Otra resta en el anémico clima de negocios

Por Hernán de Goñi

Muchas veces las personas que trabajan por su cuenta o en relación de dependencia (y que por ende no están atados a una decisión del gobierno para desarrollar su actividad), se preguntan de qué hablan los empresarios cuando reclaman un mejor clima de negocios como condición necesaria para invertir.

Para el hombre común, esa expresión es casi una abstracción. Sin embargo, todos los días podemos encontrar ejemplos que la representan, aunque en un sentido negativo.

Ayer presentó su renuncia el titular de la Comisión Nacional de Valores, Eduardo Hecker. El disparador de su salida fue una discusión con Guillermo Moreno, hombre emblemático de la administración Kirchner.

La CNV no es un organismo cualquiera. Es justamente el que debe garantizar que todas las empresas que se mueven en el mercado de capitales respeten reglas equitativas. Y la sensación de que el poder político puede extender su brazo sobre este frente agrega una preocupación al escaso centenar de empresas que acepta poner sus balances a la vista de inversores y autoridades.

El clima de negocios lo compone la suma de estas realidades. La confianza no se decreta: hay que ganársela. Conflictos como el presentado en la CNV restan más de lo que se cree.

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