La otra votación que viene: plata de las provincias y superpoderes

Por: Alcadio Oña

Todo el mundo está puesto, hoy, a imaginar escenarios postelectorales, con la política delante y la economía corriendo apenas por detrás. Es obvio que en la combinación de variables, el dato ciego es la relación de fuerzas que emergerá luego del 28 de junio, y no hay encuesta que arrime certezas sobre el crucial resultado en la provincia de Buenos Aires.

Fogoneada por el repiqueteo sobre la continuidad del modelo, en el tablero entra la composición de las Cámaras desde el 10 de diciembre, o sea, la casi invicta capacidad del kirchnerismo para sacar sus leyes. Pero existe un dato anterior en el tiempo, según como queden los tantos la noche del 28: el eventual corrimiento de legisladores oficialistas y aliados hacia otras posiciones. Dicho de otra manera, la posibilidad de que el Gobierno pierda peso parlamentario incluso antes del recambio.

Se trata desde luego de una conjetura, aunque seguramente el ex presidente también esté conjeturando sobre lo mismo. Formalmente real pero excesivo para el cuadro político, Néstor Kirchner ha dicho que será el triunfador así gane por un voto.

El peronismo es una reconocida maquinaria de poder, donde las migraciones de un bando a otro son hace tiempo moneda corriente. No es que no pasen cosas parecidas en otras organizaciones. Sólo que en el PJ calza redonda la frase, poco elíptica, que usó un duhaldista bonaerense de los llamados de paladar negro no bien el duhaldismo cayó derrotado en 2005: "Corramos en auxilio del vencedor". Entonces el vencedor había sido Kirchner.

Habrá leyes con escaso o ningún plafond para ser discutidas durante la transición parlamentaria, pero hay otras que será inevitable tratar antes del 10 de diciembre. Así, al kirchnerismo le resulta decisivo conservar sus actuales fuerzas, por lo demás ya bastante inestables, y frenar los faltazos de quienes, excluidos de sus listas, no renovarán bancas.

Sencillamente porque existe mucha plata en juego, en la tanda de temas que no aguardarán al recambio figura la prórroga del Impuesto al Cheque que vence a fin de año. Tal como está el sistema de reparto, el 85% de la recaudación queda en el Tesoro Nacional y el 15% restante va a los Fiscos provinciales.

Si se proyectan los ingresos del primer cuatrimestre a todo el año, la cuenta total suma 18.940 millones de pesos, unos 5.000 millones de dólares. Y si nada cambia, significan $ 16.099 millones para la Nación y modestos 2.841 millones para las provincias.

No habrá litigio sobre la prórroga porque la necesitan todos, sino por la distribución de la plata. Parece difícil que el kirchnerismo consiga mantener la regla; no sólo porque resulta inequitativa, sino porque las urgencias financieras del interior pueden forzar cambios. A valores de este año, si el impuesto fuese coparticipado plenamente las provincias recibirían arriba de $ 10.000 millones en lugar de 2.841 millones.

Otra ley que entrará en el tironeo postelectoral es la que implantó, durante la crisis de 2002, la Emergencia Pública: también cae a fin de año. Allí hay un listón de facultades legislativas, de muy dudosa constitucionalidad, apropiadas por el Poder Ejecutivo Nacional y sustraídas al Congreso. Fue prorrogada de año en año gracias a la mayoría oficialista, aun cuando hubiesen desaparecido las causas que dieron origen a una masa de atribuciones frente a la cual empequeñecen los famosos superpoderes.

Por tratarse de una ley de "orden público", permite saltear el artículo 76 de la Constitución que limita potestades del Gobierno y hasta bloquear ciertas sentencias judiciales. También, intervenir en los mercados, fijar derechos de exportación al petróleo, renegociar contratos con las privatizadas, declarar las emergencias más diversas, como la ocupacional y la sanitaria, y abrir una puerta para negociar las deudas con el Club de París y los bonistas.

Parece bastante más que una posibilidad que en el Parlamento se pretenda recuperar facultades perdidas. Y que esta vez el Gobierno no disponga de votos suficientes como para imponer una prórroga completa. O deba desguazar la ley y dejar sólo aquello con chances de ser aprobado. De paso: en sus tiempos de legisladora, Cristina Kirchner jamás aceptó votar semejante carta blanca.

Hay otras leyes con dinero en juego, todas con vencimiento a fin de año. Entre ellas, Ganancias, el Monotributo y el Impuesto de Emergencia a los Cigarrillos, donde las provincias pierden a manos de la ANSeS: en algunos casos arriba del 40 % de la recaudación y en otros la recaudación entera. En baile también entrará el Presupuesto Nacional, esta vez con los superpoderes conocidos.

De todos modos, el kirchnerismo seguirá contando con una baraja poderosa: la caja, que seguro usará para sujetar a gobernadores y legisladores. Aunque sea más estrecha que en el pasado y ahora la sostengan los recursos del sistema previsional, hay intendentes que sólo por eso no se animan a saltar definitivamente hacia bandos de la oposición: eso se llama un canal aliviador, un túnel, cloacas, caminos o pavimentos.

Claro que no vale igual ganar por un voto que por un millón. Y esto también pesa en el futuro inmediato.

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