La otra campaña: promesas, aprietes y favores en los barrios

Clarín recorrió una zona pobre de La Matanza, territorio clave de la próxima elección. Para reclutar votantes, ofrecen subsidios, trabajo y renuevan documentos. Entre la asistencia y el clientelismo.
En el barrio Nicoll, uno de los más pobres de la pobre Matanza, apareció hace dos días un cartel escrito a mano. Está en el frente de la casa de un puntero del peronismo. Y anuncia:

"Se tramitan DNI. Atención al Público de 17 a 20. Hay cupos para la tarjeta verde"

La oferta parece generosa porque aquí son pocos los que tienen el DNI o que lo tienen al día, y porque los cupos de la tarjeta verde no son otra cosa que vales para comprar comida. Aunque los vecinos saben que no será gratuito. Conseguirán comida y sus documentos sólo aquellos que participen de las actividades organizadas por los hombres que, como el dueño de la casita, trabajan para el municipio. No habrá DNI ni para los menores ni para los que se saben opositores, tampoco habrá comida para los que no participan de actos ni se muestran comprometidos con la causa. Es la cruda realidad de la otra campaña, alejada de los grandes anuncios y los discursos en la tele, la campaña real para captar votos y que acaba de llegar a barrios carenciados del conurbano con la forma de siempre: promesas, favores, y también aprietes.

La Matanza no es cualquier lugar. En 320 kilómetros cuadrados viven dos millones de personas y tiene, con sus 800 mil electores habilitados en el padrón, al 8 por ciento del caudal de votos de la provincia, lo que supone la capacidad de imponer hasta 4 diputados en las elecciones del 28 de junio. Tierra históricamente dominada por el peronismo, muestra que ya llegaron los tiempos de campaña aún mucho antes de llegar al lejano barrio Nicoll, en la zona de Virrey del Pino. La Ruta 3, columna vertebral del partido, está repleta de afiches de los candidatos del peronismo oficial (Néstor Kirchner, Daniel Scioli, el intendente y candidato testimonial Fernando Espinoza), y algunos menos de la Unión-PRO con la cara seria de Francisco De Narváez. El poder del peronismo en el territorio se mide en carteles. En los diez kilómetros que recorre Clarín sobre la Ruta 3, se cuentan más de cien carteles o afiches oficialistas, poco más de diez de De Narváez (ni rastros de su aliado Felipe Solá) y ni uno solo de la Coalición Cívica. Pero lo más notorio son los obradores. Tras once meses de silencio y pozos, la municipalidad acaba de retomar las obras de repavimentación y arreglo de banquinas. "Es lo de siempre. En la ruta ponen asfalto y en los barrios empiezan a bajar más planes y más comida", dice Sara Flores, habitante del barrio Nicoll desde 1997, cuando los primeros desplazados se instalaron en este asentamiento con olor a miseria por la falta de cloacas y la vecindad con un basural.

El verbo "bajar" significa, en los barrios, la acción que de tanto en tanto ejerce el poder para acercarle a los más pobres algún subsidio o comida. Algo más que necesario en el Nicoll: con el 95,6 por ciento de sus 10 mil habitantes en nivel de indigencia, es ahora territorio de conquista para los punteros políticos, en especial del peronismo, que en las últimas elecciones logró en La Matanza nada menos que el 56 por ciento de los votos.

No por nada es en La Matanza donde se encuentra el primer episodio denunciado de violencia política pre-electoral. Cerca del Nicoll, en el barrio Atalaya, el domingo pasado la agrupación Nuevo Encuentro (del intendente de Morón, Martín Sabbatella) debió suspender un recital de rock con el que esperaba recaudar voluntades. Mientras preparaban los equipos de música en una placita, los rockeros recibieron la visita de seis señores que bajaron de dos viejos autos. Según relata a Clarín la concejal Sandra Oviedo, uno de los desconocidos apoyó un revólver sobre la cabeza de uno de los rockeros. Y le avisó:

-Esta zona es nuestra...

En Nicoll no ha habido, todavía, exhibición de armas ni aprietes, pero sí intimaciones. "Si no vas a las marchas que te piden, te sacan el plan. Y ahora que bajan más cosas, te piden más todavía", cuenta María Marta, vecina con cuatro hijos que sonríe mientras pasa su mate dentro de una casita de chapas y tierra.

María Marta cuenta que la semana pasada convocaron a los vecinos a la canchita de fútbol del barrio y que empezaron a anotar pedidos de electrodomésticos. "Lo de siempre. Algunos piden heladeras, televisores. ¿Si llegan? A veces sí, dijeron que los iban a traer el 20 (de junio)". ¿Quién prometió eso? "La gente de Galiano", dice.

Lili Galiano es la mayor autoridad en el barrio. Fundadora del Nicoll desde el movimiento piquetero, hoy es funcionaria del municipio. Su agrupación tiene desde siempre un comedor para los chicos y administra la salita sanitaria, entre otras cosas. En su comedor, además de comida, se reparten planes sociales (de 150 pesos) que ahora se han multiplicado, junto a los vales de comida. "Si estás con ellos te dan vales por 60 o 80 pesos", dice Sara Flores, madre de cinco hijos. "Y los planes también aparecieron", suma María Marta.

Ahora han aparecido otros competidores, más modestos. Ariel Martínez, candidato aliado a De Narváez, construyó hace unos meses su propio comedor en el barrio. El del Polo Obrero, que ya existía, agregó desde hace una semana una copa de leche para cada chico del barrio. "Está bien que lo hagan, pero ¿justo ahora?", se queja Jorge Lasarte, militante de la Coalición Cívica con voluntad pero sin estructura cierta en la zona. "Estamos armando un local -dice Lasarte-, pero lejos del barrio. Porque si se enteran que un vecino nos apoya, le quitan los planes".

El Nicoll es el micromundo de las pujas por captar votos entre los más necesitados. Pero la avanzada pre-electoral del peronismo se siente en toda La Matanza. A otros barrios, como el San José Obrero o Villa Adriana, han llegado generosos programas que anunció el Gobierno nacional hace apenas 10 días para ayudar a sanear la cuenca del Riachuelo, que incluye los bañados de La Matanza. Los programas auguran un ingreso para cada contratado de entre 1.200 y 1.800 pesos por mes durante un semestre. Se empezarán a pagar a partir del 1° de julio, tres días después de la elección. "Dará puestos de trabajo para 1.800 personas", dijeron en el Municipio.

También en La Matanza está El Tambo, barrio donde vive Luis D'Elía, ahora militante afín al peronismo oficial. En El Tambo pelea contra D'Elía uno de sus ex aliados, Jorge "El Mono" Núñez. Y cuenta: "Están bajando planes a lo loco. Antes tardaban 40 días en gestionar un subsidio y ahora los consiguen en una tarde. Y también comida y promesas de trabajo. La gente agarra, sí, pero porque no tiene nada. Pero esto indigna a los pobres. Los recursos aparecen ahora pero todos sabemos que se irán en julio. Y nosotros nos quedamos acá, enterrando muertos".

En La Matanza el índice de mortalidad infantil desequilibra cualquier estadística. Se muere un chico por día, por falta de alimentación o de atención médica. El gobierno municipal viene anunciando desde hace años la creación del hospital Materno Infantil de Ciudad Evita. Ya lo habían lanzado el 20 de septiembre de 2007, un mes antes de la última elección presidencial. Pasaron dos años y el 19 de mayo pasado volvieron a darle "el puntapié inicial" con un acto lleno de flashes y sonrisas, además de la presencia de Daniel Scioli, el gobernador y ahora candidato testimonial. Lo cierto es que el prometido hospital es un baldío junto al Camino de Cintura.

"La gente está cansada de esas cosas, pero mucho no puede hacer porque al mismo tiempo está acostumbrada y no hay cultura del trabajo. Para muchos es mejor quedarse en la casa y no hacer nada", dice Sara, otra vez desde el barrio Nicoll. Es que ya lo ha visto. En las próximas semanas sus vecinos acudirán a renovar sus documentos, porque es ahora o nunca, y pedirán planes y vales de comida, porque hay que seguir viviendo.

¿Qué harán en el cuarto oscuro? Eso está por verse. Aunque no hay encuestas específicas sobre La Matanza, el intendente Espinoza aspira a repetir la elección pasada. Los vecinos del Nicoll votarán en la escuela del barrio, obra conseguida gracias a los reclamos que hicieron en el año 2000, cuando bloquearon la Ruta 3 con llantas de goma y la miseria a la vista.

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