Otro golpe para la economía de EE.UU.

Chrysler informó que cerrará una de cada cuatro concesionarias; crece el temor por el desempleo, que fue superior al esperado
WASHINGTON.- El gobierno de Barack Obama respaldó ayer como "un sacrificio necesario para el éxito de la compañía" la decisión de la automotriz Chrysler de eliminar como parte de su proceso de quiebra una de cada cuatro concesionarias de su vasta red, lo que podría ser un mazazo económico para muchas ciudades del país que dependen de esa actividad.

"Entendemos que esta racionalización será difícil para las concesionarias y para las comunidades en las que operan. Sin embargo, sus sacrificios, junto con los de los trabajadores, proveedores y acreedores, son necesarios para que esta compañía y el sector tengan éxito", señaló, en un comunicado, el Departamento del Tesoro.

"La verdad es que todavía estamos procesando la información. No sé qué haré", dijo uno de los responsables de las 3200 oficinas de venta que tiene la empresa. Y que, al igual que los demás, no sabía qué pasará con su futuro, porque la firma apenas había iniciado el proceso de comunicar a quiénes les tocaba el cierre.

El anuncio, hecho ante un tribunal de quiebras, fue un golpe durísimo para un país que siente orgullo por su industria automotriz. Y se suma a una catarata de datos poco alentadores sobre el curso de la economía, también conocidos ayer.

Por caso, según datos oficiales, aumentó más de lo esperado el número de personas que pidieron ayuda federal por desempleo. Y, de acuerdo con opiniones coincidentes, eso refleja, en parte, la crisis del sector de autos.

En efecto, el Departamento de Trabajo cifró en 637.000 la cantidad de solicitudes de ayuda por falta de empleo. Eso supera las 610.000 esperadas por los analistas. Y quiebra una tendencia a la baja que se había registrado durante las últimas semanas, que había alimentado la esperanza -ahora, otra vez debilitada- de que lo peor de la recesión hubiera empezado a quedar atrás.

En forma paralela, las cifras oficiales indicaron un aumento del 0,3% de los precios mayoristas, en lugar del 0,1% que esperaban los analistas privados.

Pero todo eso se hubiera digerido mejor sin el duro golpe del fuerte ajuste anunciado por Chrysler, una empresa que recibió ya más de 4000 millones de dólares en ayuda del gobierno para intentar evitar su cierre. También General Motors ha recibido ayuda oficial de parte del gobierno para intentar mantener su operación en marcha.

Ford, el otro gigante de los autos, no ha necesitado ayuda. Y se mantiene a flote, si bien sus autoridades anunciaron ayer una caída de hasta 15% en el sector pese a las ayudas del gobierno al resto de la industria.

El consejero delegado de Ford, Alan Mulally, confía en que los paquetes de estímulo económico reactiven en todo el mundo las ventas de automóviles en los próximos meses, si bien para fines de 2009 se espera una caída de la demanda global del 15%.

En su intervención ante la junta general de accionistas de la empresa, Mulally aseguró que la compañía está preparada para sobrevivir a la grave crisis que atraviesa el sector.

"Somos diferentes de las otras compañías", afirmó el directivo, en referencia al hecho de que sus otros dos rivales -General Motors y Chrysler- sí han necesitado ayudas económicas gubernamentales para mantenerse.

Pero en el caso de Chrysler -el fabricante del emblemático Jeep- la ayuda no fue suficiente. Y ayer, para la desazón colectiva, anunció que no tenía más salida que cerrar una de cada cuatro sucursales de su vasta red, con más de 3200 distribuidoras.

"Son demasiadas", dijeron en la empresa. Y el gobierno de Barack Obama no sólo lo entendió, sino que pidió a la población -y, especialmente, a los afectados- un esfuerzo para comprender el mal trago. "Es un sacrificio necesario", subrayó.

La compañía automotriz comunicó que pretende tener vendedores más sólidos, con mayores márgenes de ganancias y mejores instalaciones, según explicó su vocera, Kathy Graham. La comunicación inicial formó parte, en rigor, de un documento presentado a la Corte Federal de Quiebras en Nueva York.

Lo que hizo Chrysler fue solicitar al juez de Nueva York que supervisa su suspensión de pagos, Anthony González, que permita la cancelación de los contratos firmados por la empresa con 789 concesionarias "para conservar dinero" y concentrarse en aquellas que son más rentables.

"Con enorme tristeza debemos tomar las medidas para finalizar algunos de nuestros acuerdos", afirmó Steven Landry, vicepresidente ejecutivo de Chrysler para ventas y mercadotecnia en América del Norte.

Landry dijo que esas 789 concesionarias representan apenas el 14% del volumen de ventas de la empresa.

Desde el pasado diciembre, el gobierno estadounidense ha prestado a Chrysler 4000 millones de dólares y le ha prometido miles de millones de dólares más si el fabricante consigue reestructurar su deuda y obligaciones financieras.

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