Otra medida polémica de Berlusconi: legaliza las patrullas populares

La decisión, muy criticada, autoriza a grupos de ciudadanos no armados a vigilar las calles
ROMA.? En medio de un clima de psicosis por una oleada de delitos sexuales en todo el país, el gobierno de Silvio Berlusconi aprobó ayer un decreto que legalizó las denominadas rondas. Es decir, le dio luz verde a que grupos de ciudadanos no armados patrullen de noche las calles de las ciudades italianas para hacerle frente a la inseguridad.

Muy criticado por el Vaticano, que habló de una "abdicación del Estado de Derecho"; por el presidente del país, Giorgio Napolitano, y por la oposición de centroizquierda, el decreto establece que sean especialmente ex agentes de policía y militares jubilados los integrantes de estas patrullas populares que recuerdan a las del Far West.

"Serán voluntarios para la seguridad, no rondas de justicieros", aseguró el ministro del Interior, Roberto Maroni, que con el fin de despejar cualquier temor subrayó que los integrantes de estas patrullas, que deberán contar con la autorización de los alcaldes, no podrán estar armados, sino que estarán dotados sólo de teléfonos celulares y radiotransmisores para poder alertar a las fuerzas del orden.

"Deben ser personas que saben lo que hacen", aclaró Maroni, de la Liga Norte, que explicó que la idea es seguir el modelo de los bomberos voluntarios, o el de los denominados "city angels" que ya actúan en Milán en coordinación con la alcaldía.

El decreto -que también prohíbe el arresto domiciliario para quienes están sospechados de violencia sexual y endurece los castigos para los violadores- fue aprobado por el consejo de ministros después de una nueva oleada de delitos sexuales que causaron gran conmoción.

Sólo el fin de semana pasado hubo tres episodios. Una boliviana de 21 años fue violada en Milán por un norafricano al salir de una discoteca, mientras que en Bolonia una chica de 15 años fue abusada sexualmente por un tunecino que se encontraba ilegalmente en el país. Y el sábado, en el día de San Valentín, una pareja que se encontraba en el parque Caffarella de Roma fue salvajemente agredida por dos inmigrantes rumanos -luego arrestados- que abusaron de la chica, de sólo 15 años, frente a su novio, de la misma edad.

El brutal episodio provocó reacciones xenófobas: un grupo de justicieros italianos de extrema derecha rompió vidrieras de negocios de rumanos de la zona de la Caffarella, considerados culpables del episodio.

Lo cierto es que la legalización de las rondas provocó polémicas y recibió arduas críticas. "Su puesta en marcha representa una abdicación del Estado de Derecho, no es el camino", clamó monseñor Agostino Marchetto, secretario del Pontificio Consejo de Migrantes.

"Es bueno dar a los ciudadanos la posibilidad de ofrecer un aporte para aumentar la seguridad, pero si esto sirve para alimentar un clima de criminalización de los inmigrantes, ciertamente esto no tiene el consenso de la Iglesia", agregó.

Incluso Napolitano, en un comunicado, puntualizó que "los contenidos del decreto son de exclusiva responsabilidad del gobierno". La nota desmintió las palabras de Maroni, que anteriormente había negado contrastes con el jefe de Estado.

Críticas opositoras

Desde la oposición de centroizquierda, en tanto, Marco Minniti, del Partido Democrático, dijo que de esta forma se ponía en duda el monopolio de la seguridad por parte del Estado y, por ende, de la policía.

En sintonía se manifestaron varios sindicatos de policía, que denunciaron que "lo más grave es la renuncia del Estado a la gestión exclusiva y responsable de una función imprescindible, esencial e intransferible: la función de la policía".

Berlusconi, sin embargo, justificó la necesidad "urgente" de la aprobación de este decreto debido al "clamor" social provocado por las violaciones registradas en los últimos días.

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