Otro intento de EE.UU. en Honduras

Con la llegada sorpresiva del hombre de Washington, los zelayistas aún conservan la esperanza de que el Congreso nacional vote la restitución del presidente legítimo. Necesitan quince votos de legisladores que apoyaron el golpe.
La esperanza aterrizó otra vez en Honduras en un vuelo directo de Washington. El segundo hombre del Departamento de Estado para asuntos latinoamericanos, Craig Kelly, llegó ayer por segunda vez a Tegucigalpa para hacer un último intento. No tiene mucho margen de negociación. "El presidente Zelaya ya le dijo al embajador norteamericano que no volverá a dialogar con los golpistas. Fue un no categórico", explicó a este diario uno de los asesores de confianza del mandatario derrocado, Carlos Eduardo Reina. En la embajada brasileña los zelayistas están enojados, pero no obnubilados. Aún conservan la esperanza de que el Congreso vote la restitución de Zelaya, especialmente con la llegada sorpresiva del hombre de Washington.

El lunes a última hora de la tarde el embajador norteamericano en Tegucigalpa, Hugo Llorens, llegó al bunker zelayista para hablar con el presidente y sus asesores. No les garantizó que la Casa Blanca fuera a desconocer las elecciones hondureñas del próximo 29 de noviembre, como sí hizo ayer la OEA. Pero el embajador sí martilló con una expresión de deseo. "Nos dejó en claro que la prioridad de su gobierno antes de las elecciones es la restitución", relató Reina.

La posibilidad no está totalmente muerta, como muchos zelayistas habían pronosticado el viernes pasado, cuando Zelaya dio por fracasado el acuerdo. El jueves a la noche el dictador Roberto Micheletti había anunciado, con una sonrisa que proyectaba orgullo, la creación de un supuesto gobierno de unidad nacional, que incluía miembros de todos los partidos y organizaciones que habían apoyado el golpe, pero ningún zelayista.

El anuncio sirvió para forzar la ruptura del acuerdo y el diálogo, pero no derivó en un nuevo gobierno, como había prometido el presidente de facto. Todo quedó en stand by desde el viernes y, por eso, el gobierno norteamericano cree que todavía hay espacio para relanzar el acuerdo. Los zelayistas concuerdan. "Le pedimos al Congreso que repare el daño que le hizo a la nación y lo haga lo antes posible. Esa es la presión que la comunidad internacional debe hacer ahora", explicó el asesor del presidente derrocado.

Esa parece ser la misión de Kelly, que tendría dos días para cumplirla, según informó la prensa golpista local. Ayer tenía programada una reunión en el Palacio de Gobierno con Micheletti y de ahí se iría directamente a la embajada brasileña para encontrarse con Zelaya. No serán necesarios los saludos protocolares ni las cortesías. El subsecretario adjunto para América latina y los dos dirigentes hondureños se vieron las caras hace menos de dos semanas, cuando sellaron la firma del acuerdo junto al ya ex subsecretario de Estado para América latina Thomas Shannon y el asesor de la Casa Blanca para la región, Dan Restrepo.

Como en ese primer viaje, Kelly deberá torcer el brazo de los golpistas, pero esta vez de forma definitiva. Los zelayistas sólo cuentan con 40 votos seguros en el Congreso, según confió uno de los negociadores, por lo que necesitan el respaldo de al menos 15 diputados que hayan apoyado el golpe.

Pero no es tan fácil. Además de conseguir los 15 votos, la delegación norteamericana deberá destrabar las consultas enviadas por el Congreso hondureño a la Corte Suprema, la Procuraduría nacional, la Fiscalía y el Comisionado de Derechos Humanos. Esas instituciones recibieron el texto del acuerdo hace más de una semana, pero todavía no dieron ninguna señal. Amparadas en ese silencio, las autoridades del Congreso se niegan a convocar una sesión para discutir la restitución de Zelaya.

Ayer, desde Washington, la OEA intentó aumentar la presión sobre el régimen. "Desde el punto de vista político no existe ninguna condición para enviar una misión electoral a Honduras", sentenció el secretario general José Miguel Insulza en una sesión extraordinaria del Consejo Permanente. En otras palabras, no reconocerán los comicios. La amenaza llegó hasta Tegucigalpa, pero casi ni se sintió entre los candidatos. "Lo importante es que EE.UU. apoya las elecciones", señaló Porfirio Lobo, un miembro del comando del favorito.

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