. Desde el inicio, el tema en cuestión fue políticamente reñido, toda vez que la bancada radical se oponía, en tanto el justicialismo, liderado entonces por el extinto Ariel Peña, acompañaba bajo la excusa de que había que asegurar la gobernabilidad. En realidad, lo que se buscaba asegurar eran los negocios, por cierto muy jugosos.

En el trasiego de aquella ordenanza se dieron transacciones que involucraron, entre otros, a Ángel Salvia (asesinado luego por un sicario), "Tino" Fernández (dueño de Azucarera del Sud y, según distintas fuentes, enriquecido con maniobras de agio en los años de Isabel Martínez), y Roberto Porcaro (ex socio de Salvia, procesado por la estafa de mayor monto jamás verificada en Mar del Plata).

El escándalo estalla por la extensión de las dársenas de estacionamiento, que desbordaban el área tradicional e invadían barrios y todo el sector costero de la ciudad. ¿Por qué se llegó a tamaña torpeza? Por una cuestión de escala de negocios. La valoración del costo del estacionamiento, el precio de la unidad de tiempo es una decisión política, pero también parte de una ecuación económica que relaciona el valor del pliego, la cantidad de dársenas, el personal necesario, el equipamiento indispensable y el tiempo de concesión.

Según el propio Salvia me comentara, al tener que aceptar la inclusión de otra empresa y dividir la concesión en dos partes, los números se complicaron. Sin embargo, la cuestión fundamental fueron los pagos indebidos a concejales que argüían que así y sólo así (pagando por su voto) se lograba sacar la ordenanza.

Al desbordar la situación, pasaron dos cosas: que "Tino" Fernández, asustado, entregó toda la documentación reservada que explica la maniobra indebida a su amigo Florencio Aldrey Iglesias; y que Ángel Salvia habló, entre otros, con Adrián Freijo y con quien suscribe, para señalar, en su idea de las cosas, que él había "cumplido" y que lo estaban traicionando. Según supe años después de boca del propio Freijo, Salvia relató con detalle cuánto pagó y a quién -en particular hizo hincapié en los montos que recibieron Peña y Pulti, unos trescientos mil pesos/dólares cada uno-, y que su malestar radicaba en que no se sentía convenientemente defendido. Unos meses antes de morir, en un encuentro casual, Salvia refrendó ante mí todo lo dicho por Freijo.

No es una metáfora ni un paralelismo al azar el del estacionamiento medido y el alumbrado extraordinario. Tampoco se trata de alquimia: cuando un valor de obra no cierra, es porque la coima es tan brutal que distorsiona cualquier precio. Nada nuevo, sólo más de lo mismo.

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