Otra más

Y no se acaba más, parecería decir la conciencia popular. El lunes 22 de diciembre otra mujer desapareció en la ciudad. Se trata de Norma Leonor Berón, de 49 años, de ocupación remisera, dueña de un Fiat Palio adquirido hace algunos meses, que fuera hallado abandonado a unos 10 kilómetros del centro marplatense, en Rawson y 244.
Berón vivía sola, cuestión que dificultó en las primeras horas a los investigadores policiales obtener mayor información. Su ausencia fue comunicada por la compañía remisera para la que trabajaba que, hay que señalar, presta servicios de manera contravencional, es decir, es una empresa “trucha”. Aunque el dato pudiera parecer poco pertinente, dada la habitualidad de este esquema de trabajo que goza de absoluta impunidad por el permiso que reciben de parte de las autoridades, no es menor: no han sido pocos los choferes de remiseras truchas que han sido baleados a las “puertas” de villas en la ciudad; en uno de los casos que en principio se supuso un asalto, se hallaron sobres de cocaína a bordo del vehículo. El propio hermano de Norma, Alberto, aseguró a los medios que su hermana “andaba en el ambiente de travestis, taxi boys y prostitutas”, si bien la calificó como una persona “inteligente”.

Es un dato concreto que Daniel Gustavo Madero oficiaba de taxi boy al tiempo que intentaba una fachada respetable como remisero. Respetable en el límite que este exponente de la marginalidad celebrada por el progresismo vernáculo podía desarrollar, es decir, en una remisera ilegal, con un patrón que actuaba también en los márgenes de la legalidad.

La detención de la concubina de Madero está colgada de los pelos: es más una detención para los medios, para la sociedad, que una ajustada a derecho. De todos modos, hay elementos ciertos sobre el comportamiento de esta mujer oriunda de Santiago del Estero, que hacen presumir algún grado de involucramiento o conocimiento sobre el paradero de Berón. Fue ella la que atendió el móvil de Berón en dos oportunidades, una haciéndose pasar por la hasta ahora desaparecida, y en la siguiente oportunidad por una hermana de Norma. Mintió en la primera indagatoria: dijo que su relación con el taxi boy remisero era de breve tiempo, aunque los testimonios de los vecinos la desmintieron. Allí se quebró y confesó que fue Madero quien le entregó el celular de la desaparecida, celular a partir del cual se ha podido establecer que la comunicación entre Madero y Berón era fluida aun después de que la dueña del remise lo dejara sin empleo como chofer de la unidad.

Este es un caso reverso a los de la larga lista de 26 mujeres desaparecidas o asesinadas en nuestra ciudad, ninguno de los cuales ha sido todavía esclarecido. Adriana Jackeline Fernández, uruguaya, prostituta, artesana, fue la primera de esa larguísima lista: apareció desnuda y estrangulada el 1 de julio de 1996 al costado de la ruta 226.

Este caso, de todos modos, tiene aristas particulares. No se trata ya de hombres que compran sexo, y en donde todo se mezcla con cocaína, un porro más o menos, o prostitución. Se trata del primer caso en el que se hace visible una conducta masculinizante por parte de una mujer que aprendió a vivir como hombre, haciéndose cargo de ella misma y actuando en un mundo en el que la violencia también es comprar sexo.

Es de esperar que en esta ocasión haya un final acorde con lo que la sociedad espera: que si estamos ante un crimen, tenga el castigo que corresponda conforme a derecho, y no pase el caso a engrosar esa increíble e indecorosa lista de desapariciones y asesinatos sin culpables ni condenas.

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