Washington rechazó por completo la idea de cambiar los países que enriquecerían el uranio y acortar los plazos de entrega. Las Naciones Unidas ni siquiera consideran que tal cosa sea una contrapropuesta.
Pero lo cierto es que esta vez el malestar no es sólo de Estados Unidos. Ayer, aprovechando el marco de la conferencia internacional sobre seguridad en Munich, el director de la agencia de energía nuclear de la ONU, Yukiya Amano, se reunió con el canciller iraní, Manuchehr Mottaki. Para el funcionario persa, la conversación fue amable e interesante. Para Amano, en cambio, fue improductiva. "No había nuevas propuestas. No he recibido contrapropuestas de Irán", sentenció el diplomático.
No ahondó en detalles ni en ataques directos a Teherán, pero dejó en claro que para las Naciones Unidas la propuesta lanzada por el presidente iraní Mahmud Ahmadinejad no califica como una verdadera contrapropuesta. El martes, Ahmadinejad había reclamado cambiar los países destinatarios del uranio iraní y acortar el plazo para re-importarlo a sólo cinco meses.
La propuesta original del grupo 5 más 1 (Estados Unidos, Reino Unido, Francia, China, Rusia y Alemania) prevé que Irán consigne 1200 de los 1.500 kilos de uranio enriquecido al 3,5 por ciento del cual dispone y lo exporte a Rusia o Francia, donde será enriquecido hasta el 20 por ciento. Un año más tarde, el uranio será devuelto a Irán, listo para ser utilizado como combustible. De esa manera, las potencias garantizan que Teherán no podrá enriquecer clandestinamente más uranio para bombas nucleares.

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