Una orden conservadora en la mira del Papa por escándalos sexuales

Una orden conservadora en la mira del Papa por escándalos sexuales
Son los "Legionarios de Cristo", fundada en México. Las denuncias vienen de hace años.
En la Iglesia está por estallar otro gran escándalo, que puede a llegar a ser devastador como el de los ultramontanos lefebvrianos que tanto han deteriorado ya el prestigio del Papa y su pontificado. Esta vez no se trata de ideologías reaccionarias rebeldes ni de obispos pronazis, sino de una historia de sexo, pedofilia y otros temas especialmente "non sanctos", que llevará tras 40 años de denuncias y polémicas a la intervención de una de las órdenes más importantes de la Iglesia: los Legionarios de Cristo, de origen mexicano, cuyo carismático padre fundador, Marcial Maciel, muerto hace poco más de un año, ha sumergido en el caos con su biografía plena de "indignidades sacerdotales". El Vaticano estudia intervenir la orden con el nombramiento de un Visitador Apostólico a fin de salvar a los Legionarios de un final estrepitoso o de una disolución a mano de la Santa Sede.

Los Legionarios de Cristo, orden fundada en 1941 por Maciel en México, es una de las congregaciones más ultraconservadoras de la Iglesia. Su brazo laico cuenta con 800 sacerdotes, 400 mil adherentes (50 mil son miembros orgánicos) y es activo en 22 países, entre ellos la Argentina. Cuenta con 125 casas religiosas y 200 centros educativos, más otros 600 empeñados en la formación y el empeño apostólico de los laicos de la Legión. En América Latina la red de escuelas "Mano Amiga" es frecuentada por 16 mil alumnos. Son tantos los hombres y mujeres ricos y riquísimos que contribuyen a la prosperidad de la orden conservadora, que en España, México y en América Latina en general, los llaman "los Millonarios de Cristo". Su principal benefactor es Carlos Slim, mexicano, el hombre más rico del mundo. El presupuesto global de la red de instituciones llega a los US$ 650 millones anuales.

La doble y terrible vida del fundador de los Legionarios de Çristo significará el estallido de una virtual bomba atómica en la Iglesia, si un Legado Papal o Visitador Apostólico investiga a fondo, visitando las sedes en todo el mundo de la orden. Nuevos escándalos inevitablemente se harán públicos al levarse los velos de la cultura del secreto que cultivaba la congregación y que le permitieron a Maciel vivir una vida de doble fondo.

Las historias del padre Maciel se remontan a cuatro décadas atrás, cuando llovieron las primeras acusaciones en México en su contra por pedofilia y abusos sexuales en jóvenes curas y seminaristas. Sus secuaces y las cumbres vaticanas, comenzando por el Papa Juan Pablo II, lo defendieron siempre. La blanca sotana de Benedicto XVI está también salpicada por las andanzas de Maciel ya que entonces debió seguir la corriente que le imponían el Papa y su secretario de Estado, el cardenal Angelo Sodano, otro gran defensor de los Legionarios de Cristo, y como el cardenal argentino Eduardo Pironio.

Cuando aún era el cardenal Joseph Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (que tiene a su cargo la defensa de la pureza doctrinaria pero también la disciplina interna de la Iglesia, incluso en el área de las violaciones que en materia sexual cometen los sacerdotes y religiosos), las continuas denuncias contra los abusos de Marcial Maciel fueron rigurosamente cajoneadas en el Palacio del Santo Oficio, la ex Inquisición, del Vaticano.

Desde que fue elegido, en abril de 2005, Benedicto XVI se propuso terminar con esta terrible mancha para evitar que estallara el escándalo de las coberturas eclesiásticas concedidas al fundador de los Legionarios. En 2006, el Papa encontró una solución salomónica: el Vaticano renunció a la acción canónica contra el anciano líder religioso de 86 años, que iba a terminar sin vueltas en una excomunión, pero Benedicto XVI "invitó" al padre Maciel a despedirse de toda vida pública, no hacer más declaraciones ni oficiar misa en público, ni asistir a las asambleas multitudinarias. Los "legionarios", con un sucesor que el es padre Alvaro Corcuera, también mexicano, guardaron silencio.

Pero a principios de febrero saltó el escándalo definitivo. El The New York Times publicó que Maciel tenía "al menos" una hija de 22 años, nacida de una larga relación con una amante, y que mantenía financieramente a ambas en España. El 10 de febrero, en la revista norteamericana First Things, el teólogo católico conservador George Wiegel, jugó todo su prestigio en la propuesta en favor de una intervención del Vaticano "inmediata" para "salvar la Legión de Cristo y "Regnum Christi", el movimiento laical de los legionarios. Wiegel escribió que la gigantesca orden "corre hacia el abismo como un tren a toda marcha", mientras los blogs en Internet y publicaciones en varios países "dan nuevas noticias convincentes sobre la vida de escándalos sexuales y financieros que el padre Maciel ha vivido, probablemente por decenios". En un mes y medio, la defensa blindada en torno al padre Maciel y a la orden se está resquebrajando estrepitosamente. Muchos creen que ya no queda tiempo y que el Vaticano deberá anunciar la intervención en los próximos días.

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