El oscurantismo redivivo

Por: Ricardo Kirschbaum

La tentación de regular, limitar, hostigar, castigar, o cualquier otra forma de reprimir, la libertad de expresión está siempre latente. Véase, por ejemplo, el proyecto del gobierno de Hugo Chávez de castigar lo que la Fiscal General calificó como "delitos mediáticos" en un proyecto de ley que presentó ayer a la Asamblea General dominada casi completamente por legisladores oficialistas.

La iniciativa tiene, paradójicamente, reminiscencias de la doctrina de seguridad nacional, cuya aplicación fue nefasta en muchos países de América latina. La fiscal dice que "no podemos permitir ni avalar ni hacernos cómplices de que los medios no tengan límites a la información porque eso atenta contra la seguridad nacional". Esa consigna sirvió para amordazar, en otras épocas, a fuerzas políticas, sindicales y culturales. ¿Por qué si esas medidas eran malas antes, ahora serán beneficiosas para el pueblo?

La tentación autoritaria es un reflejo desgraciado. Aún invocando los más amplios conceptos democráticos se puede coincidir con la sofocación de una de las libertades básicas de la sociedad.

El oscurantismo no es una cuestión solo venezolana. Las denuncias del arzobispo de La Plata sobre los contenidos de un cuadernillo dirigido a los encargados de impartir educación sexual y prevención del SIDA son un acto retrógrado. La descalificación "neomarxista", con la que el obispo quiere justificar su intervención, es una pantalla para estigmatizar cualquier intento racional de educación sexual. El ultraconservador Aguer había cuestionado antes los contenidos de otra materia -"Construcción de ciudadanía"- aludiendo a las "ideas de Foulcault" y "del neomarxismo de la Escuela de Frankfurt".

Dos espejos, en fin, para no mirarse.

Comentá la nota