De un organismo de control, a uno que nadie puede controlar

La ONCCA fue tomando poder y, a la vez, su gestión perdió transparencia.
La ONCCA nació en 1996 para enfrentar la alarmante evasión que se registraba en el comercio de la carne. En aquel entonces, el mediático empresario Alberto Samid era denunciado judicialmente por la AFIP por una deuda fiscal de más de 80 millones de pesos/dólares. La causa no prosperó; la justicia decidió absolverlo. Pero sí prosperó la ONCCA, que empezó a tallar fuerte en el control del sector agropecuario.

Con el organismo, el Estado comenzó a recuperar algunas herramientas de política agropecuaria, similares a las que había resignado en 1992, con la liquidación menemista de las ex Juntas de Carnes y Granos. Ese avance paulatino se frenó en medio del conflicto con el campo. En abril de 2008, a la ONCCA desembarcó Ricardo Echegaray, un hombre del riñón del kirchnerismo.

Con el poder que deviene de esa pertenencia, Echegaray hizo y deshizo a su antojo, violentando la norma escrita y muchas sanas costumbres de la administración pública. El organismo, que legalmente depende de la Secretaría de Agricultura, pasó a manejarse primero de manera autónoma, y ahora funciona dentro de la AFIP. Anoche, sugestivamente, se emitió un comunicado oficial que refuerza ese vínculo: para controlar mejor quién cobra compensaciones, ambos organismos sellaron un "convenio" para que los "sabuesos" colaboren con el sistema.

Tocada por la varita, en poco tiempo la ONCCA multiplicó su presupuesto para subsidiar a la agroindustria y se autoerigió como reguladora de las exportaciones de granos, carne y leche.

Semejante tarea, en apariencia, requeriría de una burocracia profesional y transparente, empapada de la problemática. Lejos de pensar así, Echegaray descabezó la línea histórica y se rodeó de abogados con nula experiencia en el tema. Ninguno es personal del Estado.

Desde hace casi un año, la ONCCA tampoco hace circular los expedientes de las compensaciones por la Oficina Legal y Técnica de Agricultura, como correspondería. El visto bueno para el pago de los subsidios lo da personal contratado de una supuesta "Coordinación legal" propia. Funciona pero no existe: no hay norma que la crea.

En el Congreso hay muchos proyectos para reformar la ONCCA, limitar su poder y mejorar los sistemas de control, incorporando al sector privado. Pero esa discusión está parada, lo mismo que las auditorías que deberían realizar los organismos de control del Estado.

Con 13 años de vida, la ONCCA pasó de ser un organismo de control a ser un organismo al que aparentemente nadie puede controlar. La misión de velar por la "transparencia" quedó para otro momento. Algunos señalan que quizás por eso, Alberto Samid reaparece ahora defendiendo la política ganadera del kirchnerismo.

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