Otra Cristina en la intimidad

Cuando se aplacó la polvareda de los aviones y se fueron todos, la sala de reuniones del deslumbrante edificio mantuvo su primer y último encuentro de los próximos dos años, si es que cumple el gobernador Gioja en no mudarse: ministros, diputados y colaboradores más intimos del ejecutivo local levantaron una copa y arrasaron con el catering que había sobrado.
No habían podido probar bocado, entre atenciones a la presidenta y la buena educación de de no comer cuando se presta atención. Pero tenían una necesidad aún mayor: la de festejar y dejarse apoderar por el alivio, después de horas de tensiones y agitación sin stop.

Había unas 30 personas y hubo un significado político. Meses atrás, nadie se hubiera animado a pedir un brindis por Cristina como ocurrió el jueves, pese a que la gran mayoría de ellos compartió una boleta con la presidenta. Cambió la sensación, pero no la que dicen en voz alta los funcionarios sino la que sólo dejan escurrir en algún confesionario muy íntimo.

Los había dejado satisfechos el discurso presidencial de unas horas antes justo en la plaza seca de allí abajo. Donde mezcló con habilidad los datos de la historia reciente y de la más remota, aunque permitiéndose correr mínimamente alguna barrera (no fue don Eloy Camus quien inició la obra sino, unos meses antes, Carlos Gómez Centurión en el gobierno de Lanusse).

El resto fue un preciso conocimiento de los datos económicos y políticos de San Juan del último lustro, atizados con un medio tono de discurso que no se desbordó hacia ningún exceso e incursionó como pocas veces lo había hecho antes en la faceta emocional. Dos veces se le llenaron los ojos de lágrimas: cuando recordó su militancia política en la JP y aprovechó para convertirlo en chicana política -la única- y cuando terminó el magnífico video de presentación de la obra del Centro Cívico y dejó notar los ojos húmedos.

Sintieron los funcionarios locales que habían podido comenzar a sembrar donde hasta aquí encontraron rechazo ante el dedo índice en alto.

Habían tenido una aproximación provechosa. El miércoles, Cristina llegó a las 23.15 y dedicó hasta pasada la 1 de la mañana para una charla con el gobernador Gioja, el intendente Marcelo Lima y el candidato Daniel Tomas, entre otros. Hablaron de política, de planes, de relaciones. Y uno de los participantes contó: "Escuchó con mucha atención a todos, está muy decidida y se la vio muy abierta, pese a que es muy tímida".

Al día siguiente, lo tradujo en la pista. Por eso brindaron, y hasta acompañaron aplaudiendo al diputado Cámpora cantando de felicidad una tarantela. En eso sonó el teléfono. Era Kirchner, preguntando cómo había ido todo. "Si yo te digo que llueve, abrí el paraguas", le dijo Gioja en una atención de extrema confianza. Le abrió el teléfono y le pidió: escuchá. "A ver, muchachos", y todos hicieron escuchar el aplauso.

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