La oposición vuelve a mostrar su exigüidad política

Por Joaquín Morales Solá

Carlos Reutemann estaba ayer estupefacto y desorientado. Una relación política y personal de 20 años se había destruido frente a sus narices. La senadora Roxana Latorre fue su compañera de representación senatorial por Santa Fe casi desde siempre. Latorre era algo más (o algo menos) que senadora: era la operadora política de Reutemann en el Senado. Cuando cualquier senador hablaba con ella, sabía que estaba escuchando también la posición de Reutemann

"Los socialistas se están riendo de mí. Eso es lo que consiguió", se lamentaba Reutemann. El senador se enteró de que algunos dirigentes socialistas subrayaban la confirmación de sus pronósticos: "Dijimos que Reutemann se amigaría con Kirchner después de las elecciones. Y eso es lo que ha hecho", decían. Reutemann sentía que volvía a lo peor de la dura campaña electoral santafecina, cuando debió jurar mil veces por día que nunca se reconciliaría con Kirchner. "Fue una campaña muy cruel como para volver a vivirla", se lamentaba.

¿Qué llevó a Latorre a habilitar con su firma el tratamiento en el Senado para hoy mismo de la delegación de facultades al Ejecutivo? Ella dijo que había nueve votos en la Comisión de Asuntos Constitucionales y que se necesitan ocho para abrirle las puertas del recinto al proyecto oficial. Según ese relato, ella no tuvo la culpa de la habilitación, porque de todos modos el Gobierno tenía el número suficiente de firmas en la comisión.

Es una verdad a medias y, por lo tanto, una probable mentira. El voto de Latorre fue el que habilitó el tratamiento del proyecto en la sesión de hoy. Mucho después se sumó la firma del senador peronista Rubén Marín, pero Latorre ya le había abierto paso a la iniciativa del oficialismo. Marín, un viejo zorro del peronismo, esperó que el proyecto tuviera las firmas necesarias para agregar la suya. Marín viene diciendo que él no apoyará fácilmente al Gobierno en la conflictiva relación de éste con el campo. Marín es senador por La Pampa. "En mi provincia no hay chimeneas; hay sólo producción agropecuaria", suele repetir.

Para peor, Latorre firmó "en total disidencia" el dictamen. Lo que el oficialismo necesitaba era su firma, no su opinión. ¿Para qué puso la firma si estaba en total disidencia? Si el Gobierno no necesitaba su firma, como ella asegura ficticiamente, ¿para qué firmó si estaba en total disidencia? Reutemann bramó ayer cuando se enteró, además, de que Latorre había hecho un proyecto en disidencia sobre las retenciones, que tampoco había consultado con su jefe político. Una influencia importante en Latorre habría sido la del senador Nicolás Fernández, santacruceño y amigo íntimo del matrimonio presidencial.

La delegación al Ejecutivo incluye las facultades de fijar retenciones. Reutemann se puso el año pasado a la cabeza de la sublevación de senadores peronistas en la crisis por la resolución 125, que terminó con el desempate de Julio Cobos. En rigor, Cobos y Reutemann fueron los grandes arquitectos de aquella estrepitosa derrota del kirchnerismo. "¿Acaso debo explicar ahora que no tengo nada que ver con el gobierno de los Kirchner?", se lamentaba ayer Reutemann.

Una pregunta no puede dejar de hacerse: ¿por qué los ganadores deben explicar las deserciones cuando se esperaba que la fuga de legisladores se produjera en el bando derrotado? La explicación de Latorre es muy parecidas al discurso oficialista. Pudo haber una cooptación. Otra más. ¿Todo es producto sólo de la habilidad del kirchnerismo? ¿O hay también mucho de exigüidad política de sus opositores? Lo primero es, forzosamente, consecuencia de lo segundo.

Comentá la nota