Otra difícil prueba para la política exterior de Obama

WASHINGTON.- No hubo espacio para medias tintas. La rápida y enérgica reacción de Barack Obama a la nueva prueba nuclear de Corea del Norte ratifica la inquietud de Washington ante lo que considera un "claro reto" que "amenaza la paz y la seguridad internacionales".
Esa es la visión tradicional de la Casa Blanca, que desconfía profundamente del desarrollo nuclear del régimen de Kim Jong-il.

Ayer, además de condenar "con vigor" las nuevas pruebas de misiles realizadas por Corea del Norte, Obama dijo que el mundo debe "enfrentarse resueltamente" a Pyongyang y exigir que cumpla con su promesa de abandonar sus ambiciones nucleares.

Por su parte, Susan Rice, embajadora estadounidense ante las Naciones Unidas (ONU), afirmó que Estados Unidos busca "una resolución fuerte con medidas fuertes" de la ONU contra Corea del Norte, tras los ensayos nucleares de ayer. Y Hillary Clinton, secretaria de Estado, llamó a los ministros de Asuntos Exteriores de Japón y Corea del Sur para reiterar el compromiso de su país "con la seguridad regional".

Lo que esos contundentes mensajes no dicen es que el nuevo experimento de Pyongyang se convierte en una dura prueba para el anunciado "cambio" en política exterior que proclama la administración demócrata, cargada de buenas intenciones, en lo que califica como un nuevo comienzo que la diferencia de la de su predecesor, el ex presidente George W. Bush.

No ha sido una semana fácil para esas intenciones. En cuestión de días, tanto el Irán al que Obama tendió "una mano" como la Corea del Norte a la que pidió "compromiso" respondieron con la misma moneda de siempre: una prueba nuclear y un ensayo misilístico.

Para Obama es un revés que lo descoloca, tras una semana sumamente incómoda en su intento de tomar distancia de Bush. Otro revés en la línea de los que empezaron cuando, días atrás, el Senado le negó los 80 millones de dólares que había pedido para cerrar una de las herencias más oprobiosas de su predecesor: la cárcel de Guantánamo.

Buena parte de los senadores demócratas se alinearon con los republicanos en la descalificadora respuesta al intento del presidente: "No habrá dinero hasta que no haya un plan", dijeron. Un mensaje con el que parecieron confirmar que las buenas intenciones no bastan para avalar una política.

En esa línea se situó lo sucedido ayer con Pyongyang: la intención de Obama de diferenciarse de Bush en la difícil relación con ese país parece tener, hasta ahora, más voluntad que contenido.

Ni su apuesta por la diplomacia paciente ni el reciente gesto de eliminar a Corea del Norte de la lista estadounidense de los países que apoyan el terrorismo parecieron generar la menor contraparte en el gobierno de Kim Jong-il.

Y, de paso, parece confirmar el escaso interés de ese régimen comunista por compartir el "nuevo comienzo" del que habla Obama. Y con el que tanto se entusiasmó el demócrata al describir, en su reciente viaje por Europa, "un mundo sin armas nucleares".

Como en el caso de otros tantos conflictos de política exterior, y pese a su mensaje de "cambio", Obama se encuentra ante los mismos problemas que Bush.

"Es que incluso hasta sería bueno que con esa prueba Corea del Norte quisiera mejorar su posición negociadora internacional", pero ni siquiera hay indicio de que sea así, opinó Jim Walsh, experto en cuestiones de seguridad del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), en diálogo con la cadena CNN.

En su evaluación, de existir una intención negociadora por parte de Corea del Norte, "se podría esperar una oportunidad para los esfuerzos diplomáticos" que acaricia Obama, explicó.

Japón, Corea del Sur, la Unión Europea y Brasil -el aliado de consulta de Obama en América latina- estuvieron entre los primeros en condenar lo ocurrido. Luego se sumó la Argentina.

El Ministerio de Defensa de Rusia confirmó la prueba nuclear y estimó su magnitud en una capacidad de potencia enorme, a la vez que repudió el ensayo.

También China, que en el pasado fue reacia a condenar el programa nuclear norcoreano, dijo que se opone "de manera decidida" al ensayo y pidió a su vecino que retornara a las negociaciones.

La noticia sacudió el exaltado patriotismo con el que Estados Unidos vivió ayer el feriado por el Memorial Day , que evoca a quienes cayeron en actos de servicio. Y, en medio de conjeturas, crecía la que atribuye la demostración de fuerza coreana a una expresión de luchas internas de poder por la sucesión de Kim Jong-il, de 67 años.

Si esto es así, el capítulo nuclear de la República Popular Democrática de Corea no parecía ayer dejar a Obama muchas más opciones de política exterior que las mismas que tuvo Bush: esto es, esperar a que de esos misteriosos tirones emerja un líder con el que se puedan sentar las bases de otra alternativa. Una que, por mucho que se abogue por el cambio, hasta ahora no parece estar a la vista.

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