Oscar Steimberg defiende la Ley de Medios: "La oposición es muy cómica"

El prestigioso semiólogo cuestiona los argumentos contra el proyecto oficial y asegura que es necesario buscar formas para "no callar". Entre la actividad académica, la poesía y el IUNA, señala "el momento de crispación actual".
Fanático y coleccionista de historietas, a sus 72 años Oscar Steimberg conserva un fresquísimo sentido del humor capaz de desdramatizar los debates más intrincados. Referente de la semiología en la Argentina, vive –curiosamente– sobre el pasaje Del Signo, en el barrio de Palermo. Entre la actividad académica, la poesía y su trabajo de gestión en el IUNA, señala "el momento de crispación actual" y defiende al kirchnerismo en su impulso por la nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual.

–¿Cómo entiende desde la semiología la pluralidad de discursos en una sociedad?

–Esa pluralidad debe ser entendida como un conjunto de diferencias en distintos registros. Asegurar una pluralidad de emisores para lograr una pluralidad de discursos es una condición necesaria pero no suficiente. Esto tiene una actualidad mucho más compleja que en otros momentos históricos. Actualmente parece que nadie pudiera dejar de tematizar las diferencias. Todos los actores están atentos a las diferencias de contenido, pero también a las de estilo, que muchas veces son las que hacen que la sangre llegue al río, en la vida pública y en la política, más allá de los contenidos.

–¿La proliferación de medios digitales y de los soportes de comunicación hizo aun más obsoleta la ley actual?

–Vivimos un tiempo en el que puede pensarse que callar es morir... hay que permitir que las formas de no callar estén al alcance de gente que pueda hacerlo desde todos los espacios sociales. Esa necesidad de diálogo y de emisión discursiva es una condición novedosa, que hace que los espacios de opinión de información deban ser naturalmente múltiples.

–¿Y cuál puede ser el rol del Estado?

–El Estado siempre se puede equivocar y ésta, como cualquier otra ley, puede contener errores y riesgos. Hay que separar lo que tiene de común de lo que tiene de nuevo y original. Que exista el 33% para organizaciones no gubernamentales, por ejemplo. El Estado debe aportar al establecimiento de posibilidades de creación de una cultura. Aunque esa cultura siempre exceda en las prácticas los propósitos del Estado, que debe establecer las garantías para producción y circulación.

–¿Cómo evalúa el curso que está tomando el debate?

–Se han dicho cosas interesantes y otras que no lo son, por repetidas y orientadas a una perfección que veo difícil de concretar. Esa búsqueda de perfección no la entiendo. Es de una tranquilidad estudiantil ponerse en contra de cualquier cosas que no se encuadre dentro de un proyecto irreprochable. (Piensa). ¡Además, ni siquiera constituye un discurso creíble!

–¿Cómo agitar el fantasma de la "chavización" en el debate sobre la ley?

–La figura de la "chavización" es idéntica a la del antiperonismo de los dos primeros gobiernos de Perón. El mismo fantasma y el mismo rechazo tembloroso y convulso. Una fobia a algo que tiene formas, modos y costumbres de lenguaje que son inaceptables para unos oídos acostumbrados a la previsibilidad de su propio segmento y a sectores educados de acuerdo con sus propios parámetros. Tanto el horror ante la chavización, posible o imaginada, como el alivio cuando se descubre que los rasgos del fenómeno no dan para hacer esa sinonimización son cómicos.

–¿Dice usted que la discusión ha tomado rasgos risibles?

–Seguro. Mire, hay algo de bueno en este debate que es su componente cómico. Un factor que está presente sin ser buscado. La comicidad la ponen los adversarios al proyecto de ley. Y la ponen todo el tiempo. A veces escucho cosas de la señora Elisa Carrió que no se pueden creer. ¡Es que la mayor parte de lo que dicen los opositores al proyecto no se puede creer! (Se ríe). Aun sin la intención consciente de ser cómicos, lo son.

–¿Cree que el matrimonio Kirchner se involucró en un proyecto que lo excede?

–Las intenciones de Cristina y Néstor no son mi preocupación. Lo que me preocupa es la propia ley, que considero buena. Y si los Kirchner son quienes impulsan este proyecto, no tengo ningún inconveniente en apoyarlos.

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