"La oposición no tiene plan y los empresarios quieren hacer plata fácil"

"La oposición no tiene plan y los empresarios quieren hacer plata fácil"
El viceministro de Economía defiende la gestión oficial a capa y espada. Cree que el Gobierno mejoró las expectativas con las señales a los mercados financieros y dispara contra los ejecutivos que sólo piensan en una economía más concentrada.
Roberto Feletti es el viceministro de Economía y uno de los pocos economistas con trayectoria progresista que le quedan al kirchnerismo. Pero, pese a haber trajinado locales de la CTA con bermudas y una larga cabellera hasta hace sólo quince años, hoy convive sin roces con Amado Boudou, el ministro que empezó a militar en la UCeDé, que se formó en el ortodoxo CEMA, que impulsó la reconciliación con la City y que aún cultiva amistades en círculos militares. Feletti llegó en julio último a Economía de la mano de Julio de Vido, quien lo recomendó para acompañar a Boudou desde la estratégica Secretaría de Política Económica. En una larga entrevista con Crítica de la Argentina, el economista negó que el Gobierno priorice los pagos de la deuda por sobre las necesidades sociales, defendió los planes de incentivo anticrisis, vaticinó que en 2010 se recuperarán los empleos perdidos este año y fustigó a la oposición y a los empresarios críticos del modelo K. También advirtió que si hace falta dejar subir el dólar para proteger a la industria, el Ejecutivo lo hará.

–¿Qué balance hace de la economía durante 2009?

–Venimos de transitar un año muy duro. El impacto de la crisis internacional se verificó sobre todo en el segundo y tercer trimestre. Tuvimos un primer trimestre donde se aprovechó el arrastre de un 2008 muy bueno. En el segundo empezaron a golpear sobre todo la caída de la inversión y de las exportaciones, que nosotros intentamos compensar en el proyecto de presupuesto. Mucha gente hablaba de la fuga de capitales como algo abstracto, pero lo que pasó fue que de golpe se dejó de invertir.

–Eran capitales que salían del flujo económico local.

–Pero no de cualquier forma. Se capturaba excedente (N del R.: ganancias), se lo transformaba en moneda dura –como es propio de la economía bimonetaria que tenemos– y ese excedente transformado en moneda dura iba a parar a las cajas de seguridad, al colchón, a Uruguay o un poco más lejos. Se dejó de invertir, ya sea en emprendimientos o en plazos fijos. Por otro lado, hubo una caída de la demanda internacional por la crisis que deprimió las exportaciones. Y a eso se sumó la desaceleración del consumo local.

–¿En qué se basan cuando dicen que el Gobierno enfrentó bien la crisis?

–Nosotros montamos desde el segundo trimestre un programa de incentivo fiscal, que es igual al que se monta en todos los países del mundo. La discusión en la Argentina era si se podía financiar o no. Que hay que responder con una política de expansión fiscal en tiempos de recesión no lo discute nadie. Pero en la medida en que uno no puede emitir dólares y tampoco se puede endeudar como en los años noventa, ese paquete de incentivo fiscal sólo se pudo financiar porque se pudo hacer desahorro fiscal. Tuvimos menos superávit fiscal porque sumamos inversiones públicas. Hubo una fuerte señal de que íbamos a sostener el mercado interno. Y esa señal, en el último trimestre del año, llegó a los ahorristas e inversores medianos. Todos ellos vieron que no entramos en default, que no hubo despidos masivos y que tampoco hubo una megadevaluación. Por eso volvieron a consumir. Y eso es un estímulo impresionante.

–¿Era sólo cuestión de convencerlos a ellos?

–Lo que vimos al asumir, el ministro de Economía y quienes lo acompañamos, era que estábamos perdiendo 700 u 800 millones de dólares de reservas por mes, que encima eran ahorros que se dolarizaban en vez de ir a la inversión. Entonces había que crear confianza, de revertir esa tendencia a la salida de capitales y de disipar la incertidumbre cambiaria. Por eso nos parecían centrales los temas por resolver: la deuda con los acreedores que rechazaron el canje y la deuda con el Club de París. Eran dos temas que sumaban incertidumbre. Pero no lo hicimos para tomar créditos ahora; sólo para aclarar que si queríamos, podíamos llegar nuevamente a los mercados. Eso tenía que generar que el que estaba posicionado en dólares esperando el crac devaluatorio dejara de esperar eso. Que se diera cuenta de que el Estado podía manejar la cotización del dólar y que íbamos a volver a un escenario de negocios.

Hay que recordar lo que se decía en junio: que si perdía el Gobierno las elecciones, se venía el chavismo; que íbamos a una economía más regulada... Todo eso hubo que contrarrestarlo. Nosotros podemos sostener el consumo con planes de incentivo, pero necesitamos recrear la inversión, y eso se hace inyectando confianza.

–¿No se sobreactuó un poco ese intento de dar confianza? ¿No se terminó limitando la política económica a mandarles "señales" a los mercados sobre la deuda?

–Bueno, si se sobreactuó el tema de la confianza, tuvimos éxito. La realidad es que el dólar se planchó y tuvimos un reflujo importante de depósitos a los bancos. Eso era clave, había que recuperar el nivel de monetización, porque a la par que muchos se guardaban dólares, los pesos dejaban de circular. Pero además ésa fue sólo una arista de un programa económico.

–¿Qué más hizo Economía contra la crisis?

–La política económica tuvo más aristas. Nosotros siempre pensamos –y los que venimos del peronismo más– que con empleo y salario nos alcanzaba para distribuir el ingreso. Pero después se crearon núcleos duros de pobreza, que sólo se pueden atacar con medidas como la asignación universal por hijo. Y eso también es parte de un programa económico.

–Pero eso no lo hizo Economía.

–No importa. Generar la confianza era una tarea clave para el Gobierno. Era un gobierno que, si bien no había sido derrotado en la elección, había perdido un número de bancas. Y era un gobierno que estaba perdiendo reservas. Teníamos pronósticos que iban desde el default y el crac devaluatorio al regreso al déficit fiscal. Y a eso respondimos con la asignación por hijo, que es lo más ambicioso que se haya hecho en política social en los últimos años. Al mismo tiempo garantizamos su financiamiento. Me parece que para cinco meses de laburo, no es poco...

–Me refiero a que se adoptó una lógica similar a la de los años noventa: el Gobierno emite "señales" para que los mercados vean que hace buena letra, así le cobran menos por los créditos y se liberan recursos para las empresas... Un círculo virtuoso que nunca se concretó.

–A ver, el que invierte lo hace porque le van a comprar sus productos, acá o en el extranjero. Pero también lo hace porque tiene crédito disponible para hacerlo. Y nosotros teníamos que recuperar eso. Teníamos que demostrar que este modelo podía aguantar la crisis sin costo social. No como la convertibilidad, que se bancó el Tequila, pero con un salto del 50% del desempleo. Y si alguna empresa puede salir a buscar fondos en el exterior, que lo haga. ¿Por qué no?

–La Asociación Empresaria Argentina (AEA) sacó varios comunicados críticos por los cuales reclamó seguridad jurídica y las multinacionales estadounidenses le dijeron a Arturo Valenzuela (enviado del Departamento de Estado) que no invertían porque faltaban "reglas claras". ¿Por qué cree que los empresarios no respondieron a sus señales?

–Tenemos un problema con el empresariado, que está acostumbrado a anticiparse al ciclo despidiendo personal. No nos olvidemos que en 1975, en 1982, en 1990, en 1995 y en 2001-02 hicieron eso. Y esta vez no pudieron, porque los frenaron la regulación y los subsidios al empleo que dispuso el Estado. Por otro lado, todos se posicionaban en dólares esperando que viniera el crac devaluatorio. Así, con esos dólares se compraban más departamentos, más campos y más fábricas, que después de un crac siempre valen menos. Pero esta vez tampoco pudieron. Creo que los empresarios lamentan hoy que tienen que pagar un salario mínimo superior al promedio del Mercosur y que tienen que discutir en serio los temas de inversión.

–¿Cree que habrían querido despedir más gente?

–Totalmente. Un tipo como (el presidente de Fiat, Cristiano) Rattazzi, que se convirtió en importador en 1995 y en 2001-02, seguramente pensaba hacer lo mismo ahora. Por eso, los planes de incentivo al consumo estuvieron entre las mejores decisiones que tomó la Presidenta este año.

–¿Algunos no tuvieron un resultado mediocre, como el de autos, justamente?

–Los planes generaron expectativas favorables. Tuvieron la virtud de decir: "No vamos a dejar caer el ritmo de consumo", en una economía donde las expectativas siempre juegan. Y por eso ahora, con las fiestas, vuelven las compras de bienes durables, como las de autos.

–Volviendo al plano político, ¿cómo se puede relacionar el Gobierno con los empresarios que salen a ponerle límites, a exigirle medidas y a reagruparse para influir sobre la oposición y condicionarlos a ustedes?

–El sector empresarial tiene un tramado bastante complejo. Hay un sector de empresarios medianos y medianos-grandes que están pensando en expandirse y buscar nuevos mercados. Ahí hay que orientar las políticas públicas. Efectivamente hay un conjunto de empresarios que quieren empresas cada vez más concentradas y cada vez más chicas, y gobiernos afines. A ellos se suma el bloque sojero. Pero esos empresarios no son los que más invierten ni los que más empleos generaron. Con ellos estamos en discusión, porque defendemos modelos de acumulación diferentes. Ellos quieren el país flexible, el país de las crisis cada cinco años. Y esa lógica este año se rompió. Es la primera vez que un país como el nuestro se desendeuda sin ajustar a la gente, y eso lo hace en parte con recursos que salen de esos empresarios.

–¿No hay empresarios a quienes se beneficia en exceso, como las mineras que casi no pagan impuestos o los agentes de Bolsa y bonos, que están exentos de Ganancias y no contribuyen a que haya más crédito?

–El sector financiero quedó destrozado después de la crisis de 2001-02. Es cierto que ahora sobreactúa los niveles de liquidez y podría prestar más. Pero para eso tenemos que alinear las expectativas de inflación con las de devaluación y con la tasa de interés. Es lo que estamos tratando de hacer con el Banco Central.

–¿Para eso va a servir la nueva Ley de Bancos?

–Yo no sé. Por ahora no conozco ningún proyecto de Ley de Bancos.

–¿Pero hace falta cambiar la regulación actual o no?

–Yo no sé si hace falta una ley. Sé que hace falta una banca más especializada, más regionalizada y que se adapte a cada cliente. En la ley de Martínez de Hoz se apunta a una banca que puede hacer lo que quiera. Pero no sé si hace falta reformar la ley o si alcanza con las regulaciones del Banco Central. Necesitamos que el sistema financiero crezca.

–¿Para eso se les habilitó a los bancos el negocio de entrar en el nuevo canje de deuda con los bonos que habían comprado a precio de default? ¿Para que crezcan?

–El gran negocio de los bancos este año fue arbitrar entre la captura de depósitos y la colocación en instrumentos de absorción monetaria. A eso sumaron algunos títulos públicos. Pero el posicionamiento de los bancos en títulos públicos no es un dato nuevo, ni se limita a la Argentina. La discusión es otra.

–Pero, por un lado, el Gobierno habla de limitar el poder de los bancos, y, por otro, surgen como el sector económico más beneficiado del país desde que asumió Amado Boudou como ministro...

–No son beneficiarios. Es bueno para todos que suban los títulos públicos y que baje el riesgo país. No es bueno "defaultear", ¿eh? Es bueno que la gente crea que vamos a pagar la deuda y que no tema que no lo hagamos. Los bancos tenían bonos públicos y los bonos subieron. ¿Los vamos a castigar por eso?

–Quedaba pendiente el debate sobre los impuestos. ¿No se beneficia a la cúpula empresarial con el esquema actual?

–Hay que tener claro que la cúpula empresarial que aparece haciendo política, como la de AEA, no ha sido capaz de liderar un proceso de crecimiento en la Argentina en décadas. Que la credibilidad de esos tipos es parecida a la de los gurúes que vaticinaban el apocalipsis y se equivocaron. Porque no son la FIESP de San Pablo. Ellos no pudieron nunca ordenar un modelo de país, ni siquiera conservador, ni siquiera con una distribución del ingreso regresiva, que incluyera a los 40 millones de argentinos.

–¿Cree que esos empresarios están intentando plasmar ese orden conservador después de 2011?

–Les va a resultar difícil. La oposición no tiene un programa económico. Se queja porque el gasto público está llegando a niveles récord. Pero se queja porque no se está financiando ese gasto como ellos quisieran. Con deuda, con préstamos internacionales... Y después hay empresarios que quieren hacer plata fácil, que les dejen manejar sus empresas como quieren, y cada cinco años apropiarse de una renta extraordinaria en medio de una crisis. Y hay otro sector que es el agro, que pretende mantener un nivel de acumulación inédito. Nosotros sabemos que los valores récord de las commodities se van a sostener por diez años. Y la discusión es quiénes se apropian de esa renta. El Gobierno no ha permitido que se la apropien toda los grandes productores.

–¿En 2010 se recuperarán los empleos perdidos este año por la crisis?

–Con la recuperación que estamos viviendo y las asignaciones universales, prevemos superar un crecimiento del 4 por ciento. Y para fines de 2010 esperamos el 7,3% de desempleo contra el 9,1% de ahora.

"No pagaremos sobre el hambre de los argentinos"

–Si son tan importantes las reservas del Banco Central, ¿por qué las usan para pagar deuda?

–Primero, no es algo firme que se vayan a usar. Sólo mostramos que las tenemos y por eso las apartamos en el Fondo del Bicentenario. Pero además liberan recursos para otros gastos. Por primera vez, frente a una crisis internacional, en una Argentina que tenía vencimientos importantes de la deuda, hay un gobierno que no repite la frase célebre de Avellaneda. Aquella de "vamos a pagar la deuda aunque sea sobre el hambre y la sed de los argentinos".

–¿No es lo mismo que esa frase decir que se les paga a los bonistas con ese dinero pero que no se lo puede usar para atender emergencias sociales?

–No. Lo que hacemos es resolver un problema que nos llegó, que no decidió este gobierno, que es el default. Es deuda tomada por gobiernos constitucionales. Y esto hay que decirlo, porque si no resulta que siempre tenemos que ir un poco más allá, que siempre nos piden más de lo que logró cualquier gobierno.

–La mayoría de la deuda con el Club de París fue tomada durante la dictadura e igual quieren pagarla.

–Es cierto que la del Club de París es otra discusión. Pero esa negociación no está cerrada.

–¿Por qué no logran salir del laberinto del INDEC?

–Boudou tomó la decisión de jerarquizar el INDEC al ponerlo bajo su órbita. La apuesta es ganar más confianza en las estadísticas oficiales. Acabamos de publicar la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) y nadie pudo demostrar que sus datos no se corresponden con la realidad.

"Si hay que dejar subir el dólar, el Central lo hará"

–¿No hay riesgo de que, con el dólar quieto durante 2010, la inflación fuerce una revaluación del peso y deje de ser conveniente producir en el país?

–Esa discusión se da también en los países limítrofes. Hay riesgo de apreciación como pasa en todo el mundo, pero también el Central hoy tiene las herramientas suficientes como para evitarlo.

–¿Y quiere?

–¿Por qué no lo va a hacer, si lo hizo hasta ahora?

–Bueno, porque en el Central dicen que no convienen los saltos bruscos del dólar, por ejemplo.

–Es que nadie quiere saltos bruscos. Hay que ver cómo se actuó en el pasado inmediato para proyectar lo que viene. Frente a la crisis, el Central argentino dejó que se deslizara el dólar de a poco. No hizo como Brasil, que lo dejó fluctuar libremente. Creo que el manejo de la política cambiaria fue bastante acertado. Por eso no veo que sea imposible volver a dejar que se deslice si lo requiere la competitividad. Y no veo que el Central quiera volver a un esquema de retraso cambiario que perjudique al empleo y la industria.

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