El origen del problema

Por Carlos Melconian

Una vez más, la Argentina tiene un gravísimo problema institucional. Una vez más, los aspectos institucionales, en la movida llamada Fondo del Bicentenario, terminaron primando en la crisis. Lamentablemente, esto no es nuevo en la Argentina. Pero, en todo este último tiempo, no sólo no se usó un gramo de energía en dar vuelta esta triste característica de la historia, sino que hasta se la profundizó.

¿Cuál es el origen de todo el problema? El dramático deterioro fiscal de más de 5 puntos del PBI en un sólo año. Son deterioros equivalentes casi a salvatajes financieros en períodos de corridas o a necesidades fiscales de épocas prehiperinflacionarias. Este deterioro ocurrió en 2009.

Con déficit y sin financiamiento distintos organismos del sector público pusieron plata. El propio Banco Central ya puso US$ 6000 millones en 2009. Todo dentro de la Carta Orgánica cada vez más laxa, bajo distintos pretextos, pero en regla. Es decir, sin la grandilocuencia anunciada antes de ningún Fondo del Bicentenario, al deterioro del fisco se lo financiaba "calladito".

Pero las necesidades en 2010 se agrandan. Son tres Fondos del Bicentenario entre déficit y deuda y entre pesos y dólares los que faltan. Porque, por más que haya una mejora en la recaudación, el gasto público, "pilar" del modelo, no está en discusión. Tampoco la inflación, que lleva 4 años en dos dígitos pero luce "baja" para lo estándares argentinos. De aquí la ansiedad y el error político y económico de "mostrar que está la plata y ponerla toda arriba de la mesa". Para que vean no sólo que está, sino que, además, hay voluntad de pago. Y bajo la metodología más regresiva que recuerda otros momentos históricos, la inflación y los dólares comprados con emisión se ponen a disposición del pago de la deuda pública.

La visión oficial es que endeudarse a dos dígitos es caro y usar entonces reservas que reditúan menos del 3% es negocio. Pero no se dice que la emisión monetaria que queda detrás de ello será deuda con el pueblo argentino tenedor de pesos que se licuará con inflación. Negocio redondo para el Estado que habrá que explicar en el conurbano.

Luego viene lo que ya sabemos: la instrumentación del Fondo y la crisis institucional y la incógnita del reclamo de acreedores externos por embargos en caso de separar dinero en el exterior para la Tesorería, entre otros factores.

El daño está hecho. Y ha sido muy alto. Hubo un gravísimo daño político al Poder Ejecutivo. Por otra parte, ¿qué hace ahora el mejor profesional del mundo al frente del Central? ¿Bajo qué condiciones funciona? Además, el tema más relevante seguirá estando ahí. Seguirán faltando dos o tres, dependiendo de la solución, Fondos del Bicentenario, porque el problema es otro.

Este año basa su recuperación en la soja, en Brasil comprando autos y en la distensión financiera internacional, que ayudó mucho a la baja de la dolarización de portafolios. Y es justamente el humor financiero de la gente el que no hay que dañar con este tipo de errores. Hoy está, otra vez, en riesgo.

El autor es economista.

Comentá la nota