La oposición exhibió sus coincidencias en una cena con escasa presencia K

Estuvieron Michetti, Cobos, Binner, Solá y De Narváez junto a empresarios y jueces de la Corte Suprema.
Felipe Solá empujando con cuidado la silla de ruedas de Gabriela Michetti, Francisco De Narváez obligando a Ramón Puerta a soltar los cubiertos para poder darle un abrazo, el vicepresidente Julio Cobos a punto de subir a la tarima para pedir la refundación de la democracia. Fueron algunas de las imágenes que habrían hecho trinar los humores del universo kirchnerista, casi ausente en una de las citas del poder más concurridas del año. Y ocurrió: la oposición formal y la que asoma, coparon la parada.

La cena anual del CIPPEC, el lunes a la noche en el Sheraton de Retiro, confirmó distancias y cercanías, también ruidos de cambio. Empresarios, gobernadores, candidatos y jueces empuñaron la sospecha de una era en retroceso con discursos y voces bajas en las mesas de cordero y vino tinto. Se esperaba la presencia del jefe de Gabinete, Sergio Massa, y la de Daniel Scioli, pero a último momento dejaron la mesa vacía. El único ministro del Gobierno fue Juan Carlos Tedesco, de Educación, pero llegó temprano y se fue sin probar ni un canapé. Es posible que los oficialistas --apenas presentes en funcionarios de segunda línea-- hayan sido precavidos. De haber estado, habrían visto y oído demasiadas caras extrañas. A Mario Das Neves, ex aliado, criticando a Graciela Ocaña por el dengue. A Hermes Binner (cada vez más suelto en estas lides) pidiendo la creación de un nuevo Estado. A Michetti (de bello trajecito blanco) clamando por volver a creer y siendo el centro de las miradas.

Una de las mesas más buscadas fue la del ministro de la Corte, Ricardo Lorenzetti, sentado junto a León Arslanián, quien desmentía con su tradicional euforia las versiones sobre su supuesto ingreso al gabinete de Cristina Kirchner. "Todo mentira", decía Arslanián, antes de ir a abrazar a Solá y decirle algo al oído, que no pocos adivinaron un reproche por su alianza con el PRO.

De Narváez llegó tarde al hotel (venía de la tele) e ingresó como adolescente en infracción pidiendo disculpas con la cabeza. Pero al minuto ya estaba de mesa en mesa dando manos y besos, orgulloso y altivo por encabezar la lista de candidatos del peronismo disidente en la Provincia. En su rodaje se detuvo un buen rato con Puerta (ya se ha dicho) pero también con Cobos, quien departía en su estado casi levitativo junto al zar de la soja, Gustavo Grobocopatel, uno de los pocos que estuvo acompañado por su mujer, a quien, muy tierno, no le soltó la mano en toda la noche. Fue, hay que decirlo, de los pocos empresarios que se animó a las mesas centrales. Más alejados estuvieron Marcelo Mindlin (del Grupo Dolphin), Enrique Garrido (Telecom) y Silvio Schlosser (Fundación YPF).

Se habló de todo. De la salud de Alfonsín (daba explicaciones Ricardo Gil Lavedra), el retorno de Charly García (en todos los rincones), el faltazo del kirchnerismo (la gente del CIPPEC) y las encuestas a favor de De Narváez que todos decían haber visto pero pocos aseguraban confiables. En las mesas judiciales el más nombrado fue Manuel Garrido, recién renunciado de la Fiscalía de Investigaciones Administrativas. Cerca del Auditor general de la Nación, Leandro Despouy, Garrido se mostró contento, aunque lamentaba no tener tarjetitas personales para presentarse en su nuevo rol: a partir de hoy será director de los programas de Transparencia y Justicia del CIPPEC, de donde lo llamaron apenas supieron que ya no soportaba las presiones del procurador Esteban Righi, otro que faltó.

El CIPPEC se volvió a confirmar como una de las ONG más influyentes del poder, de las pocas capaces de reunir a tantos protagonistas a pesar de su espíritu hacia la proliferación de nuevas políticas públicas, lo que a veces, claro, molesta a la dirigencia. Pero estar es, para muchos, pertenecer. Y en tiempos de inquietud política y económica, sacaron pecho los que esperan su oportunidad.

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