Opositores: ¿juntos o separados?

Por Fernando Laborda

Aunque la ingeniería electoral dista de ser una ciencia exacta, analistas y dirigentes políticos coinciden en que si los principales sectores en que se divide la oposición se unieran en el distrito bonaerense, el kirchnerismo sufriría su primera gran derrota electoral desde que llegó al poder, en 2003.

La cuestión ha sido abordada en reiteradas ocasiones por dirigentes de la convergencia entre macristas y peronistas disidentes, encabezada por Francisco de Narváez y Felipe Solá, y de la Coalición Cívica, como Margarita Stolbizer, sin llegar hasta ahora a avances importantes.

Las dudas en el camino hacia una coalición más amplia no son menores. Hay quienes creen, por ejemplo, que concurriendo separados a los comicios las dos fuerzas políticas (la alianza Macri-De Narváez-Solá, por un lado, y la de los radicales con la Coalición Cívica, por otro) obtendrían más bancas de diputado nacional que yendo juntos.

Pero también están los que consideran que, incluso así, nadie les podrá quitar el encanto de haber vencido a una lista liderada por Néstor Kirchner.

Seguidores de De Narváez se entusiasman con el crecimiento que exhibe en las encuestas. Todas lo muestran mejorando ostensiblemente su última performance electoral, en la que alcanzó alrededor del 15% de los votos como postulante a la banca de diputado que hoy ocupa. Hasta algunos de sus adláteres imaginan que, sin la ayuda de radicales y de Elisa Carrió, aunque con el respaldo de la estructura peronista no kirchnerista de la provincia y una fuerte inyección publicitaria, De Narváez se las ingeniaría para vencer a Kirchner.

Suponen que la polarización terminará dándose entre ellos y el kirchnerismo, y relegando a la lista que encabezaría Margarita Stolbizer.

Hay, sin embargo, un dato que no debería ser minimizado a la hora de tejer esa conjetura. La UCR cuenta con 40 intendentes en toda la provincia, una estructura no desdeñable de la que carece el peronismo no kirchnerista, a menos que muchos jefes comunales de extracción kirchnerista acuerden llevar candidatos a cargos locales en listas de uno y otro sector del justicialismo para asegurarse la gobernabilidad en sus concejos deliberantes.

En la Capital, el panorama no es menos complejo, aunque en este caso la oposición tendría la victoria casi asegurada. Con la renuncia de Elisa Carrió a ser candidata, todo indica que una lista de diputados nacionales de Pro encabezada por Gabriela Michetti podría imponerse con cierta comodidad. Aquí, el kirchnerismo tendría que sacar un candidato de la galera para hacer pie; hasta ahora, con el aval de Alberto Fernández, sólo asoma la probable postulación de Aníbal Ibarra.

¿Podría haber una lista común entre el macrismo y el sector amadrinado por Elisa Carrió que postularía a Alfonso Prat-Gay? No parece fácil.

¿Qué se puede esperar, entonces, de una oposición que, luego del 10 de diciembre, podría arrebatarle el quórum propio al kirchnerismo en la Cámara de Diputados? Hoy, la expectativa de máxima es una agenda legislativa compartida, una suerte de programa común que le garantice al electorado que unos y otros bregarán por imponer determinados proyectos en el Congreso. Podrá parecer mezquino, pero tal vez no sea tan poco para dos líderes de la oposición que, como Macri y Elisa Carrió, no son, por ahora, siquiera capaces de tomar un café juntos.

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