Otro dilema para Kirchner

Por Carlos Pagni

Desde la Navidad ha comenzado a registrarse un movimiento decisivo para el resultado de las elecciones de octubre: la soja recuperó el 10% de su precio. La tendencia es vacilante, pero si llegara a mantenerse los Kirchner estarán menos asfixiados por la crisis fiscal.

Los productores agropecuarios también mejorarían el pésimo humor de los últimos meses. El precio de la soja es una variable macro en la Argentina: el kirchnerismo sólo puede evitar su derrumbe electoral si es capaz de ensayar un programa agropecuario queincluya una rebaja significativa de las retenciones. También en 2009 el comportamiento del campo será determinante para la vida pública.

En los últimos días los chacareros comenzaron a vender la soja que, a falta de precios razonables, habían guardado. El viernes pasado la tonelada cotizó a 807 pesos, que es lo que queda al productor una vez que el Estado retiene el 35%.

Ochocientos es el número mágico para un producto que se había derrumbado hasta 680, después de tocar el techo de los 920 pesos.

Los expertos observan un detalle: al cabo de mucho tiempo se rompió la correlación entre el precio de las oleaginosas y el del petróleo, que sigue bajando más allá de la ínfima recuperación que derivó de los bombardeos israelíes en Gaza.

Estos fenómenos inspiran algunas hipótesis: por ejemplo, que el consumo asiático de proteínas no será tan afectado por la recesión internacional como se preveía. También se especula con que los precios seguirán subiendo cuando Barack Obama inaugure su presidencia verde, con anuncios a favor de los biocombustibles, sobre todo del etanol y de los derivados de desechos forestales. Son incógnitas cruciales para el rincón del mundo que gobiernan los Kirchner.

El año pasado el Tesoro obtuvo más del 15% de sus ingresos de las exportaciones agropecuarias: 11.000 millones de dólares. Con los números de hace tres semanas, esa recaudación sería de apenas 6150 millones. Si la tendencia que se insinúa para los cereales se mantiene, tal vez Cristina Kirchner pueda evitar el default de los bonos emitidos por su esposo.

En la Casa Rosada disimulan la posibilidad de un colapso fiscal. Repiten como una letanía que la moratoria impositiva colectará 13.000 millones de pesos, lo que equivale al 5% de la recaudación de un año. Ningún antecedente superó el 3%. Pero Ricardo Echegaray cree que producirá el milagro que no alcanzaron los tributaristas profesionales.

El nuevo recaudador también debe organizar el blanqueo en el que prometen desnudarse algunos amigos de Olivos. Vencido el plazo de esas operaciones, deberá lanzar una guerra florida contra los evasores, como exige la avidez de Néstor Kirchner. Echegaray está en la AFIP para sugerir esa secuencia.

La Presidenta y su esposo también festejan que dejarán de gastar 18.000 millones de pesos en subsidios energéticos.

Se debe a la reducción del precio de los combustibles que importa laArgentina. Pero también a que, con la actividad económica, caerá mucho el consumo de hidrocarburos (y la recaudación, claro).

Sin embargo, el factor determinante de este ahorro es el formidable tarifazo que viene disponiendo el Gobierno: el 45% de los clientes domiciliarios de gas y electricidad recibirán facturas con aumentos que van, según sea su nivel de consumo, del 60 al 400%. Y todavía falta ajustar el boleto de colectivos, subtes y trenes.

El fracaso de la política tarifaria del kirchnerismo quedó demostrado en estos días. Los aumentos son descomunales y, además, inoportunos: se disponen cuando el nivel de actividad comienza a desplomarse.

Después del default de TGN, que fue el desenlace de la misma falta de estrategia oficial, Julio De Vido se apresuró a aumentar más del 100% los ingresos de Autopistas del Sol, que seguía los pasos de latransportadora de gas. En la Anses estudian ahora una asistencia a YPF, que en febrero debe rescatar un bono por 240 millones de dólares.

Kirchner está acobardado ante la idea de una cesación de pagos en cadena, que comience en las compañías y termine poniendo en tela de juicio la solvencia del Estado.

Por eso el secretario de Finanzas, Hernán Lorenzino, preparó el martes pasado el decreto de la negociación del canje con los tenedores de bonos en default (holdouts).

La oportunidad

Los Kirchner son de llegar tarde: como con las tarifas, también en este frente dejaron pasar la oportunidad.Más allá de sus flaquezas legales, la operación será un simulacro de la que se había planeado en agosto, cuando el ex presidente festejaba un ingreso adicional de 3000 millonesde dólares.

En un trance de iliquidez como el que atraviesan hoy los mercados, no hay inversores dispuestos a comprar bonos argentinos. Los que se emitieron hace tres años cotizan a precio de default. Por eso este ensayo de canje sólo entusiasma a quienes, en el seno del Gobierno, aconsejan un reacercamiento con el Fondo Monetario Internacional una vez que Timothy Geitner se haga cargo del Tesoro de los Estados Unidos.

Como para el kirchnerismo la incoherencia no tiene secretos, los funcionarios pueden soñar con un préstamo del Fondo y, al mismo tiempo, defender un blanqueo sospechoso (algunos bancos internacionales ya recibieron advertencias desde sus casas matrices) y otro avasallamiento sobre un ente profesionalizado como la AFIP.

Después de desplazar a los principales técnicos del organismo, Echegaray explicitó su cometido ante los que quedaron: "A partir de ahora esta institución debe plegarse a la lógica de un proyecto político".

Los dos factores que para Machiavello determinan la política conspiran hoy contra los Kirchner: a su ya conocida falta de pericia la crisis internacional le sumó la mala suerte.

Es lógico, entonces, que le prendan una vela a la soja. También se lo exige el calendario electoral. Si desde la administración central no se realizan gestos hacia los productores agropecuarios, las perspectivas del peronismo en provincias como Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos son negras.

Los candidatos del PJ que dependan del voto rural enfrentan una encrucijada: o consiguen del Gobierno un conjunto de medidas alentadoras para ese electorado o levantan una ola de disidencia contra la Casa Rosada que conduciría a una crisis de desenlace imprevisible.

Los productores perdieron mucho dinero en la campaña del trigo y tal vez les suceda lo mismo con la del maíz y el girasol, que se realiza entre febrero y marzo.

Por eso apuestan a una recuperación en el precio de la soja, que se cosecha entre marzo y mayo.

Hay funcionarios que, confiados en las buenas relaciones de Débora Giorgi, alientan un pacto agropecuario para esa fecha. "Si estuvimos a un paso de reducir en 5 puntos las retenciones a la soja cuando el precio era de 300 dólares, ¿por qué no lo vamos a hacer ahora que ya tocó los 360? No hay que esperar que la Mesa de Enlace nos aplauda. Pero podríamos evitar una protesta", razona un ministro.

La reapertura del diálogo con el campo se irá convirtiendo en el principal desafío de importantes dirigentes del PJ hacia Néstor Kirchner.

La principal dificultad para ese proceso sigue siendo el modo con que el santacruceño contempla a la sociedad: allí donde hay productores enojados que, en su mayoría, votaron por su esposa, él sigue viendo una oligarquía destituyente. En 2008 ese malentendido lo debilitó. Este año puede llevarlo a la ruina.

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