Otra vuelta de tuerca

Anuncios con liturgia novedosa para el estilo kirchnerista. La reacción de los empresarios. Lo mejor y lo peor del paquete, lo que falta. Nuevos rebusques de los fugadores de divisas. La conservación de los puestos de trabajo, tratativas y pactos. Por Mario Wainfeld
Un paquete de medidas económicas, mayormente agradables al paladar de las corporaciones empresarias (recogiendo reclamos clásicos), anunciado en sus propias casas.

- Una ministra nueva para una cartera resucitada, bendecidos ambos por sus interlocutores de la sociedad civil.

- Una jura en el Salón Blanco, con la presencia de la flor y nata de las patronales, incluidos integrantes de la Mesa de Enlace desterrados de la Casa Rosada últimamente.

- Una plática con la jerarquía de la Iglesia Católica, respetuosa e institucional, engalanada por el compromiso presidencial de asistir a una misa fuertemente simbólica.

La agenda de Cristina Fernández de Kirchner podía haber sido el menú convencional de cualquier presidente de los últimos años para momentos de zozobra. De cualquiera, menos de Néstor Kirchner o de ella misma, hasta ahora. En ese lapso, lo suyo fue deslindar al Gobierno de los poderes fácticos, imponer autoridad marcando distancia. El criterio dominante, a la hora de tomar decisiones, era acentuar su autonomía (y aun sobreactuarla retóricamente), sorprender, traccionar al resto.

La liturgia de esta semana innova bastante, sin renegar de obsesiones del kirchnerismo: la iniciativa, el nivel de actividad y empleo, la consistencia y liquidez fiscal.

La gestualidad fue distinta, más amigable. Imposible saber si es perdurable o un hecho aislado. La magnitud de la crisis y la suma de errores del oficialismo hacen aconsejable revisar el mecanismo binario que signó el conflicto con “el campo” y que obró el indeseable milagro de aglutinar un frente opositor vastísimo, diseminado y carente de mística hasta entonces. El reto de repechar la cuesta aleccionó al kirchnerismo para revisar su manejo en el Congreso. Tal vez también se esté reperfilando la relación con los sectores productivos y los poderes fácticos. En alguna medida es necesario, es imposible construir un liderazgo de crisis sin abrir la escucha, sin generar relaciones de ida y vuelta, sin contener y emitir calma. El punto es no desbandarse, conseguir un equilibrio que no lograron varios gobiernos previos, llevados de las narices por los poderes fácticos. Kirchner jugó otras barajas: obtuvo sus mejores logros cuando la sociedad convalidaba el crecimiento de la concentración del poder público como recurso para salir del pozo.

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Lo importante es producir: El Ministerio de la Producción, que busca lleno de esperanzas un conjunto de oficinas para aposentarse, es un odre que habrá que llenar. Cuando se conozca el vino, se lo podrá catar.

La recreación del ministerio rondaba la cabeza de los Kirchner, se pensó cuando fue elegida la presidenta Cristina. Se dejó de lado. Meses atrás, una mano derecha de la Presidenta sondeó al ex ministro de Economía Miguel Peirano por si le pintaba volver al gabinete, en un área vinculada con la industria. No hubo más precisiones, quizá porque Peirano ratificó los motivos que lo llevaron a renunciar. Habló de cuestiones personales y familiares, que existen. Se sabe también que Peirano no quiere tener más roce con Guillermo Moreno, el comodín gubernamental que exaspera a un número creciente de sus compañeros de gestión.

Débora Giorgi tendrá que vérsela con esa asfixiante herencia institucional (un hipersecretario que todo lo sabe y en todo interviene) y ver cómo articula los reclamos insaciables de quienes la ovacionaron.

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Cien blancos, plata negra: Las medidas buscan varios efectos simultáneos. El más general es mostrar que la reacción ante las dificultades es redoblar los aspectos virtuosos del “modelo” (nivel de actividad, empleo, capacidad recaudatoria) y seguir la brega por objetivos no concretados totalmente (formalización laboral). O sea que la política económica de crisis no es contractiva, no desprotege a los trabajadores, no constriñe el mercado interno. Es más fácil compartir esos fines generales que creer en la eficacia de las acciones en cuestión.

La única medida que va al corazón de la etapa, el plan de obras públicas, es por ahora un título sin desarrollo. O sea, lo más importante está por hacerse y aun por contarse. El oficialismo trabaja a machamartillo para articular ese plan keynesiano ciento por ciento que mataría varios pájaros con una sola piedra. El líder de la Uocra, Gerardo Martínez, participa en esas reuniones, en las que se trata de maximizar la potencialidad mano de obra intensiva del programa.

Hay duda sobre el impacto real de las normas que fomentan la creación de empleo, pero se trata de un mensaje valorable. Podrán ser inocuas o poco eficaces, pero nada tienen de nocivas.

El blanqueo de capitales, en cambio, decepciona desde el punto de vista ético y resiente la construcción de una cultura tributaria en la que el kirchnerismo ganó algún terreno.

Para colmo, no se olfatea que sea funcional para revertir una larga costumbre del capital nacional que tiene un pico coyuntural en los meses recientes. La desconfianza recurrente, el ideologismo de los capitalistas criollos, la añeja ciencia de repartir los huevos en varias canastas han de ser parte de los factores que confluyen para que salga dinero. No da la impresión de que una baja carga impositiva baste como seducción para revertir el flujo. Tal vez les sirva a quienes están muy asediados por la Justicia. Una suerte de pago comprando impunidad, que la autoridad no debe propiciar.

Hace unas semanas, el Gobierno complicó un mecanismo legal de salida de divisas, apodado “contado con liquidación”. Se compraban en la Bolsa local bonos públicos o acciones cotizables en el extranjero, se revendían de volea fuera del país. Los pesos devenían dólares en un santiamén. El Gobierno reforzó los controles, frenó las maniobras elusivas, no ilícitas en principio. Decimos en principio porque las investigaciones de la AFIP se toparon con asombrosos sujetos de crédito, testaferros a gritos: carenciados que compraron millones en una sola ronda o monotributistas que invierten como si fueran George Soros. Esa canilla podría cerrarse más si el Gobierno achicara a la mitad las cifras remesables en forma legal, dos millones de dólares por mes. La idea se elevó a la Presidenta, está frenada de momento.

El activismo empresario sigue encontrando vías de salida, triangulaciones por vía de las SAFI, las sociedades-pantalla que se constituyen en Uruguay. Y también son importantes las remesas de dividendos o utilidades de multinacionales a sus países de origen. El proyecto de ley que nos ocupa propala un pésimo mensaje y suena ineficaz en el contexto.

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Paridades: De tan pipones y sorprendidos, los popes empresarios suspendieron por algunos días su reclamo de apreciación del dólar. Pero insistirán, cuando Giorgi los comience a atender. El tipo de cambio competitivo (una pata del trípode del “modelo”) es cosa del pasado. Las tasas siderales de interés completan un combo que incita más a la especulación financiera que a la colocación productiva. Desde luego, una caída súbita del peso puede tener contraindicaciones que deben atenderse. En varios niveles del Gobierno y (por unanimidad) en el empresariado se piensa que son inferiores a las restricciones impuestas por la ecuación actual. Los anuncios flamantes enriquecen la argumentativa. “Con este esquema, nadie vendrá a comprar activos, están caros en dólares. Si se revalúa, hay mejores perspectivas para que se traiga plata y se blanquee”, se entusiasma Bill Market, asesor financiero que se aviene a charlar con Página/12.

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Puestos y no fuentes: En Trabajo y en la Rosada no se habla de “conservar las fuentes de trabajo” sino de “los puestos de trabajo”. No de mantener abiertas las fábricas sino de conservar toda su dotación de empleados. Ambición más elevada, que se trata de sostener con intervención activa y preventiva en los conflictos. Dos negociaciones tuvieron repercusión mediática. La primera es la de la filial de General Motors en Santa Fe, que fue presentada como un acuerdo con concesiones gremiales, cuando en realidad las tratativas no habían terminado. Un proverbial “Gordo” de la CGT, José Rodríguez, le hizo saber personalmente a la Presidenta que no consentirá un solo despido de una patronal “que se la llevó con pala”. Y que, contrariando sus hábitos de las últimas décadas, está dispuesto a escalar conflictos si las patronales no acuerdan mecanismos que garanticen el nivel actual de ocupación. En la General Motors no se llegó a un acuerdo precisamente por eso.

Las automotrices y el Smata tienen gimnasia y un menú de mecanismos que fueron usados otras veces. Frenado el primer reflejo de despedir por si acaso, las patronales buscan caminos alternativos, dejando intocados a los trabajadores en relación de dependencia y avanzando sobre gente con otro tipo de contrataciones. El mapa del sector abarca varias: empleados temporarios, tercerizaciones, subcontrataciones, entre otras. Se trata de los eslabones más vulnerables de la cadena. El gobierno nacional pispea atento las negociaciones que están en órbita del Ministerio de Trabajo santafesino. Si se estancan o fracasan, podría meter baza la cartera de Carlos Tomada.

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La paz social vale oro (negro): Los sindicatos y las patronales petroleras firmaron un pacto suspendiendo las negociaciones colectivas a cambio de mantener los puestos de trabajo. Un convenio de “paz social” en una actividad muy conflictiva, que se despliega en la dura Patagonia donde las huelgas a veces producen secuelas violentas. Como en las automotrices (y aún más) es un sector con sueldos comparativamente muy altos. La representación gremial está muy diseminada, casi todas las provincias tienen su sindicato propio. Así las cosas, los convenios firmados por alguno inciden en reclamos ulteriores de otro, que se encadenan. Las empresas se quejan de la abundancia de paros y tomas y afirman que su dureza y prolongación resienten la competitividad.

Los sindicalistas, aunque no pueden verbalizarlo, saben que tienen un nivel salarial valorable y que la gran baja del precio del petróleo genera una situación de riesgo. Prima en ellos la memoria reciente, tras las privatizaciones noventistas hubo por añadidura bajos precios. Sucedió un desmantelamiento feroz, miles de despidos. Escaldados por el recuerdo, los trabajadores optan por mantener lo que hay.

Así las cosas, hay convergencia de intereses, pues la patronal calcula que mejorará la productividad al asegurarse un semestre sin paros.

El acta suscripta en Trabajo es un diagnóstico sobre la intrincada trama de la representación sindical, la firman federaciones y una miríada de sindicatos.

Es prematuro vaticinar si se trata de un caso piloto. Ni los sueldos, ni la conflictividad previa dan la media. De cualquier manera también hay señales comunes a otras actividades, en especial algunas muy dinamizadas en los últimos años. A primera vista, se puede prever que no será un caso único, que habrá similares antes de fin de año pero sin llegar a ser el esbozo de una política amplia.

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Mala fortuna: Los blanqueos y la moratoria son el nuevo rebusque del Gobierno para conseguir recursos. Van varios intentos en lo que va del año, muy variados aunque con la improvisación como factor común: las retenciones móviles, el ingreso de capitales líquidos tras el pago a los holdouts, la reforma del sistema previsional, la reducción de subsidios al consumo de energía. La Resolución 125 no generó divisas sino una derrota política. La oferta a los holdouts se hizo humo por la crisis internacional. La propuesta más coherente y más audaz, la vuelta al pleno sistema jubilatorio de reparto, se coronó con éxito y con tino político, ayudará a fondear al fisco.

Con ese cuadro, con reservas todavía muy altas y con un ratito de reconciliación con el empresariado, el Gobierno vuelca su mirada al crédito, inexistente en las contingencias actuales. Cerrado el grifo internacional, crece la necesidad de dotar de recursos al BICE y al Banco Nación. Y de definir los sectores prioritarios, ésa tendría que ser una de las prioridades de Giorgi.

En un par de reportajes el jefe de Gabinete, Sergio Massa, dijo que se anunciará un programa financiero. Es el único modo eficaz de salir al cruce del espantajo del default que agita con fruición la oposición política y que cuenta con muy buena prensa, diz que independiente. Esto es, la misma que se embanderó con las entidades agropecuarias y las AFJP.

En una semana rara para su estilo, Cristina Fernández trató de irradiar tranquilidad y de probar que atiende reclamos sectoriales, como “la mochila” impositiva de la que se plungía la UIA, que ahora se aliviana bastante. Hasta se dio casi tres semanas (un plazo enorme para los usos kirchneristas) para pergeñar el plan de obras públicas.

Entre tanto, la recesión se propaga y se ahonda sin final visible. El FMI ensombrece cada vez sus pronósticos y augura un 2009 de recesión en la Unión Europea y Estados Unidos, un panorama que no se veía desde hace más de seis décadas. A menudo, las polémicas autóctonas subestiman ese condicionamiento fenomenal, haciendo gala de un ombliguismo digno de mención.

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