La oposición en el laberinto de los escraches

Por Rodolfo Montes

La tapa de un diario porteño de ayer fue un aviso definitivo: "La dirigencia rural debería alejarse de manera explícita de los ataques a candidatos oficialistas que se vienen sucediendo en Santa Fe (Agustín Rossi) y en la provincia de Buenos Aires (Daniel Scioli)". Ya se dijo desde esta columna hace cuatro meses —cuando atacaron al Chivo Rossi en Laguna Paiva—, las acciones de los grupos ruralistas van reduciendo el número de participantes a la vez que profundizan su violencia. En plena puja electoral, y de manera tardía, la oposición cae en la cuenta de que los escraches restan más de lo que suman.

La dirigencia opositora empezó a reconocer el fenómeno, y dejó de celebrar —al menos públicamente— las caídas en desgracia de sus competidores políticos. Sin embargo, no sólo la dirigencia de la Sociedad Rural (acostumbrada a aplaudir a dictadores fascistas) en la persona de Hugo Biolcati, cae en la tentación de apenas criticar los ataques para luego decir "sucede que la gente está muy enojada".

   La funcionaria del gobierno socialista de Santa Fe y referente del grupo rural Pampa Sur, María del Carmen Alarcón, desoyó el pedido del gran diario amigo del campo y disparó ayer en un comunicado: "Sin avalar ningún acto de agresión, debemos recordar que el clima de violencia en nuestro país, permanentemente y desde hace tiempo viene instálandose desde el propio seno del gobierno nacional". Y luego culmina con una sita a un pensador pre moderno, que no figura en ninguna bibliografía socialista, como San Agustín (y no por Agustín Rossi): "No hay paz sin justicia".

   Para "el comandante en jefe" Biolcati —como ironizó ayer el jefe de Gabinete de Daniel Scioli—, en cambio, es el momento de declarar "la suspensión de las hostilidades". Porque, según parece, los ataques no suman votos, y "le dan la posibilidad al kirchnerismo de victimizarse", pergeñó Elisa Carrió en una aparición televisiva. Fue pocos minutos antes de sugerirle al santafesino Rossi "que deje de llorar por lo medios".

   Al universo opositor al kircknerismo —socialistas santafesinos, pan radicales y peronistas disidentes— que se habían sumado fervorosamente en 2008 a los piquetes rurales no les está resultando sencillo despegarse del sector violento de los ruralistas que tantas satisfacciones les dió en el año del voto "no positivo".

   La gesta chacarera en las rutas en 2008 tuvo un contenido de violencia igual o peor a la que en la actualidad continúan padeciendo algunos dirigentes del kirchnerismo. En general, aquella violencia no recayó sobre candidatos puntuales, sino sobre el conjunto de la sociedad, aunque una buena parte de ella celebró su propia condena. Muchos dirigentes pusieron su cuerpo y sus zapatos sobre el asfalto —entre otros, muchos intendentes, incluido Miguel Lifschitz— para sumar volumen político a los cortes de ruta que provocaron un fuerte encarecimiento en el precio de los alimentos básicos en la Argentina.

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