La otra batalla del régimen es contra los periodistas

Arrestó a varios reporteros locales y expulsó a los extranjeros
TEHERAN.- Este gobierno iraní tiene la costumbre de acusar sin pruebas ni remordimientos. Así lo hizo recientemente, por ejemplo, con la periodista Roxana Saberi, a quien retuvo varios meses por supuesto espionaje. Y no hubo precepto alguno de piedad islámica que le impidiera presentar como terroristas a los ciudadanos que mató el sábado.

Todo esto viene a complicar aún más la tarea de los periodistas extranjeros. A las malas noticias que trajo la semana pasada al ejercicio del periodismo en Irán se sumó, anteayer, la expulsión del corresponsal de la BBC, John Leyne, por "enviar noticias fabricadas, ignorar la neutralidad en las noticias, apoyar a los alborotadores y pisotear los derechos de la nación iraní".

Salvo la tercera acusación, las demás describen con exactitud a los medios oficialistas. La expulsión no es tan grave, sin embargo. Mucho más lo es que el periodista canadiense Maziar Bahari haya sido detenido sin cargos, según la revista para la que trabaja, Newsweek .

A esto se suma un misterio: de manera muy escueta, la televisión local dio a conocer el arresto de cinco extranjeros, dos franceses, dos alemanes y un británico, de quienes no aportó ningún dato, durante las escaramuzas del sábado.

Todos ellos van a ser procesados por espiar para Gran Bretaña. ¿Estaban juntos o separados? ¿Quiénes serán? ¿Activistas interesados en apoyar a los manifestantes, turistas con mala suerte o periodistas independientes sin el visado correcto?

Según Reporteros Sin Fronteras, Irán es "la mayor cárcel de periodistas", tras el arresto en estos días de 23 reporteros iraníes. Pero tampoco la tienen fácil los corresponsales extranjeros, ni los institucionales ni los independientes.

Los primeros están encerrados en sus oficinas. Ellos trabajan para medios de comunicación con representación permanente en Irán y tienen que encontrar la forma de llevarse bien con el gobierno, de seguir las reglas que les imponen. Que de entrada es no cubrir las noticias en la calle.

Los despachos de las agencias de noticias que dan cuenta de las protestas se basan principalmente en testimonios ocasionales. Como una agencia, que anteayer citó a un testigo que dijo: «Pasaba por la plaza Haft-e-Tir y vi a unas 1000 personas»".

Algunos medios, como la CNN, han tratado de cubrir el vacío promoviendo lo que llaman "reporteros ciudadanos": la gente envía textos, fotos y videos por miles para documentar lo que ocurre. El problema es que esto hace a los medios más vulnerables a la guerra informativa que se vive en Irán.

Sin descaro

Ambos bandos tienen intereses. El gobierno promueve los suyos usando y abusando de su control sobre la televisión, la radio y la prensa locales, con las que está mintiendo sin descaro ni límites a su público.

Los opositores reaccionan ante este apabullamiento tratando de difundir su visión de las cosas, que, como ocurre muchas veces, es involuntaria y voluntariamente parcial. Para ello, aprovechan todos los canales disponibles, como Facebook, Twitter, YouTube y, por supuesto, los que ponen los medios extranjeros a su disposición.

La obligación de todo periodista es dudar hasta confirmar. La verificación, sin embargo, no es posible cuando uno no puede salir de la oficina.

El sábado, tras la violenta represión de la marcha opositora, la CNN no tuvo posibilidad de comprobar las cifras de muertos que le llegaban y las dio todas, desde los 19 que obtuvo de fuentes hospitalarias hasta los 150 que le dijo alguna otra persona. La televisión iraní, por su parte, dio entre 10 y 13 víctimas.

Esto afecta inicialmente al propio gobierno que impone las restricciones, pues magnifica la posibilidad de que un rumor, una exageración o una mentira salga al mundo con la fuerza de una noticia. Pero también impacta en la calidad de la información que recibe el público.

Los periodistas independientes suelen ser los más vulnerables al momento de cubrir situaciones conflictivas. Pero en las condiciones actuales en Irán, su ventaja frente a los periodistas institucionales es que tienen mayor movilidad. No tienen que hacer relaciones públicas con los funcionarios gubernamentales, no hace falta que se preocupen por mantener la representación permanente, nunca fueron invitados a los desayunos de prensa y no están sometidos a las restricciones impuestas por las autoridades, porque no se sabe dónde están.

A menos que cometan un error. Como caer en las manos de los milicianos basijis , enemigos jurados de todo periodista y sobre todo de los que usan cámaras fotográficas. O quedarse demasiado tiempo en una zona de enfrentamientos y ser arrestados. O permitir que los vecinos, trabajadores o huéspedes de la casa u hotel donde se hospedan los identifiquen y denuncien.

En ese caso, la suerte puede ser muy diversa. Si es buena, serán expulsados en dos o tres días. Si no, se convertirán en un instrumento para que el gobierno iraní intente mostrar, por ejemplo, que las manifestaciones están infiltradas por agentes extranjeros. O terroristas. Eso puede ser lo que está sucediendo con Maziar Bahari y los cinco misteriosos europeos que fueron arrestados.

Advertencia del hijo del sha

* WASHINGTON (AFP).? En una conferencia de prensa en la que rompió en llanto, Reza Pahlevi, el hijo del derrocado sha de Irán, advirtió ayer sobre las consecuencias nefastas que podría tener la represión de la oposición iraní, y habló incluso del riesgo de un "holocausto nuclear".

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