Otra pirueta riesgosa

Por Jorge Oviedo

El Gobierno dio poderosas señales. No hará nada para detener el creciente deterioro fiscal, pero los prestamistas pueden financiar el déficit a tasas convenientes sin temor porque, de ser necesario, se les pagará con reservas del Banco Central.

Los Kirchner transforman así a la Argentina en el cliente ideal para un mundo en el que no muchos toman préstamos y los que lo hacen pagan tasas bajas. Y en el cual los que eran buenos pagadores ahora parecen tener problemas.

Algunos países emergentes de otrora están alcanzando el investment grade (grado de inversión, calificación que les da mejores condiciones para endeudarse en el exterior) y el rendimiento por prestarles es la mitad de lo que probablemente terminará pagando la Argentina.

El matrimonio presidencial quiere apurar la toma de fondos. Prevé, con razón, que los actuales intereses internacionales podrían pronto subir. Es curioso el giro dado por una administración que se ha caracterizado por fustigar a los financistas, a los que tildó de especuladores y se jactó de no necesitar pedirles nada. ¿Podría conseguir dinero más barato? Sí, acudiendo al FMI, pero todavía a los Kirchner les costaría justificar. La bandera del superávit fiscal ha desaparecido, y también la de las reservas para defender el valor del peso.

Desde que buena parte de los financistas comenzaron en el mundo a creer que lo peor de la crisis pasó, el valor del dólar se ha reducido. Los fondos salen de los activos denominados en dólares y del dólar mismo, porque como sienten que el riesgo es menor, pueden orientarse a posiciones un poco menos seguras y, por lo mismo, más rentables.

Brasil, Perú, Chile se benefician de esta clase de movimientos y hasta deben tratar de poner límites a la entrada de capitales especulativos.

En la Argentina hay menos posibilidades de aprovechar este proceso. A diferencia de los casos anteriores, el país sufre un deterioro fiscal importante, no hay forma de hacer un acuerdo con el Fondo Monetario y se falsifican las estadísticas de inflación. Países que no arrastran una gigantesca deuda impaga también tienen más facilidad para conseguir eventuales líneas de asistencia bilateral. Por todo esto, necesitan menos de los mercados y, por lo mismo, pagan una tasa de interés menor.

Un financista local contaba hace poco que en los últimos meses recibe al menos dos veces por semana la visita de prestamistas del exterior que están dispuestos a financiar colocaciones. No les importan mucho el deterioro fiscal ni las estadísticas escandalosamente manipuladas. Quieren, eso sí, que les den certeza de que en los próximos dos años la Argentina no agrandará el default que todavía arrastra. Los Kirchner acaban de darles lo que piden.

La Argentina seguramente conseguirá financiamiento y podría ser a una tasa inferior al 10 por ciento anual, si se mantuvieran las condiciones locales e internacionales de hoy, piensan los analistas.

¿Tendrá efectos devaluatorios o inflacionarios a corto plazo el uso de las reservas? De inmediato probablemente no, creen los economistas. Pero, en el mediano plazo, la señal es mala.

No es cierto que los fondos se usarán exclusivamente para pagar deuda. La verdad es que los Kirchner están dispuestos a usar las reservas del Banco Central para asistir al Tesoro, que seguirá gastando por encima de lo que se recauda y tendrá déficit incluso aunque no se les esté pagando aún a los bonistas que no entraron en el canje ni al Club de París.

Sin los gastos indefendibles en los desmanejos de Aerolíneas Argentinas; sin el ruinoso "fútbol para todos", que iba a ser un brillante negocio superavitario; sin la utilización dispendiosa de flotas de aviones privados para funcionarios y parientes, seguramente la situación fiscal sería mejor o siquiera menos mala.

Decir que el dinero es para pagar vencimientos de deuda y no para otra cosa es tan ingenuo como afirmar que un caballero tomó el dinero de sus ahorros pero no lo usó en la carísima fiesta para sus amigos sino para pagar la hipoteca de su vivienda familiar. Cualquiera advierte que siempre es más eficiente dejar de malgastar antes que recurrir a los ahorros.

En la Argentina, cada vez que se hicieron operaciones para financiar el déficit con reservas los resultados fueron malos, aunque muchas veces no de inmediato. La señal de corto plazo es que quienes tengan bonos que no están en default cobrarán las rentas y amortizaciones. Con quita, en el caso de aquellos actualizados por el fantasioso CER. En el mediano plazo, la señal es que no es demasiado seguro estar en pesos, por el riesgo de devaluación e inflación. En todo caso, por ahora, antes que pesos, parece más seguro tener bonos. Siempre que se quiera tomar riesgo argentino.

Lo real es que los países que están en buena situación financiera no tienen fondos patrióticos ni de garantía de pago de la deuda.

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