Otro avance de los Kirchner para consolidar influencia en el Central

Por: Eduardo van der Kooy

Mercedes Marcó del Pont estuvo en diciembre pasado con un pie fuera del poder kirchnerista. Desde ayer --aunque resta que su designación sea aprobada por el Senado-- se convirtió en la sucesora de Martín Redrado y también de Miguel Angel Pesce en la presidencia del Banco Central.

¿Cómo se produjo ese viraje brusco?. ¿Qué razones incidieron para que Néstor y Cristina Kirchner revisaran una decisión que estuvieron cerca de tomar?. Hubo una combinación de factores: los límites que muchas veces impone la realidad; la crisis incipiente, por entonces, en el Central que derivó luego en una crisis de grandes dimensiones; las necesidades y las carencias políticas oficiales de este tiempo.

Marcó del Pont iba a dejarle la titularidad del Banco Nación al gerente general, Juan Carlos Fábrega. El funcionario es un hombre de confianza del matrimonio presidencial desde las épocas de Santa Cruz. Tal vez no es ese, en las presentes circunstancias, su pergamino mas preciado. Ha sido útil, sobre todo, por su paciente labor en algunos sectores de la Justicia. Conversó mucho con el juez Norberto Oyarbide sobre la causa del crecimiento patrimonial de los Kirchner, a quienes finalmente sobreseyó. Lo hizo casi en simultáneo con el dictado de prisión para el sindicalista Juan José Zanola, por la causa de la mafia de los remedios.

Nunca podrá saberse si Fábrega fue, en efecto, el mensajero que le solicitó a Oyarbide, por indicación de Kirchner, que aquella causa debía estar cerrada antes de fin de año. Se trata, al fin, de una anécdota. Pero el sobreseimiento llegó cuando promediaba diciembre.

Cuando el proyecto de encumbrar a Fábrega en la jefatura del Nación tomó estado público, Cristina resolvió por decreto renovarle la permanencia a Marcó del Pont. Aquí las interpretaciones se bifurcan: hay quienes aseguran que, sólo para desmentir las versiones periodísticas, los Kirchner resolvieron confirmarla; otros señalan que el matrimonio prefirió no levantar nuevas olas. Las aguas habían empezado a agitarse por el Fondo del Bicentenario y la resistencia de Redrado a desbloquear el uso de reservas.

Bastaría reparar en la cronología política de esos días para comprender lo que pasó. La Presidenta dictó su DNU para despedir a Redrado del Central el 7 de enero. El mandato de Marcó del Pont caducó el 8 de ese mes. El decreto de su confirmación fue publicado en el Boletín Oficial el lunes 11.

¿Una maniobra cavilada desde esos días para promeverla al Central?. Nada de eso. Sólo la pretensión de no añadir problemas donde ya abundaban. De nuevo habría que recurrir a la reconstrucción cronológica: el día en que Cristina quiso echar a Redrado, Amado Boudou anunció que su reemplazante sería Mario Blejer. El economista estaba fuera del país, de vacaciones. Cuando regresó se encerró en un silencio que no abandonó, por lo menos hasta anoche.

El recorrido de los Kirchner mutó, en un mes, desde la idea de Blejer hasta la designación de Marcó del Pont. No se trataría de comparar bagajes ni personalidades: pero parecieran notorios los contrastes políticos que representan el ex titular del Banco Central y ex funcionario de organismos internacionales y la mujer recién nombrada.

Esas diferencias corroborarían, además, las características presentes del Gobierno: improvisación, exagerado tacticismo y carencia de visión que supere el corto plazo.

El corto plazo es la puja por el Fondo del Bicentenario y la utilización de las reservas que se planteó como la primera gran confrontación entre el Gobierno y una oposición que recobró alguna fuerza luego de haber atravesado un largo desierto entre las elecciones de junio y la renovación del Congreso.

Los Kirchner se aprestan para continuar esa batalla. En esa batalla están los 6500 millones de dólares que Redrado bloqueó pero, sobre todo, las arcas del Central cuya carta orgánica traza algunas fronteras claras a las ambiciones del poder político. Cristina lo explicó ayer en la conferencia de prensa: supone que el funcionamiento del Banco responde a las lógicas económicas de los 90. Recordó que, cuando era diputada, Marcó del Pont presentó, sin fortuna, un proyecto para modificar aquel sentido.

Valdría precisar algo: ese mismo proyecto, que promueve una participación mas activa de la entidad en la economía interna, fue descalificado en su momento por los Kirchner. El desinterés enfrió la relación con la flamante titular del Banco Central que se sintió destratada, más de una vez, por el ex presidente.

Quizás el mayor desafío que le aguarda a Marcó del Pont no sea la nueva tarea ejecutiva. Habrá que observar que sensibilidad política demuestra para no convertirse en un apéndice de los proyectos del matrimonio presidencial.

El papel del Congreso, en este aspecto, será clave otra vez. Como lo ha sido en la salida de Redrado. Sin decirlo, Cristina incineró ayer el DNU con el que había querido fulminarlo.

Una derrota en esa pelea. Pero sólo una pelea de las muchas que están todavía por venir.

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