Otro anzuelo con carnada nacionalista

Por Fernando Gonzalez

A Néstor Kirchner podrán achacarle muchas cosas pero nunca podrán acusarlo de falta de creatividad. La reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, la penúltima iniciativa urdida en la Quinta de Olivos, es el anzuelo ideal para captar a la dirigencia opositora que aún sospecha que detrás del proyecto kirchnerista se esconde algún atisbo de progresismo económico.

Hay que concederle a los Kirchner que el envoltorio político es atractivo. Poner el Banco Central al servicio de un proyecto económico "nacional"; terminar con la autonomía monetaria que impuso el "Consenso de Washington" de los ‘90; usar reservas para armar una "banca de desarrollo". Todos conceptos bonitos y agradables al oído sensible del arco de centroizquierda con el que Kirchner buscará completar el número para poder ganar la batalla adversa en el Congreso.

Pero detrás de todas esas promesas están Néstor y Cristina, al frente de un gobierno que busca oxígeno financiero para recuperar la iniciativa política perdida. El discurso del nacionalismo económico que blanden como escudo se contradice con esa declaración jurada en la que brillan los depósitos a plazo fijo en dólares y la compra oportuna de moneda extranjera justo mientras publicitaban la estatización de los fondos de las jubilaciones privadas.

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