Otro resultado electoral alejado de los registros del matrimonio Kirchner

Por: Eduardo Aulicino

La pelea entre primos -expresión de una debilidad crónica de la política local, con familias que se suceden en el control del poder y el recuerdo de varias intervenciones federales- dominó la elección de ayer en Corrientes, pero aún con esa carga propia dejó elementos para la lectura nacional. En cierta dimensión, no definitoria claro, la disputa entre Ricardo y Arturo Colombi aporta a la pulseada visible que se produce entre cobistas y sectores orgánicos en la UCR. Y en otra escala, el papel del peronismo conjuga distintos elementos que hablan otra vez del desfase entre la realidad y el registro kirchnerista.

En menos de dos años, también Corrientes dejó de ser una provincia aliada del poder de los Kirchner. Este turno de los comicios, con el antecedente de la elección de senadores y diputados del 28 de junio, terminó de sepultar formalmente a la ya fracasada experiencia de alianza entre radicales k y peronistas alineados con Néstor Kirchner y la Presidenta.

Esa fractura tuvo impacto en la gestión local. El vicegobernador, el peronista Rubén Pruyas, hace rato quedó enfrentado al gobernador Arturo Colombi, radical alineado con Julio Cobos. Pruyas fue como acompañante de Fabián Ríos, senador nacional kirchnerista anotado esta vez en la pelea por la gobernación.

La descomposición de la poco duradera Concertación tuvo a los correntinos en la primera línea. El gobernador Arturo Colombi estuvo en el pelotón inicial de radicales K que fue tomando distancia de ese ensayo, y quedó alineado con Cobos luego de la fractura del vice con el Gobierno. El vicepresidente renovó el apoyo a su aliado, aunque decidió no comprometer su presencia en la campaña.

Ricardo Colombi, ex gobernador, se ha arrepentido hace tiempo de haber sido el impulsor de la movida que convirtió a su primo en su sucesor. Quebrada la sociedad familiar, el ex mandatario resolvió ir a la pelea electoral acompañado por el radicalismo orgánico. Algunos dirigentes nacionales, como Gerardo Morales, asomaron por allí y estuvieron anoche en Corrientes.

La disputa ya se había visto reflejada en los comicios del 28 de junio. Las listas del gobernador se impusieron en la competencia para renovar bancas de senadores y diputados nacionales, con el 34,9 y el 35,7 por ciento. Segundo y por poco quedó esa vez el sector que fue con los colores de la UCR y la coalición opositora a nivel nacional, con el 33,4 y el 32,7 por ciento. Y tercero resultó el peronismo, con 25,2 y 25,6 en cada rubro.

Ríos, presidente de una comisión de peso en el Senado -la de Presupuesto- tuvo algunos reproches K por su estrategia electoral de entonces, porque decidió no competir por su reelección en la cámara alta. Se mantuvo alineado con Olivos, pero con algunas distancias. Hizo una alianza con Pruyas y apostó a canalizar el cansancio que fue produciendo la disputa familiar entre los Colombi, con cruces de acusaciones y denuncias que marcaron la campaña.

Con los números que se manejaban anoche, se planteaba un horizonte de ballottage, el 4 de octubre, entre los parientes radicales. El peronismo hacía una buena elección en la capital correntina, de la mano del medallista olímpico y candidato local Carlos Espínola. Pero en ese rubro, el que jugó antes e intentaba capitalizar ayer fue Daniel Scioli. El kirchnerismo no registró esa realidad.

El ex presidente y su esposa Cristina Fernández de Kirchner no se muestran preocupados en estas horas por esos temas: sus energías y operaciones apuntan a sostener la ofensiva para abrochar legisladores con el objetivo de imponer su ley de medios en el Congreso. Necesita de diputados y luego de senadores, no repara en nada más.

En rigor, el matrimonio presidencial actúa encerrado en su propio círculo. Desconoció el mensaje electoral del 28 de junio, cuando siete de cada diez votos expresaron de distinto modo un fuerte rechazo a las políticas K. Difícilmente atienda ahora a la señal que llega desde Corrientes.

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