Otro acto desesperado

Por Joaquín Morales Solá

Los Kirchner no quieren, definitivamente, que el próximo Congreso resuelva sobre la reforma política. En una vertiginosa escalada sobre las instituciones, el perdidoso kirchnerismo está modificando con profundidad cuestiones cruciales del sistema democrático. El régimen electoral, la relación del Estado con los medios periodísticos, el destrato al Congreso y la propia independencia de la Justicia se encuentran en una zona riesgosa e incierta. Un kirchnerismo débil y extenuado resultó más peligroso para la democracia que las transgresiones que cometía cuando ganaba elecciones.

Cristina Kirchner decidió ayer la ampliación de las sesiones ordinarias del Congreso al solo efecto de que el Senado, con su actual composición, aprobara la llamada reforma política. Abandonado por la oposición no peronista, por el peronismo disidente y por los partidos de centroizquierda (según la experiencia en Diputados), el Gobierno hubiera tenido en el próximo Senado dos alternativas: aceptar reformas importantes a su proyecto o enfrentar otra derrota parlamentaria.

Muy pocas cosas dentro de una democracia requieren un amplio consenso como es el caso del sistema que dispone la vida y la muerte de los partidos políticos, la manera de elegir candidatos y el modo de votar. La democracia es la presencia constante del disenso. Sin embargo, están excluidos de esas discusiones la existencia misma de la democracia como forma de gobierno y el método para elegir a los representantes de la sociedad en el poder político.

Así las cosas, los Kirchner siguen inscribiéndose con más vocación que antes en la corriente latinoamericana que integran Hugo Chávez, en Venezuela; Rafael Correa, en Ecuador; Evo Morales, en Bolivia, y Daniel Ortega, en Nicaragua. Todos ellos decidieron cambiar las reglas del juego constitucional o electoral en medio del partido. También el depuesto presidente de Honduras Manuel Zelaya se aprestaba a ignorar la Constitución de su país cuando un golpista más decidido que él, Roberto Micheletti, lo tumbó durante una noche ingrata.

La fotografía de ayer en el Senado es patética: el Gobierno quedó solo con su reforma política. Todos los otros partidos lo dejaron en el más absoluto desamparo. "Será una reforma política sólo del Frente para la Victoria, ni siquiera incluirá al peronismo", se enardeció el jefe del bloque radical, Ernesto Sanz, próximo presidente del radicalismo. ¿Qué objetivo persigue el Gobierno? "Demostrar que para ellos es mejor gobernar con la prepotencia. No hay otra razón", dijo Sanz.

El dilema de la izquierda

La izquierda también está enfurecida. Incluso, la principal referente del Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST), Vilma Ripoll, estuvo ayer en el Senado y les anunció a los senadores oficialistas que usará toda su influencia en las comisiones internas de los subterráneos y de Kraft, entre otras empresas, para desatar una ola masiva de protestas contra la reforma electoral. Desde ya, el peronismo disidente tampoco acompañó al kirchnerismo en su embestida parlamentaria.

A estas alturas, está claro que Néstor Kirchner sólo quiere esa reforma para alargar su poder hasta agosto de 2011. Las internas abiertas y obligatorias están establecidas en el proyecto para 60 días antes de las elecciones nacionales. La ausencia de candidatos presidenciales formales durante más de un año y medio (sólo podrá haber candidatos virtuales) permitiría la conservación del poder de los Kirchner, según la opinión de éstos. Pero el poder nunca fue el producto de la sola escritura de las leyes.

Corrupción

Los Kirchner deberían preocuparse más por los casos de presunta corrupción que se ventilan en la Justicia. La presión oficialista sobre las instituciones en los últimos tiempos es proporcional al estallido de escándalos que ponen en duda la moral de los gobernantes. El pasmoso incremento del patrimonio de la pareja presidencial empujó al contador de la familia, Víctor Manzanares, a una apresurada visita al juez Norberto Oyarbide, que investiga el caso, según la confirmación que el magistrado hizo de una noticia publicada por LA NACION el domingo pasado.

¿En qué medida están comprometidos los Kirchner en esa causa como para que el contador familiar haya decidido presentarse ante el juez y no esperar la convocatoria de éste? Manzanares se reunió mucho antes con un comedido delegado de la AFIP, que descubrió que la declaración jurada de bienes del matrimonio presidencial no cerraba por ningún lado.

La relación de los Kirchner con Chávez, y la intermediación del otrora influyente Guido Antonini Wilson, está dejando en las puertas de los tribunales al todopoderoso ministro de Planificación, Julio De Vido. Entre De Vido y los Kirchner media un solo paso; el ministro ha sido, y es, el operador más confiable de Néstor Kirchner desde que éste era gobernador de Santa Cruz. Antonini Wilson saltó a la fama cuando ingresó en el aeroparque de Buenos Aires una valija con 800.000 dólares. Viajó en un avión rentado por una empresa que depende de De Vido y estaba rodeado por funcionarios argentinos del área que comanda el ministro de Planificación.

La prensa no podía estar ausente de semejante presión institucional. El lunes pasado, se presentó en las oficinas de Papel Prensa el nuevo jefe de la Sindicatura General de la Nación, Daniel Reposo, para hacer lo que su defenestrado antecesor, Carlos Pacios, se había negado: presionar y hostigar a la empresa que abastece de papel a 170 diarios del país. El mismo día, el nuevo titular de la Comisión Nacional de Valores, Alejandro Vanoli, ordenó cuestionar las actas del directorio de Papel Prensa, que es también lo que rechazó hacer su eyectado predecesor, Eduardo Hecker. Vanoli les inició sumario a todos los miembros del directorio de la empresa papelera.

La oposición, empezando por el propio radicalismo, se siente acorralada. Los legisladores son ninguneados o sometidos a la constante práctica del travestismo político. Los jueces son sometidos a la presión intensa del oficialismo, justo cuando los magistrados deben averiguar sobre un número exorbitante de supuestos hechos de corrupción oficial. La persecución sobre los medios periodísticos independientes está cobrando un ritmo ya muy peligroso. Todo se parece demasiado al acto desesperado del herido que mata antes de morir.

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